Bel Busquets, de activista política a vicepresidenta balear

La hasta ahora diputada ecosoberanista despierta recelos tanto entre la oposición como entre sus propios socios en el Ejecutivo autonómico

Palma de MallorcaActualizado:

La nueva vicepresidenta y consejera de Turismo del Gobierno balear, la ecosoberanista de MÉS por Mallorca Bel Busquets (Palma, 1973), ha tomado posesión de ambos cargos este lunes al mediodía, en sustitución del dimitido Biel Barceló. Y lo ha hecho sin despertar excesivos entusiasmos, no sólo como era de esperar en los partidos de la oposición —PP, PI y Cs—, sino también en el PSOE y sobre todo en la presidenta de la Comunidad, la socialista Francina Armengol. En esa falta de alborozo generalizado se podría incluir también a Podemos, que da un apoyo sólo externo al Govern.

Como suele ser habitual en la mayoría de cargos electos de MÉS desde hace años, Busquets ha tomado posesión del cargo de consejera prometiendo lealtad al Rey y a la Constitución «por imperativo legal, sin renunciar al derecho de los pueblos de las islas a decidir su futuro libremente». Ese supuesto «derecho» ya tendría incluso una posible fecha, el año 2030, momento en el que según los ecosoberanistas debería convocarse un referéndum por la independencia en Mallorca. Se desconoce por ahora qué pasaría entonces con Menorca, Ibiza y Formentera.

Licenciada en Filología Catalana y profesora de la escuela Mata de Jonc de Palma, de la que también fue directora, Busquets había destacado años atrás por su activismo político en contra del modelo de educación trilingüe que quería implantar el PP en la pasada legislatura. Firme defensora de la enseñanza en catalán, se opuso con determinación al Tratamiento Integrado de Lenguas (TIL), el controvertido decreto impulsado por el entonces presidente autonómico, el popular José Ramón Bauzá, para intentar acabar con la inmersión lingüística en los centros educativos de la Comunidad. En ese sentido, se entienden bien los recelos del PP y de Cs hacia el reciente nombramiento de Busquets como nueva «número dos» del Ejecutivo regional.

Por lo que respecta a su actividad política en la presente legislatura, como coordinadora de MÉS por Mallorca y como coportavoz de la formación ecosoberanista en el Parlamento balear, podría decirse que si en algo ha destacado Busquets, no ha sido, precisamente, en moderación y en mesura ideológica. Así, por ejemplo, a lo largo de los últimos meses fueron constantes y explícitas sus muestras de apoyo al referéndum ilegal del 1 de octubre en Cataluña. Además, cada actuación del Gobierno central contra dicho referéndum o contra la proclamación de la república catalana eran calificadas invariablemente por Busquets como «golpe de Estado». Ni siquiera el PDeCAT, ERC o la CUP llegaron en algunos momentos tan lejos como Busquets en sus críticas. En ese sentido, se entienden bien los recelos de los socialistas isleños hacia determinadas posiciones soberanistas de Busquets.

A las prevenciones iniciales del PP y de Cs, por una parte, y a las del PSOE por otra, hay que añadir una tercera, compartida por todos, que es la circunstancia de que Busquets no tenga ninguna experiencia previa en el sector turístico, principal motor de la economía balear. Ese factor ha sido sin duda decisivo para que el proceso de entrada de Busquets en el Ejecutivo haya sido más propio de un «culebrón», de no excesiva calidad, por cierto, que de la confianza previa que debería de existir siempre entre socialistas y ecosoberanistas como recurrentes aliados políticos.

El «culebrón» del nombramiento

Todo empezó el pasado miércoles, cuando el hasta entonces vicepresidente y consejero de Turismo, el ecosoberanista Biel Barceló, dimitió de ambos cargos tras las críticas recibidas por su reciente viaje gratis total a la República Dominicana. Un día después, la cúpula de MÉS por Mallorca decidió proponer a Busquets para sustituir a Barceló, opción que inicialmente no era del agrado de Armengol por su perfil poco técnico. Desde el entorno de la presidenta se había dejado entrever que se prefería a la actual consejera de Servicios Sociales, Fina Santiago, como nueva «número dos» del Ejecutivo regional, mientras que para la Consejería de Turismo se deseaba a una persona con un buen conocimiento previo del sector.

A favor de la posible elección de Santiago jugaba el hecho de que es miembro de MÉS por Mallorca y de que cuenta además con una muy buena imagen política, incluso entre los partidos de la oposición. Sin embargo, Santiago no contaba con el apoyo del «núcleo duro» de la formación ecosoberanista, conformado por varios dirigentes del Partido Socialista de Mallorca (PSM). Cabe recordar que MÉS por Mallorca nació de la confluencia del PSM y de Iniciativa Verdes, escisión de Izquierda Unida de la que procede Santiago. Busquets, por su parte, carece de ese «pecado original», pues siempre militó en el PSM y desde el pasado año es además la secretaria general del partido.

En ese contexto, los ecosoberanistas criticaron ya el viernes por la mañana que su única candidata para sustituir a Barceló no hubiera sido aceptada inmediatamente por Armengol. Horas después, ese mismo día por la tarde, tuvo lugar una reunión entre sendas delegaciones de MÉS por Mallorca y del PSOE para intentar cerrar un acuerdo. Dicho encuentro acabó sin resultados. En la mañana del sábado volvió a haber una reunión entre ambas delegaciones, tras la cual se dio a entender que se había llegado ya a un principio de acuerdo. Así lo corroboró ayer la presidenta en el Consulado del Mar, sede del Govern, con una intervención que pareció situarse a medio camino entre una alegría contenida y un cierto pesar.

Armengol afirmó ante los medios que ahora quiere, sobre todo, poner en valor la «estabilidad» del Ejecutivo para continuar con «la hoja de ruta pactada» y proseguir con «los compromisos de políticas en beneficio de la ciudadanía y hacerlo de la mejor manera posible». Tal vez era un elogio dirigido a Busquets, pero sonó más bien a justo lo contrario. Con todos esos antecedentes, quizás la primera misión de Busquets será la de intentar demostrar que los citados recelos previos, mostrados por parte de casi todos, no estaban justificados. O al menos no del todo.