El bipartidismo aventaja a Rivera y a Iglesias

La recuperación de mayorías absolutas del PSOE acelerará relevos en Podemos e Iglesias no podrá imponer el Gobierno a Sánchez

Manuel Marín
MadridActualizado:

Madrid retrata el «síndrome Poulidor» de Rivera y apuntala a Casado, cuya derrota afianza paradójicamente su liderazgo. Estas son las claves:

Castigo a la radicalidad para reflotar al bipartidismo

En las municipales el PSOE ha obtenido casi 6.700.000 votos, el PP ha sobrepasado los cinco millones y Ciudadanos ha sufrido un frenazo inesperado con 1.875.692 votantes. Es cierto que la mayoría del PSOE es amplia y que reafirma con creces el triunfo de Pedro Sánchez el 28-A en las generales. Pero también lo es que el ciudadano español vuelve a apostar por la moderación como factor de triunfo político. Vox obtuvo en abril 2,6 millones de votantes, y anteanoche 659.701. Aunque será decisivo en autonomías como Madrid, el desfondamiento es tan evidente como su escasa implantación municipal y regional. Se ha producido un «voto arrepentido» que ha retornado al PP –obtiene en toda España medio millón de votos más para insuflar oxígeno a Pablo Casado y disipar dudas sobre su liderazgo-, y de algún modo pone coto a la «moda Vox», que sociológicamente apunta a ser pasajera.

En la extrema izquierda, los 363.971 votos de Unidas Podemos reafirman que ha pasado el tiempo de la radicalidad como reclamo indignado frente al bipartidismo clásico. Se hunde por su falta de credibilidad, sus purgas internas, y por el castigo a una pésima gestión municipal en la mayoría de Ayuntamientos que conquistaron hace cuatro años. Sánchez ha tardado dos años en absorber a Podemos, y Pablo Iglesias ya conoce la magnitud de su error al convertirse en la sombra de Sánchez renunciando a los orígenes de Podemos. Su liderazgo será necesariamente puesto en cuestión, y su desaparición en la noche electoral fue tan elocuente como la bronca interna en el reparto de culpas. El bipartidismo ha iniciado una senda hacia la reconstrucción anímica en una España que aleja el extremismo populista como consuelo resignado a sus frustraciones.

Ciudadanos, «al rincón de pensar» tras resurgir las mayorías absolutas

No hay proceso electoral en el que Ciudadanos deje de sumar. Pero si su objetivo era sobrepasar al PP en la «segunda vuelta» de las generales, gobernar como partido más votado alguna autonomía, y dejar de condicionar gobiernos y consistorios para liderarlos, su fracaso es evidente. Ciudadanos obtiene cerca de 2.300 concejales en toda España. Una suma relevante muy por encima de los datos de hace cuatro años. Pero frente a los 25.000 concejales del PSOE y a los casi 23.000 del PP, Ciudadanos –desolado en Cataluña- difícilmente puede presentarse como el partido líder de la oposición a Pedro Sánchez. Rivera no esperaba un manguerazo de agua gélida. No cumple objetivos. Siempre crece, y nunca llega, aquejado del «síndrome Poulidor». Este dato podrá abrir una nueva perspectiva de reflexión para el futuro de PP y Ciudadanos, al hilo del éxito de la «fórmula navarra».

El resurgimiento de mayorías absolutas socialistas atribuidas a la desbandada en Podemos –Extremadura, Castilla-La Mancha y de facto muchos ayuntamientos relevantes- puede abocar a Pablo Casado y a Albert Rivera a repensar coaliciones y estrategias futuras para dejar de anularse entre sí. El único beneficiado el Sánchez, y el hecho de que PP y Ciudadanos no consigan una sola alcaldía en Cataluña y el País Vasco demuestra que en esos territorios concurrir por separado a las urnas es una garantía de derrota apabullante.

El independentismo, en su burbuja

El separatismo catalán y el nacionalismo vasco han logrado unos resultados deslumbrantes. Su iconografía política no decrece, su capacidad de movilización es inasequible al desánimo, reformula su victimismo siempre con éxito, y su grado de convicción en sus posibilidades para desafiar al Estado resulta pétreo. El independentismo está internamente fracturado, pero no le penaliza. Muy al contrario, le expande. El suicidio asistido al que se está sometiendo Podemos ha ayudado al extremismo separatista catalán en la lista europea y en muchos ayuntamientos relevantes de Cataluña. Y Oriol Junqueras, con su euroescaño, dificultará la vida al Tribunal Supremo.

La paradoja: se complica la gobernabilidad de Sánchez

El triunfo del PSOE ha sido incontestable, pero sus dirigentes no ocultan un cierto poso de amargura. Las apuestas personales de Sánchez en Madrid, Ángel Gabilondo y Pepu Hernández, han resultado fallidas. Y en el segundo caso, además, calamitosa. La «foto de Colón» triunfa en Madrid como experimento reactivo frente al triunfo de Sánchez en las generales. Sánchez esta vez ha sido penalizado en Madrid y enfría la euforia socialista, al punto de que el PSM deberá comenzar esta legislatura un proceso paulatino de sustitución de liderazgos. Por eso, en la misma noche electoral el PSOE hizo un llamamiento-trampa a Ciudadanos: marginar a Vox –de nuevo los cordones sanitarios- a cambio de repartos en las cuatro autonomías que Albert Rivera va a condicionar.

Así, Sánchez sitúa a Ciudadanos ante una compleja disyuntiva porque el «no es no» de Rivera al candidato del PSOE en su investidura sigue vigente. Las autonomías se manejan con códigos muy distintos a los utilizados en el Congreso. Pero la credibilidad de Rivera estaría en riesgo en entredicho si facilita gobiernos regionales al PSOE. A Sánchez no se le complica la investidura, pero sí la gobernabilidad: por un lado, porque prefería alcanzar acuerdos con Ciudadanos para no depender del separatismo y ahogar a Podemos. Por otro lado, porque el separatismo gana peso específico. Iglesias ha perdido influencia en la conformación del Ejecutivo, ha visto reducidas sus opciones de exigir al PSOE Ministerios relevantes, y queda ahora como un dócil escudero que deberá contentarse con lo que Sánchez le ofrezca. Se acerca la opción de un Gobierno socialista en solitario.

Casado frustra a Rivera su «liderazgo de oposición»

Al límite de la supervivencia, Pablo Casado ha conseguido envainar las dagas que se cernían sobre él. Desde anteanoche, dispone de crédito para rearmar anímicamente a su partido, construir lealtades que nunca tuvo y, sobre todo, ejercer como líder de la oposición. Ciudadanos superó al PP en Madrid y Andalucía en las generales. Ahora se ha invertido para desesperación de Rivera, que solo podrá ejercer como líder de la oposición a Sánchez desde la sobreactuación. Por eso impondrá al PP duras condiciones para que Casado mantenga Castilla y León, Murcia, Madrid… o recupere Aragón. ¿A cambio de Madrid capital? Es una alternativa que el PP teme.

Manuel MarínManuel MarínAdjunto al DirectorManuel Marín