Ricardo Guerra se vuelve para identificar a uno de sus compañeros  Uno de los acusados (a la izquierda) sale de la Audiencia junto a su abogado

«Bastión es sólo una pancarta»

Ayer, 7 años después de los hechos, comenzó al fin el «segundo tiempo» del proceso judicial por los sucesos que acabaron con la muerte del seguidor de la Real Sociedad Aitor Zabaleta cuando iba a asistir en el Calderón a un partido de su equipo

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TEXTO: PABLO MUÑOZ FOTOS: CHEMA BARROSO

MADRID. El crimen de Aitor Zabaleta a las puertas del Vicente Calderón, que el 8 de diciembre de 1998 conmocionó a España, tiene un autor material, Ricardo Guerra, condenado a 17 años de cárcel en sentencia firme. Sin embargo, después de todo este tiempo aún quedaban sin ser juzgados todos los hechos que lo rodearon, y en especial el brutal ataque sufrido también por los seguidores de la Real Sociedad que acompañaban ese día al joven asesinado y que fue perpetrado, según las acusaciones, por los once jóvenes que se sentaron ayer en el banquillo de la Audiencia de Madrid, entre ellos el propio Guerra. Pero los jueces no sólo deberán dilucidar si participaron o no en los hechos; también tendrán que pronunciarse sobre si formaban parte del grupo ultra «Bastión 1903», una sección especialmente peligrosa del «Frente Atlético», en cuyo caso ya podrían ser declarados culpables de asociación ilícita. Sería la primera vez que uno de los grupúsculos radicales que campan a sus anchas por los estadios de fútbol es condenado por este delito, lo que según distintos expertos ayudaría en gran medida a acabar con ellos.

En la sala de vistas se dispusieron dos filas de acusados. Algunos iban con ropas deportivas; otros, en concreto cinco, prefirieron el traje de tonos oscuros y la corbata, dando una imagen muy alejada de la estética «skin» y próxima a lo que en esos ambientes se denonima ir «de casual». De los llamados a declarar ayer, el primero de ellos, Juan Ignacio Calderón Serrano, «Nacho el Loco», se negó a responder a pregunta alguna. Él fue el primero en ser detenido en la zona por la Policía aquel día, y dio entonces nombres de algunos que le acompañaban, entre ellos el de Carlos Alfonso de Bedoya Flores, «Carl», también en el banquillo.

«Mejor no tratar con él»

Precisamente fue este joven quien fue interrogado inmediatamente después de la renuncia de «Nacho el Loco». Negó haber ido ese día al fútbol y dejó muy claro que no le había gustado que éste lo situara en la escena de los hechos: «Desde entonces no he querido hablar con él, ni verlo, me puse de muy mal humor y era mejor no tratar con él». Además, aportó su coartada, que también afecta a otro de los imputados: «Esa tarde y hasta las diez de la noche estuve con mi novia e Israel (Canabal Fernández) en un centro comercial de Leganés comprando un chaquetón de cuero». Y dio pelos y señales de los testigos que confirmarían su versión. Por supuesto, dijo no conocer qué es «Bastión» y negó su pertenencia al «Frente Atlético», aunque cuando iba al fútbol -«dejé de ir dos o tres años antes de los hechos»- se colocaba en el Fondo Sur, por lo que conocía «de vista» a algunos de sus compañeros de banquillo. Eso sí, viajó a San Sebastián con los ultras del Atlético 15 días antes de los hechos (el 24 de noviembre) para asistir al partido de ida de la Copa del Rey entre este equipo y la Real Sociedad. «Quería conocer esa bonita ciudad y el viaje era barato», se justifica. En su casa se le intervinieron efectos con símbolos neonazis y ha sido detenido en alguna ocasión con anterioridad, aunque ayer no recordaba demasiados detalles sobre ellas.

Ignacio Racionero, «Nachito» para sus amigos, en la actualidad en prisión por otra causa y compañero de correrías desde hace muchos años de Ricardo Guerra, fue el siguiente en declarar. Arrogante, trató de exculpar a todos aquellos por los que fue preguntado, incluido a su amigo, con quien fue esa tarde al estadio junto a Iván Martín Ron, el joven que en cuatro interrogatorios acusó a Guerra del crimen y al final se desdijo de todo.

Como el resto, aseguró que «Bastión es sólo una pancarta», afirmó no pertenecer al «Frente Atlético», no saber qué es «TNT» o «Nueva Guardia» y naturalmente negó haber golpeado a seguidores donostiarras. Pero cometió un desliz. Tras calificar de extraña la presencia de hinchas de la Real junto a un bar frecuentado por ultras y donde se produjeron las agresiones, lo que achacó a un fallo policial, descartó que los ataques hubiesen estado planeados, precisamente por lo anómalo de la presencia en ese punto de los forasteros. Pero añadió: «Si hubiéramos querido agredirlos les hubiéramos agredido mucho más de lo que pasó». De Miguel Ángel Marcos, el «Tocho», también procesado y considerado fundador de «Bastión», Racionero dijo que «no es violento y sí una bellísima persona».

«Rifirrafe dialéctico»

Pero sin duda el momento estelar de la mañana estaba reservado a la declaración de un Ricardo Guerra que presentaba un aspecto algo más delgado que en el juicio anterior, una alopecia incipiente y la misma altanería que la otra vez, hasta el punto de que la presidenta de la Sala le reconvino en un par de ocasiones. El condenado por la muerte de Aitor Zabaleta relató todos sus pasos de aquel 8 de diciembre de 1998, en los que se vio, además de con Racionero y Martín Ron, con «el Tocho» y otros jóvenes del mismo grupo. En la Plaza Mayor, tuvieron un «rifirrafe dialéctico» con seguidores de la Real, que relató así: «Nos llamaron «txacurras» y nosotros respondimos a los insultos... No hubo más porque se «cag...» vivos y se fueron corriendo».

Como su amigo Ignacio Racionero, aseguró no haber golpeado a ningún seguidor donostiarra, «aunque estuve en el tumulto. En realidad me arrollaron, yo sólo empuje». Afirmó que «era insólita la presencia de esa gente en ese punto concreto del Estadio. Vociferaban, y con esa actitud era impensable que no hubiera represalias». Explicó los sucesos como algo «espontáneo y provocado por los seguidores de la Real Sociedad». Como es lógico, negó pertenecer a grupo alguno -«era conocido en el Frente y en muchos sitios»- y reiteró que lo de «Bastión» era sólo una pancarta: «Creo que la hizo el señor Marcos (por «el Tocho») tres o cuatro meses antes y le dije que era muy bonita», precisó. El tribunal, en su día, será quien lo confirme o lo desmienta.