El aumento de la presencia de Mossos no ha evitado el repunte de la inseguridad/ El conseller de Interior niega que exista una crisis de seguridad en Barcelona - Pep Dalmau/ ATLAS

La Barcelona más humilde, al límite por la delincuencia

ABC acompaña a los vecinos del Maresme y el Besós, acosados por narcos y ladrones

BarcelonaActualizado:

Los barrios del Besós y el Maresme de Barcelona son el sumidero en el que todos los problemas de la capital catalana y su área metropolitana acaban desaguando. Cansados de vivir rodeados de delincuentes, drogadictos, camellos y okupas, los vecinos de la zona se están echando a la calle cada noche para reclamar cosas tan básicas como la retirada de las jeringuillas que los heroinómanos dejan en los parques infantiles o un despliegue policial estable que ponga coto a los atracos, peleas y asaltos a viviendas que vienen sufriendo desde hace meses. No son el único barrio en pie de guerra que suma un problema más en la agenda de la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau. El cierre de los narcopisos en el centro de la ciudad -barrio del Raval- ha hecho que aumente la presión en esta zona periférica, tradicionalmente castigada, y colindante con el más conocido, por los mismos motivos, barrio de La Mina (Sant Adrià del Besòs).

Las marchas, convocadas de forma casi espontánea y organizadas por vecinos hasta ahora alejados de cualquier tipo de activismo, reúnen sobre todo a jóvenes y mujeres. Su poder de convocatoria no ha parado de crecer en los últimos días, impulsado por la sucesión de robos, atracos, peleas y agresiones que sufren, a plena luz del día, los habitantes de la zona. «El primer día éramos diez, una semana después ya somos más de 200», explica a ABC uno de los manifestantes mientras aporrea la olla que porta sobre sus manos.

La protesta pasa por algunas de las zonas más apartadas del barrio, donde decenas de inmigrantes, principalmente paquistaníes y subsaharianos, viven hacinados. Se les ve tras las ventanas protegidas por barrotes en las plantas bajas. «Todo esto son casas ocupadas por manteros, en un piso pueden vivir decenas de personas con su mercancía. El día que haya un incendio aquí esto va a ser una tragedia», lamenta Antonio, otro vecino de la zona.

«Pedimos que doten a la Policía de lo que necesite. Este es un barrio muy inseguro, las niñas no quieren salir solas a la calle… Es insostenible. Hay ratas, cucarachas. Si nos quedamos en casa, perdemos el barrio. Pagamos impuestos como cualquier ciudadano y no merecemos estas condiciones», explica a este diario Mercedes Rus, organizadora de las manifestaciones. Rus lamenta que las redadas policiales realizadas recientemente en otras partes de Barcelona, como el Raval, han provocado que traficantes, delincuentes y adictos se desplacen hasta las calles de su barrio, periférico y alejado de los turistas. « Hay un espiral de violencia generalizada en toda la ciudad. Es horroroso», advierte.

Según las últimas cifras del Ayuntamiento de Barcelona, la renta familiar media de esta zona es de un 40% inferior a la media de la capital catalana. No obstante, los problemas más graves de la zona no quedan plasmados en ninguna estadística oficial. Como ha podido constatar ABC, aquí se congregan buena parte de los heroinómanos de la ciudad, que se desplazan hasta el cercano barrio de La Mina para comprar su dosis. Acto seguido, la consumen a plena luz del día en cualquier lado del barrio. Las jeringuillas están por todas partes. Además, el diseño de los bloques, con amplias galerías y cobertizos, favorece la proliferación de campamentos de toxicómanos entre plazas, parques y portales y hasta en las mismas puertas de colegios y supermercados. «Parecen auténticos zombies», relata una vecina tras reconocer que sus hijos estudian y hasta van a jugar fuera del barrio para evitar ponerse en riesgo.

En muchas ocasiones, los toxicómanos llegan heridos y enfermos al barrio y se les puede ver vagando por la calle es un estado deplorable, pinchándose entre los dedos de los pies en un portal o haciendo sus necesidades mientras comen y sin siquiera levantarse. Tampoco es extraño verles intentando vender latas de conserva o botellas de alcohol de marca acabadas de robar a quienes beben en alguna de las muchas terrazas de la zona. «Estamos hartos de tener que defender a nuestros hijos y nuestros mayores», cuenta Vicky tras la marcha.

«El Vaquilla»

Otra vecina recuerda los problemas de limpieza de la zona. «Cuando bajamos con los niños al parque, antes pasamos lo que nosotros llamamos la “brigada mami” a retirar jeringuillas y restos de droga con un clinex», lamenta Carolina Pérez. «Esto es una ciudad sin ley. Estamos mucho peor que en los años de “El Vaquilla”», añade invocando el recuerdo, muy presente en el barrio, de Juan José Moreno Cuenca, uno de los delincuentes más conocidos y carismáticos de Barcelona en los años 80, famoso por simbolizar la generación devorada por la heroína. No obstante, los vecinos reconocen que en los últimos días la presencia de guardia urbana y empleados de limpieza ha aumentado, aunque temen que sea un gesto puntual.

En las últimas semanas, los vecinos denuncian haber presenciado hasta tres muertes en las calles del Besós y el Maresme. Ante tal espiral de violencia, quienes habitan este humilde barrio (construido para recolocar los asentamientos de chabolas que proliferaron en Barcelona a mitad del siglo pasado) se autodefienden. Ricardo muestra la porra extensible que lleva consigo desde hace semanas en su riñonera. «Espero no tener que usarla, pero tampoco me temblará el pulso», relata. Su vecina Elizabeth va acompañada de un bote de gas pimienta desde hace días.

Además, ha proliferado en el barrio el uso de una aplicación para el teléfono (Safe365) que permite geolocalizar a todos los miembros de la familia y fijar su posición en un mapa que se actualiza automáticamente. «Así no se puede vivir», lamentan los vecinos unánimemente.