Isabel Díaz Ayuso, investida ayer presidenta de la Comunidad de Madrid - José Ramón Ladra / En vídeo: El momento en que Ayuso se convierte en presidenta de la Comunidad de Madrid

Ayuso, presidenta tras librar una dura batalla dialéctica con la izquierda

PP y Cs inician, con apoyo de Vox, la nueva era de la política del consenso

MadridActualizado:

Un Gobierno «de continuidad y cambio» es el que regirá los destinos de la Comunidad de Madrid a partir de hoy. Lo presidirá Isabel Díaz Ayuso (PP), convertida en la tarde de ayer en la octava jefa del Ejecutivo autonómico madrileño con los 68 votos de PP, Cs y Vox. Una amplia mayoría que ahora tendrá que trabajar «partido a partido»: por primera vez, la Comunidad, motor económico de España, va a estar dirigida por un gobierno de coalición —PP-Cs— que necesitará, para aprobar leyes o los presupuestos, de los apoyos de Vox. Díaz Ayuso y su socio en el gobierno Ignacio Aguado (Cs) inauguran así en Madrid la nueva era política del consenso.

En una maratoniana sesión de investidura, celebrada de forma atípica en plena canícula agosteña, los grupos parlamentarios debatieron fieramente durante cerca de ocho horas. Y si algo quedó claro es que hay dos bloques ideológicos muy definidos: el que forman los partidos que han apoyado a Ayuso; el otro lo componen PSOE, Más Madrid y Unidas Podemos.

El primero será el que, encabezado por Ayuso, lidere el Gobierno de una autonomía que maneja un presupuesto de 20.000 millones de euros y es la de mayor crecimiento económico y pionera en muchos aspectos. Ayuso defendió su proyecto con «la libertad como eje vertebrador», pero, a diferencia de la primera jornada, tuvo que sacar su garra para defenderse de los ataques del bloque de izquierdas.

Las críticas a Ayuso y su proyecto comenzaron de buena mañana: a las diez, con la primera intervención, que le correspondía a Unidas Podemos. Al tratarse de un partido formado por la alianza de Podemos, IU y Madrid en Pie, se repartieron los 30 minutos entre las dos portavoces: Isa Serra y Sol Sánchez. Ambas, igualmente críticas con Ayuso y con la gestión popular. «Si alguien ganó el 26-M fue Esperanza Aguirre», aseguraba la primera, mientras la segunda acusaba al PP de ser «campeones en los juzgados».

Despierta, serena y segura, Ayuso aprovechó el turno de réplica para arremeter contra la patrimonialización del concepto de feminismo por parte de la izquierda. «Para ustedes hay dos tipos de mujeres: las buenas y las malas, las que son de la izquierda y las que se permiten no serlo», respondió Serra. La presidenta electa considera que la izquierda está «resentida» por haber «rozado» el Gobierno de la Comunidad. Aunque lo que con más dureza les reprochó es el haber orquestado contra ella una campaña «machista y repugnante» y metiendo «por medio» a su familia y a su padre.

Pero sin duda el enfrentamiento más crudo fue el mantenido entre Ayuso y Errejón. Claro que las andanadas del portavoz de Más Madrid no se dirigieron únicamente a la popular, sino también a su socio de gobierno y futuro vicepresidente, Ignacio Aguado, por su «tremendo error» al dar su apoyo a este ejecutivo de coalición, que también necesitó de los votos de Vox.

Ángel Gabilondo, el líder del PSOE y el que más votos consiguió en las últimas elecciones, tampoco dio su apoyo a Ayuso, y además se lo razonó en un discurso que fue ganando en intensidad y terminó, en su contrarréplica, en una apasionada defensa de la democracia y la ética en la vida política, muy aplaudida desde sus filas. «Peligra la sociedad del bienestar cuando se unen liberales y conservadores para agradar a la derecha más extrema. Ese es el horizonte caduco de este pacto», arremetió el socialista.

Equilibrio delicado

Ayuso también se esforzó en demostrar ayer que, además del color blanco con el que Rocío Monasterio y ella vinieron ataviadas, les «unen más cosas» que les «separan» con la líder de Vox en la Asamblea. En un tono más sosegado, Ayuso trató de mantener los delicados equilibrios que encajan las pretensiones de Cs y Vox en un mismo discurso. «Sabemos que esto no es un cheque en blanco, que tenemos que seguir estudiando esas diferencias que tenemos, pero que son menores que las que nos unen», concedió.

Poco antes, Monasterio había advertido que su compromiso con PP y Cs finalizaría tras la votación. Vox aseguró que el futuro gobierno de coalición tendrá que renunciar a algunas de las 155 medidas acordadas con las que ellos difieren o, en caso contrario, deberán buscar aliados en la izquierda. «Nos hablan de igualdad y proponen que alquilen nuestros vientres. Es fantástico», ironizó Monasterio sobre la gestación subrogada que defiende Cs. Precisamente, al partido naranja le recomendó que desistiesen de sus «presiones mediáticas» y aseguró que no les bastarían los «guiños».

Sin embargo, de Aguado sólo sonsacó una breve declaración a favor de Vox sobre que las propuestas de Monasterio no iban en contra del pacto suscrito con el PP. El discurso que enarboló ayer el líder de Cs sonaba ya al del portavoz y vicepresidente del Ejecutivo que será desde el lunes. Aguado alertó de que vienen «nubarrones» económicos y en vez de «certidumbres» y «reformas estructurales», España tiene «un presidente que ha decidido irse a Doñana». «Frente a la inestabilidad de Sánchez, tenemos cuatro años de gobierno estable en la Comunidad», reivindicó en una breve intervención.

Le correspondió a Alfonso Serrano, el portavoz parlamentario del PP, defender la candidatura de Ayuso, «que no a ella, que se defiende sola y muy bien», dijo. Reconoció los «errores de unos pocos» en el PP, pero pidió a la oposición -que se cebaron en las críticas por los casos de corrupción- «respeto por lo mucho que el PP ha hecho por España».