«Ese avión no despega, se come la pista»

CARLOTA FOMINAYA I MADRID.
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Lo que la azafata M.R.H. estaba viendo por el ojo de buey del avión de Iberia en el que aterrizaba no se le olvidará nunca. Su avión, procedente de Guayaquil (Ecuador), tomaba tierra por la pista de la T4 que transcurre paralela a la que el avión de Spanair estaba utilizando en la T2 para intentar despegar. Desde su asiento en el transportín de business oyó al comandante lanzar una exclamación. Pasó rápidamente a cabina y allí oyó decir un funesto «ese avión no despega, se está comiendo la pista».

Por lo visto, los comentarios entre los técnicos de este avión de Iberia fueron premonitorios. «Ese avión no va al aire». Se habían dado perfecta cuenta de que algo raro sucedía en la nave que tenían enfrente mientras ellos iban rodando en dirección al parking de la nueva terminal.

Efectivamente. Tras el accidente, M.R.H. contaba cómo desde esa «privilegiada posición» vieron cómo al avión siniestrado parecía «que le había explotado una rueda cuando ya había traspasado el límite para poder frenar», relata.

«Cayó como una hoja»

Después, todo sucedió muy deprisa. En apenas unos segundos, ella y sus compañeros de la tripulación de Iberia veían desde las ventanillas cómo explotaba el motor izquierdo del avión cuando este se encontraba aparentemente unos 70 metros del suelo, y caía «como una hoja». «Esto no es como en los dibujos animados, los aviones cuando se quedan sin motor no se caen al instante, primero planean un poco», explica.

«En sus bandazos ha tocado el suelo con el ala izquierda y en ese momento se ha sucedido la explosión y se ha partido», explicaba. Pero todo esto, matiza esta tripulante, «son estimaciones visuales. Habrá que esperar a lo que digan las investigaciones».

Pero en las retinas de estos profesionales siempre se quedará grabada la imagen de la bola de fuego y la columna de humo. «La verdad, al verlo inmediatamente pensamos en que no habría apenas supervivientes», dice esta auxiliar. «Al ver la humareda no pude dejar de pensar que en ese mismo momento muchos de los pasajeros que quizás hubieran sobrevivido al choque se estarían calcinando», reconoce.

En este momento, las lágrimas de M.R.H. no paran de brotar. «Ha sido horrible, como una película, cuando te dedicas a esto, parece imposible que te pueda ocurrir a ti. Sabemos además, por otros compañeros, que el segundo piloto se casaba en apenas dos meses», lamenta.

Al parecer, esta era la segunda intentona del malogrado avión de Spanair para realizar el despegue. En una primera instancia, se cree que la tripulación del vuelo siniestrado había detectado una avería que el segundo de abordo -habitualmente el responsable de hacer la revisión exterior-, bajó a ver. Tras esto, iniciaron el trágico vuelo.

De momento, todo son incógnitas aunque, según explica esta esta testigo, «los MD82 como el estrellado están cualificados para volar con un sólo motor, por lo que supone que la explosión no ha sido la única causa del accidente, sino que ésta haya afectado luego a otros sistemas, como por ejemplo, el hidráulico. Pero nunca, nunca es una sola cosa. Siempre es un cúmulo de circunstancias».

¿Qué pasa? ¿qué pasa?

Dentro de su nave de Iberia, casi nadie fue consciente del suceso, relata. Tan sólo estaban muy desconcertados y preguntaban «¿qué pasa? ¿qué pasa? pero no se enteraban de mucho». «Es casi imposible, desde dentro no se oye nada, el avión está cerrado de forma hermética y estaban los motores en marcha. Quizás tres o cuatro pasajeros se hayan enterado de lo ocurrido, pero no más», asegura. En este momento M.R.H. atiende a ABC mientras va en la furgoneta de la compañía que normalmente le transporta desde el aeropuerto hasta su casa cuando termina su jornada laboral. No quiere pensar más en ello. Se le han agotado las lágrimas. Lleva cuatro días fuera de casa y un vuelo de diez horas y media encima. Le esperan en casa sus dos pequeños y un marido compañero de vuelos.