Juan Carlos Sánchez, abogado de una de las víctimas
Juan Carlos Sánchez, abogado de una de las víctimas

Atracción fatal: El beso del sueño... eterno

La noche los terminó confundiendo del todo. Tipos maduros con ganas de divertirse se dejaron seducir por una sensual ecuatoriana que, supuestamente, les drogaba para poder desvalijarlos a placer. Hasta que se le fue la mano con la dosis y la velada acabó en tragedia

JOSÉ M. CAMARERO
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Ella: una sensual ecuatoriana, camaleónica y avispada. Ellos: hombres españoles, solteros o divorciados, con ganas de disfrutar de una noche de risas y copas. Lugar: salas de fiesta madrileñas donde acuden maduros. Una cita (casi) perfecta que acababa, la mayoría de las veces, en casa de las víctimas para tomar la última copa. Pero este guión cinematográfico no acababa como estamos acostumbrados… sino en una ingestión de estupefacientes disueltos en las copas que adormecían a las víctimas el tiempo necesario para que, ella, su ligue, desvalijara la vivienda. Era el beso de un sueño que ha podido ser mortal.

Así es como Verónica P. M. de 34 años, dejaba supuestamente su sello en la noche madrileña. Hasta que una de las dosis que proporcionaba a sus ligues se le podría haber ido de las manos y podría haber provocado la muerte de, al menos, una persona: Juan G. R., un hombre de 58 años que aparecía muerto en su vivienda de Madrid el pasado 13 de marzo. La acusada podría enfrentarse a hasta 20 años de cárcel por éste y otro posible homicidio con el que se la relaciona, el de Jesús C. Z., fallecido en similares circunstancias. Fuentes policiales apuntan a que podría haber desvalijado a casi una decena de víctimas.

Su «modus operandi» no podía estar mejor confeccionado, a tenor de lo que se explica en el auto judicial acusatorio. Sabía dónde tenía que actuar; quiénes eran sus víctimas; cuál era el estupefaciente perfecto; y tenía incluso apoyo logístico. Al parecer, esta ecuatoriana acudía a salas de fiesta de distritos como el de Salamanca donde la afluencia de hombres maduros es constante: «Buscan pasárselo bien, olvidarse de sus problemas y disfrutar un rato», comenta uno de los porteros de estas salas. Allí, Verónica buscaba supuestamente a sus víctimas: las cotejaba, les susurraba y se les insinuaba… «¿Tomamos la última en tu casa?».

Esta mujer, incluso, podría haber cometido delitos similares en su país. El 12 de abril de 2002, dos jóvenes ecuatorianas fueron detenidas en Guayaquil acusadas de utilizar somníferos para robar a sus víctimas. Una de las detenidas era, casualmente, según destacaba el diario El Universo de Ecuador, una tal Verónica P. M.

Irregular desde hace seis años

Verónica podría estar residiendo en España de forma irregular desde finales de 2003. Tal y como se recoge en el auto judicial, por sus declaraciones y las de su círculo, se dedicaba a la prostitución, aunque cuando acudía a determinados locales de la noche madrileña no lo hacía para prostituirse sino supuestamente para ligar y robar.

Para rizar más el rizo, mantenía una relación sentimental con otra chica paraguaya, Elsa V., a la que algunos testigos también acusan actuar en esta especie de «banda del sueño», aunque el juez no ha encontrado indicios para acusarla. Era allí, en su casa, donde guardaba todo el material que utilizaba por las noches.

La estrategia de Verónica contaba, al parecer, con el apoyo de su madre, quien, según indica una ex compañera de piso, le enviaba las bolsitas «con un líquido azul» ya preparadas desde Ecuador en botes de vitamina; y la de un taxista, al que llamaba en muchas ocasiones, según destacan fuentes policiales, para que la recogiera del lugar de autos.

Y lo más importante, el «arma»: un cóctel de clonazepán y succinato de doxilamina (un psicotrópico con efectos calmantes) mezclado con cualquier bebida alcohólica, que no deja rastros. «Ha habido que solicitar varios estudios toxicológicos para determinar cuáles eran las sustancias que provocaban el aturdimiento o la parálisis del sistema respiratorio», explica Juan Carlos Sanchez, abogado de una de las víctimas.

Pero no ha sido este cóctel explosivo, sino las huellas dactilares que iba dejando en las copas de sus desafortunados ligues y la cantidad de bienes que la Policía encontró en su casa (relojes, ordenadores con documentos de sus víctimas que no había borrado, móviles…) lo que delató a la posible autora de este beso del sueño que se ha convertido en letal.