ETA asesina a un inspector de Policía, héroe antiterrorista con 70 detenciones

Desde la investidura de Patxi López todos los cuerpos policiales estaban en situación de máxima alerta

M. LUISA G. FRANCO | BILBAO
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ETA asesinó ayer en Arrigorriaga (Vizcaya) a Eduardo Puelles García, un inspector de Policía que llevaba dieciséis años en la lucha contra el terrorismo y que en estos momentos estaba destinado en la Brigada de Información de Bilbao. Los etarras utilizaron una bomba muy potente, de entre kilo y medio y dos kilos de explosivo, y la colocaron, además, junto al tanque de gasolina del vehículo, por lo que la víctima quedó atrapada en el interior del coche en llamas. El agente tenía una brillante hoja de servicio y en los últimos diez años había participado en decenas de operaciones policiales que se saldaron con la detención de más de setenta miembros y colaboradores de la banda. Por todo este trabajo, había recibido un total de treinta y cinco felicitaciones.

La información para atentar contra el inspector salió de su propio barrio, Santa Isabel, que se funde con las calles de Bilbao en la zona de La Peña. Allí, donde todos sabían que era policía, se crió con sus tres hermanos, uno de ellos ertzaina, y allí fue asesinado, a unos metros de su casa, sin que el atentado sorprendiera demasiado a los vecinos. No es el primer policía nacional al que ETA mataba en el barrio.

Normalmente, Eduardo Puelles intentaba dejar el coche en las calles del pueblo, porque el aparcamiento abierto que hay junto a su casa no es un lugar seguro y, según explicaron a ABC los vecinos, es habitual que se produzcan robos. A esa explanada sube poca gente y hay varias alternativas de huida, lo que la convierte en el lugar ideal para colocar una bomba lapa. En Arrigorriaga prácticamente no hay garajes en los edificios y quien llega a última hora no tiene más remedio que dejar su vehículo en «ese maldito sitio», como comentaban los vecinos que decía ayer el hermano de Eduardo Puelles cuando acudió al lugar del atentado.

Los terroristas sabían que el inspector de Policía saldría por la mañana y pondría en marcha su coche para dirigirse a su trabajo en la Comisaría del barrio bilbaíno de Indauchu. Probablemente variaría las horas o los recorridos, pero tenía que coger el coche y ayer lo hizo a las nueve y cinco de la mañana. Dio la llave y en el momento en el que el vehículo se puso en marcha, se produjo la explosión. Ya nadie pudo hacer nada por él, ni el matrimonio que fue testigo de sus llamadas de auxilio, ni el equipo sanitario que acudió rápidamente al lugar y se encontró un coche en llamas, al que no se acercó hasta que los bomberos sofocaron el fuego. Su mujer, Paqui, como muchas veces antes han hecho otras mujeres de policías en los pueblos y ciudades del País Vasco, escuchó la explosión desde su casa y supo que era un atentado. Bajó y se confirmaron sus temores: la víctima era su marido.

Muchos testigos habían escuchado un ruido seco y habían visto la columna de humo. Horas después, el escenario del atentado era un amasijo de coches calcinados.

El Sindicato Profesional de Policía, al que Eduardo Puelles se afilió en 2002, al ascender a inspector, explicaba ayer que es impensable que el policía no mirara bajo su coche antes de ponerlo en marcha, ya que todos los cuerpos policiales en el País Vasco están en alerta máxima desde la investidura de Patxi López como lendakari.

Tanto López como el consejero de Interior, Rodolfo Ares, acudieron al lugar del atentado y estuvieron presentes en el momento del levantamiento del cadáver, pasadas las doce del mediodía. Dirigentes de todos los partidos se acercaron a Arrigorriaga, donde hubo especial representación del PNV, probablemente porque se trata de un municipio gobernado por ese partido. Íñigo Urkullu y el dirigente vizcaíno Andoni Ortuzar, además del diputado general José Luis Bilbao acompañaban al alcalde del municipio, Alberto Ruiz de Azua, quien hace un par de años pretendió que el Ayuntamiento rindiera homenaje conjunto al dirigente de ETA José Miguel Beñarán, «Argala», y a dos víctimas de la banda.

Eduardo Puelles, de 49 años, es la primera víctima mortal de ETA desde la investidura de Patxi López como lendakari. A pesar de la situación de máxima alerta y de las amenazas de la banda contra el Ejecutivo socialista, había cierta tranquilidad entre los ciudadanos vascos respecto a la amenaza de ETA, al ver que pasaba el tiempo sin que los pistoleros pudieran cumplir sus propósitos. El miedo hizo que a Patxi López le costara formar su gabinete, pero la sensación general es que ETA ya no es lo que era y los tiempos en los que el temor podía palparse en las calles han quedado atrás.

No obstante, el riesgo está ahí y la Policía atribuye el atentado al mismo grupo que ha cometido otros tres atentados con bomba sin esclarecer en Bilbao y que tuvieron lugar cerca de donde fue asesinado Eduardo Puelles, en octubre de 2007 y abril de 2008 en el barrio bilbaíno de La Peña, contra el escolta Gabriel Ginés y contra una sede socialista, y en septiembre de 2008, la bomba lapa colocada en el coche de un agente de la Policía en Zorroza.

La capilla ardiente se instaló en la subdelegación del Gobierno en Bilbao y el funeral, al que asistirán los Príncipes de Asturias, se celebrará hoy la una de la tarde en la Iglesia de San José. También habrá concentraciones convocadas por el lendakari, a mediodía ante las sedes de las instituciones vascas, y por la tarde en Bilbao, apoyada por todos los partidos bajo el lema «Por la libertad, ETA NO, Askatasuna (Libertad)».

Tras el atentado, el entorno «político» de ETA ha reclamado «diálogo para lograr un escenario de paz que supere todas las expresiones de violencia» y ha equiparado el asesinato de Eduardo Puelles con las detenciones de terroristas.