Artículo de J.R. Villapadierna, colega y amigo de Fuentes

J.R. Villapadierna, corresponsal de ABC
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DESPEDIDA EN LOS HIMALAYASDiez años después de la noche en que cayó Vukovar, en Croacia, Julio Fuentes ha caído -ahora él- en otra lejana emboscada, en otras montañas: Esta vez las más altas. En terreno similar: donde el peligro es la falta de frentes; incursiones y bandas en retirada; la probabilidad de acertar sin brújula con la boca del lobo. Y el gusto de poder contarlo. En una página de El Mundo de hace 10 años Fuentes contaba, en una circunstancia inversa, la desventura de otro compañero, al que reconfortó y luego sacó en coche a lugar seguro. Su crónica, largo tiempo guardada, está llena de su nerviosa humanidad.Hablamos después: Sorprendentemente las balas perforan por igual al avezado y al joven, al tenaz periodista de ayer en las estribaciones de los Himalayas y al aprendiz de entonces, alcanzado por un cohete sin salir de su habitación. No hay salvoconducto: A veces los periodisas van, al paso de pertrechados soldados, con la convicción natural de que el árbitro no juega; que en las películas, después de tanto ruido, nadie muere; que la acreditación que abre puertas también para balas. Ni el mejor está preparado mentalmente para desengañarse; si no, nadie iría. Más aún: Si ninguno de éstos se alistaría para guerra alguna, ¿qué hacen allí con un bolígrafo yendo tras el de la ametralladora? Por supuesto esto sólo se piensa en el avión de vuelta, hasta que al tomar otro de ida, instantáneamente, se olvida. Tal vez sea lo de Reverte, de que esta corresponsalía es una ruleta rusa para la que, cada vez, se toman más participaciones. De montaña en montaña, del Balcán al Cáucaso y de ahí a los Himalayas, la determinación profesional hizo a Fuentes tener casi todas en sus manos y en el pelo una pelusa blanca de sustos. Cayó en las más altas.Se quedan las manos heladas de escribir algunas noticias. Julio disfrutaba la compañía y sin embargo pasó demasiado tiempo solo, en demasiados sitios feos. Escudaba su timidez con conocimientos exhaustivos de munición aérea y piezas de artillería, como de tantas cosas que leía. Era entrañable con sus amigos, entre los que era un gusto contarse. Pasar miedo juntos se convirtió, en perspectiva, en el hilo conductor de los esporádicos encuentros. Estaba más curtido que aperreado y sus pequeñas debilidades, como su impulsividad, enternecían. En una última cena en Tirana, al comentar de Macedonia y la llegada de una buena periodista de su periódico, Fuentes interrumpió: "Buena y además preciosa". Es la mujer que le dio la paz. La que ayer, al otro lado de un teléfono, agotada, esperaba, esperaba, esperaba, otra noticia.