Aragón sólo tiene embalses para la mitad de reservas que fijaba el Pacto del Agua de 1992

ROBERTO PÉREZZARAGOZA. El próximo mes de junio se cumplirán 17 años de la aprobación del Pacto del Agua de Aragón. Hubo unanimidad en las Cortes regionales -entonces CHA no tenía escaños-. Se aprobó

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ROBERTO PÉREZ

ZARAGOZA. El próximo mes de junio se cumplirán 17 años de la aprobación del Pacto del Agua de Aragón. Hubo unanimidad en las Cortes regionales -entonces CHA no tenía escaños-. Se aprobó el listado de embalses y obras complementarias con las que garantizar las necesidades «presentes y futuras» de la Comunidad en materia de aguas.

Aquel «presente» es ya pasado: por el tiempo transcurrido, el Pacto del Agua se puede considerar parte de la historia del parlamentarismo; y el Estado se alineó, comprometido, con la ejecución de esos proyectos.Sin embargo, a estas alturas, ni las obras están ejecutadas ni el Pacto del Agua que ha quedado es el que se aprobó en 1992. Hoy por hoy, Aragón tiene embalses con los que alcanzar, como mucho, la mitad de las reservas fijadas en el Pacto del Agua, que ascendía a 6.550 hectómetros cúbicos y que aparecen ahora recogidas en el nuevo Estatuto de Autonomía. Para alcanzar esa cifra hacían falta nuevos embalses.

Municipios en apuros

Sólo con ellos, dijeron todos los parlamentarios aragoneses en 1992, Aragón puede tener seguro que cubrirá todas sus necesidades de agua. Diecisiete años después, ninguno de los embalses de relevancia está terminado y en uso. Pero, al mismo tiempo, el Gobierno aragonés maneja un listado de 184 municipios, con altas probabilidades de sufrir problemas de abastecimiento en épocas de sequía, porque arrastran problemas de escasa cantidad o calidad de las aguas, o por carencias en infraestructuras o equipamientos para el abastecimiento. De esos 184 municipios en situación vulnerable, 94 se encuentran en la provincia de Huesca, 52 en Teruel y 38 en Zaragoza.

Ésta es una de las caras del problema en Aragón. Otra está en la falta de embalses. El diputado nacional del Partido Popular Ángel Pintado recuerda que las presas de que dispone Aragón, hoy por hoy, permiten regular y aprovechar anualmente unos 3.850 hectómetros cúbicos de agua. «Y no sólo se ha frenado la construcción de los embalses previstos en 1992, sino que es toda una incógnita qué va a hacer Aragón con la expansión de sus regadíos», destaca este parlamentario oscense.

La comunidad de regantes del Altoaragón se ha destacado desde hace años por vigilar de cerca los movimientos que se han producido en torno al Pacto del Agua. Y ha sido una entidad crítica con la parálisis e incluso con el paso atrás a que se ha condenado a dicho Pacto. Han denunciado -y siguen haciéndolo- que aquellas presas que se proyectaron no sólo eran necesarias para ampliar los regadíos de Aragón sino para atender las necesidades de las zonas agrarias ya establecidas. En años de sequía como el pasado y como el actual, las restricciones han hecho acto de presencia en esta Comunidad autónoma.

Faltan pantanos para guardar

Y es que no sólo hace falta que llueva. Para que el agua se aproveche, en Aragón tiene que llover de una forma determinada. Si hay trombas de agua o grandes crecidas, puede ocurrir algo tan sencillo como que no hay una red de embalses en los que retener esos caudales. Algo que, por cierto, no sólo permite guardar agua para el futuro, sino también amortiguar los efectos de las crecidas en la Cuenca del Ebro.

Además, sin disponer de esos embalses que permitan a Aragón recoger 6.550 hectómetros cúbicos, tampoco se sabrá a ciencia cierta si el Ebro tiene excedentes ni, en caso de existir, a cuánto ascienden.

Interesó más el «No al trasvase»

Desde hace años, sin embargo, el debate político en Aragón no lo ha protagonizado el Pacto del Agua sino el trasvase, explotado al máximo como estrategia electoral contra el Partido Popular. Los líderes de la coalición del Gobierno aragonés -PSOE y PAR- encabezaron marchas con las pancartas del «No al trasvase». Y al final, ¿cómo están las obras del Pacto del Agua? Las que formaban el grupo estratégico de dicho Pacto están sin terminar. Algunas sin empezar y otras, lisa y llanamente, se han quedado por el camino, han quedado descartadas.

Y es que, junto al «No al trasvase», en el mismo frente político que lo sustentó -con la coalición PSOE-PAR incluida- caló también ese concepto de la «nueva cultura del agua», pregonado sin descanso por el Gobierno y su ex ministra de Medio Ambiente, Cristina Narbona.

Así, el embalse de Jánovas fue borrado de la lista del Pacto del Agua de 1992. La misma suerte corrió el embalse de Santa Liestra, este último sustituido por otra presa alternativa, que está pendiente y cuyo proyecto, hasta ahora, no cuenta con el respaldo de los regantes que han de aprovechar sus aguas.

El embalse de Yesa, al ralentí

Otra de las obras «estrella», el recrecimiento del embalse de Yesa, que entre otras cosas ha de servir para dar de beber a los habitantes de Zaragoza capital, sigue pendiente. Y no sólo eso, sino que cuando se construya será de mucha menor envergadura que la que fijó el Pacto del Agua. Ahora tiene 500 hectómetros cúbicos de capacidad; se había previsto recrecerlo hasta los 1.525 hectómetros cúbicos, pero al final se rebajó la cota máxima y quedará como una presa de 1.000 hectómetros cúbicos. Pero, en el mejor de los casos, el Gobierno central no prevé que antes de final de año el proyecto disponga de la preceptiva Declaración de Impacto Ambiental. Después deberá ser aprobado por el Consejo de Obras Públicas, el Consejo de Estado y el Consejo de Ministros, preparar la licitación de las obras, licitarlas...

El embalse de Biscarrués, cuyas obras estaban licitadas y adjudicadas en 2001, tampoco se salvó de la «tijera». De los 192 hectómetros cúbicos de capacidad que iba a tener, se rebajó a prácticamente la quinta parte. Eso ha obligado a empezar de cero: redacción del proyecto, posterior tramitación del mismo...

Retrasos y más retrasos

La construcción del embalse de Mularroya empezó formalmente el pasado mes de marzo, en vísperas de las elecciones, tras años de retrasos acumulados. Y de las obras de recrecimiento de La Tranquera, nada se sabe de momento.

Por su parte, las obras del embalse de Lechago siguen adelante y sólo tres de los pantanos más relevantes del Pacto del Agua están construidos, casi construidos o en ejecución: El Val, Montearagón y La Loteta.