Aragón echa cuentas de los daños que deja la riada del Ebro y teme otra en unos días

Actualizado:

ROBERTO PÉREZ

ZARAGOZA. La última crecida del Ebro abandona suelo aragonés, pero deja otro reguero de pérdidas por sus aguas desbocadas. Es el tercer año consecutivo que los municipios ribereños sufren inundaciones. Estas han sido de menor envergadura que las de 2007, pero, aún así, también se han producido pérdidas en los campos de cultivo. En pueblos como Novillas, Gallur, Pradilla, Boquiñeni, Alcalá de Ebro o Mallén echan cuentas de los daños provocados por esta última riada, mientras siguen mirando al río y al mapa del tiempo que asoma por sus televisores. Saben que tendrán que hacer frente a otra riada dentro de más o menos tiempo, porque se ha convertido en un panorama demasiado habitual en sus términos municipales. El problema es que la siguiente podría llegar en cuestión de días, ya que las previsiones meteorológicas anuncian otro frente de lluvias por el norte, que pueden generar otra riada y una nueva inundación.

Pocas afecciones en la capital

Entre tanto, ayer pasaba por la capital aragonesa la punta de esta última crecida que ha registrado el Ebro. En Zaragoza se medía ayer un caudal de 1.449 metros cúbicos por segundo y el nivel del agua alcanzaba los 4,23 metros de altura a mediodía. Fue de noche cuando empezó a descender el nivel, después de que el río saltara sus márgenes habituales y se extendiera por varias zonas próximas al cauce, como parte del recinto de la Expo y diversas zonas ribereñas. Las consecuencias de la riada en Zaragoza capital fueron limitadas y no afectaron a áreas residenciales, a edificios de viviendas.

El Gobierno aragonés, ante las previsiones de crecida del Ebro, había activado la fase de preemergencia del Plan Especial de Protección Civil ante Inundaciones. Pero fuentes del Ejecutivo regional informaron que no se había tenido conocimiento de ninguna incidencia significativa. En la capital aragonesa hay zonas residenciales proclives a sufrir los efectos de las riadas, como ocurre en la zona del Actur, próxima al Ebro, donde los problemas no surgen por el desbordamiento sino por la subida del nivel freático. El agua subterránea aflora a menos profundidad y en ocasiones inunda garajes.

Avenida «ordinaria»

En esta ocasión, sin embargo, no se han registrado problemas de importancia en Zaragoza capital, en la que el Ebro ofrecía ayer una imagen espectacular por el tremendo caudal que llevaba, aunque sin llegar a lo que los técnicos de la Confederación Hidrográfica (CHE) consideran «avenida extraordinaria». Es tal cuando el caudal del Ebro llega a los 2.300 metros cúbicos por segundo a la altura de la localidad navarra de Castejón y esta última crecida, sin embargo, se quedó claramente por debajo de ese umbral.

Aun con todo, los campos de los municipios ribereños entre el límite con Navarra y Zaragoza capital se han inundado. Y los afectados advierten, en tono quejoso, que las autoridades tendrán que reflexionar sobre por qué una avenida «ordinaria» acaba provocando inundaciones.

Meses de riesgo

En total, esta última crecida del Ebro ha anegado más de 3.000 hectáreas de cultivo en ese tramo de ribera aragonesa. Las pérdidas se suman a las que dejaron las riadas del año pasado y de 2007. La de hace dos años fue la más grave. Ocurrió entre finales de marzo y principios de abril. Este año ha ocurrido en fechas tempranas. En estas localidades son conscientes que la época de riesgo de crecidas en el Ebro tiene aún muchos meses por delante. Quedó claro el año pasado, con la riada que ocurrió en junio, en vísperas de la Expo.