Un apagón histórico deja a Barcelona sin luz, la sume en el caos y causa pérdidas multimillonarias

Un grave incidente eléctrico sumió ayer Barcelona en un inmenso caos que afectó a todos los ámbitos de la actividad ciudadana. El apagón histórico que sufrió la Ciudad Condal como consecuencia de la

MARÍA JOSÉ FRANCO. BARCELONA.
Actualizado:

Un grave incidente eléctrico sumió ayer Barcelona en un inmenso caos que afectó a todos los ámbitos de la actividad ciudadana. El apagón histórico que sufrió la Ciudad Condal como consecuencia de la caída de un cable de alta tensión en la subestación de Collblanc dejó sin suministro a 300.000 abonados de todos los distritos de la ciudad, entre los que hay particulares y negocios. Otros 50.000 clientes de varios barrios de las poblaciones de L´Hospitalet y Esplugues de Llobregat se vieron también afectados.

Aparte de las molestias que la falta de suministro ocasionó en tal cantidad de domicilios durante tantas horas, hospitales, transportes, tráfico rodado, comercios, hoteles, restaurantes, ascensores o servicios de telefonía móvil vivieron situaciones muy complicadas. A la espera de poder evaluar los daños económicos que el corte de luz ha producido, con seguridad tendrán que cuantificarse en cientos de millones de euros por las pérdidas en numerosos negocios del gremio de alimentación y restauración.

También se prevén otro tipo de consecuencias. La Generalitat y el Ayuntamiento de Barcelona han abierto sendos expedientes informativos para investigar las causas de la caída del cable y estudiar posibles responsabilidades.

El comienzo del caos se situó a las 10.53 de la mañana en la estación de Collblanc de Barcelona, donde se produjo un «cero de tensión» debido a la caída de un cable de distribución de 110 kilovoltios (Kv) sobre el parque de transporte de la distribuidora Red Eléctrica de España (REE) de 220 kv.

La REE es la propietaria de la red de alta tensión, mientras que los abonados afectados por el apagón son clientes de la distribuidora Fecsa-Endesa.

Según explicó el delegado de la Red Eléctrica de España en Cataluña, Lluís Pinós, como consecuencia del incidente se perdió la tensión en las subestaciones de 220 kv de Urgell y Maragall, y en esta última se produjo un incendio que tardó varias horas en ser sofocado por los bomberos. Los técnicos no pudieron acceder para comprobar lo ocurrido dentro hasta horas después.

No fue un sabotaje

Las causas de la caída del cable se desconocían ayer. Pinós se limitó a explicar que el sistema «estaba tocado» como consecuencia de dos accidentes recientes que dañaron estaciones y cableado de la ciudad de Barcelona. Negó que el problema se debiera a «la falta de mantenimiento».

Sí se descartaba que un sabotaje estuviera en el origen de la caída, según informó el ministro de Industria, Joan Clos, que se encontraba en Barcelona para asistir a una reunión del PSC y compareció ante los medios de comunicación para explicar el alcance del apagón.

Clos informó de que la recuperación de la distribución de energía sería lenta, puesto que fue necesario descargar la red para que no se produjera una caída en cadena que hubiera podido afectar al resto de España e, incluso, a otros países.

Transportes

Los problemas en la ciudad tras la caída del cable fueron inmediatos. Los servicios de emergencias comenzaron a recibir cientos de llamadas, muchas de ellas para reclamar el rescate de personas atrapadas en ascensores.

La consecuencia más visibles fue en las calles. La afectación del 60 por ciento de los semáforos de la ciudad provocó el caos circulatorio en muchos puntos, que requirieron la presencia de policías locales y «mossos d´esquadra» para regular manualmente el tráfico.

Las líneas 1, 3 y 5 del Metro estuvieron cortadas un máximo de veinte minutos entre las 10.54 y las 17.17, según los casos. La falta de luz también afectó a los Ferrocarriles de la Generalitat, a las líneas que enlazan Barcelona con la comarca del Vall_s y la línea del Llobregat-Anoia. El tranvía del Baix Llobregat (Trambaix) dejó de funcionar.

Por el contrario, importantes infraestructuras de transporte como el aeropuerto, el puerto y el servicio de cercanías de Renfe no sufrieron las consecuencias del apagón.

La mayoría de los hospitales de Barcelona se vieron afectados en mayor o menor medida, sobre todo el Clínico, San Pablo, La Esperanza y Sagrado Corazón. Los centros siguieron trabajando con grupos electrógenos, pero la actividad se vio muy mermada. Los equipos quirúrgicos acabaron las intervenciones que estaban llevando a cabo cuando se produjo el apagón y las consideradas urgentes, pero hubo que aplazar gran cantidad de actos quirúrgicos y consultas médicas.

Muchas urgencias que en otra situación hubieran sido atendidas en estos hospitales fueron dirigidas por las propias ambulancias a centros sanitarios con menor afectación.

A medida que fue transcurriendo el día, Fecsa-Endesa buscó sistemas alternativos, como generadores para los puntos críticos o cargar los clientes de las subestaciones afectadas a otras vecinas.

Gracias a ello, al cierre de esta edición el número de abonados sin luz había bajado a 110.000. De éstos, 30.000 eran de las zonas que se abastecen de la subestación de Urgell y 80.000, de Maragall. Cuando los técnicos de las compañías REE y Fecsa-Endesa pudieron acceder a estos recintos comprobaron que algunos de los desperfectos pueden tardar incluso días en quedar subsanados, sobre todo en el caso de Maragall, porque se encontraron varios empalmes destruidos.

En cuanto a los abonados que reciben luz de la subestación de Urgell, se esperaba que la normalidad completa la recuperaran esta mañana. Por lo que se refiere a Maragall, la solución será más complicada porque el fuego afectó a las dos vías de alimentación y la reparación podría durar días.