Los compromisarios hacen cola para votar en las primarias del PP
Los compromisarios hacen cola para votar en las primarias del PP - GUILLERMO NAVARRO

El ambiente en el Congreso del PP: Nervios hasta el final

La incertidumbre fue la tónica dominante de una segunda jornada que nada tuvo que ver con la primera

MadridActualizado:

Todo estaba planificado y cronometrado. Primero, el discurso de los dos candidatos, luego a votar y, por último, la ovación al triunfador de las primarias y sus primeras palabras como nuevo presidente del PP. El viernes hubo tiempo de sobra para los reencuentros, los abrazos y las reflexiones en común sobre qué -o quién- es lo mejor para el futuro del partido. Ayer todo eso se dejó a un lado para dar paso a una sensación que se antojaba extraña para el PP: la incertidumbre.

En la historia de los populares ha habido congresos con tensión, otros más amables, pero nunca un cónclave, al menos a nivel nacional, con dos líderes cuyas igualadas expectativas provocaban pavor a los pronósticos. «Creo que ha ido bien, pero no sé lo que puede pasar», era la frase más repetida por los compromisarios después de depositar su voto en las urnas, tanto de los que se decantaron por Pablo Casado como los que lo hicieron por Soraya Sáenz de Santamaría.

La efusividad y energía del viernes -por lo histórico del cónclave y por lo que representaba- fue desplazada por las caras de cansancio. Unos rostros que arrastraban toda la actividad de la primera jornada, los largos viajes en autobús o en tren y las carreras en los aeropuertos; pero también, en algunos casos, las cenas que se prolongaron hasta altas horas de la noche entre miembros del equipo de los candidatos y los compromisarios.

Uno de los que más acusó el cansancio fue el diputado José Luis Ayllón, que dedicó gran parte de la noche anterior a cerrar las listas de la candidatura de Santamaría y a preparar los mensajes que la exvicepresidenta lanzó en su discurso ante el plenario. Después de que los candidatos finalizaran sus intervenciones se abrió el proceso de votación, que duró algo más de una hora. Los compromisarios salieron disparados del gran salón y se dirigieron a votar a una sala dispuesta con 25 mesas con urnas, y a cuya entrada se podía ver el comienzo de una cola que daba la vuelta al hotel que acogió el Congreso Nacional del PP.

Durante las votaciones, los diferentes altos cargos del partido se desperdigaron por el edificio, protagonizando numerosas fotos con afiliados. Uno de los más solicitados fue el presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez-Feijóo, al que fue imposible ver en otra situación que no fuera la de un gran corro de militantes con sus cámaras.

Los últimos compromisarios depositaron sus votos y comenzó el recuento. Las fotos se acabaron y la incertidumbre volvió a apoderarse del Congreso. Unos minutos después, Casado -que al igual que Santamaría había desaparecido del cónclave para seguir el proceso de recuento de votos con su equipo- volvió a escena, sonriente y conocedor de los resultados. Su paseo hasta el plenario fue un camino plagado de felicitaciones. Ya no había incertidumbre. Santamaría entró antes que él al gran salón, arropada por su equipo y sabedora de la derrota. La exministra Fátima Báñez rara vez la dejó sola. Cuando entró Casado irrumpieron los aplausos, también los de su rival.

Ana Pastor ejerció de presidenta del Congreso Nacional del PP por última vez, antes de regresar hoy a su labor habitual como presidenta del otro Congreso, el de los diputados. Al igual que en la Cámara Baja, pidió silencio en varias ocasiones. «Lo mío ya saben que es el silencio... y la paciencia», aseguró, provocando las risas (y el posterior silencio) de los asistentes.