Estación de metro Urquinaona, en Barcelona/ La Policía carga en la contramanifestación de los CDR de Barcelona, el pasado 10 de noviembre de 2018 - Inés Baucells/ VÍDEO: ATLAS

Un alud de pruebas de los Mossos cerca a dos separatistas radicales

Hacen una radiografía precisa de un ataque a un hombre el 10-N por llevar una «rojigualda»

BarcelonaActualizado:

La secuencia de 25 fotogramas que los investigadores seleccionaron de las videocámaras del Metro ha sido la clave para identificar al radical -y a su cómplice- que empujó escaleras abajo a un hombre que portaba una bandera española tras una manifestación en Barcelona. Ese minuto y 23 segundos de imágenes -que comienza a las 14:06:00 y acaba a las 14:07:23 del sábado 10 de noviembre de 2018- recoge casi todas las claves de un ataque brutal y gratuito. La víctima era un hombre que, pese a no ser agente, había asistido a una concentración de Jusapol para reclamar mejoras laborales para policías y guardias civiles. Los agresores habían participado una contramanifestación separatista.

Los investigadores de la Comisaría General de Información de los Mossos d’Esquadra, en un exhaustivo informe al que ha tenido acceso ABC, detallan la secuencia. La víctima accede al vestíbulo de la estación de Urquinaona y pasa el torno. Nueve segundos después lo hacen el «Individuo 1» y el «Individuo 2» -mantendremos esta denominación que usan los investigadores-. A continuación, la víctima, con una bandera y una gorra de España, baja las escaleras hacia el andén, y, seis segundos después, el «Individuo 1» le da un empujón, mientras el «Individuo 2» observa la agresión. Tras el ataque intentan escapar escaleras arriba mientras la víctima -cuyos intereses en la causa defiende la abogada Sandra Melgar- queda tirada en el suelo. Inmediatamente, un vigilante intenta interceptar, sin éxito, al agresor. Los últimos fotogramas captan a la víctima con la cara ensangrentada.

Esta secuencia deja claro, según el informe policial, que fue un ataque sin discusión previa y «con clara intención de causar el mayor mal posible». Y es que a través de las cámaras de la estación se ve cómo «pudiendo empujar inicialmente a la víctima, esperaron a que esta iniciase un tramo más largo de escaleras y cayese de una altura más alta», recogen los policías.

Los 25 fotogramas de las cámaras de la estación radiografían la agresión, de la que hay un testigo directo -una pasajera que ve el ataque- y otro indirecto, un vigilante de seguridad, que no está presente en la agresión pero ve cómo estos individuos huyen y trata de interceptarlos. Sin embargo, fueron las cámaras de los agentes que participaron en el control de ambas concentraciones las que permitieron comprobar que, efectivamente, estos dos individuos habían esatdo antes en la contramanifestación antifascista. La comparativa de los 25 fotogramas del Metro con otros nueve de las grabaciones de los policías lo confirman: mismas caras, misma ropa y, en el caso de uno de ellos, el mismo tatuaje. Las imágenes atestiguan también que los dos individuos estuvieron «juntos en todo momento, tanto en la contramanifestación como en la agresión en el Metro».

Con estos mimbres -imágenes y testimonios- los agentes tenían más cerca las identificaciones. En las bases de datos de personas con antecedentes policiales los Mossos hallaron que el acompañante del agresor estaba fichado. Había sido detenido dos veces por altercados e identificado en varias manifestaciones. El vigilante también lo reconoció en fotos «sin ningún tipo de dudas». Como curiosidad, los agentes también advirtieron que el día de la agresión, el «Individuo 2», de 33 años, había accedido al Metro con la tarjeta rosa de su madre; un título solo para uso personal de jubilados, minusválidos o personas sin recursos.

En cuanto al agresor, fue el rastreo de las redes sociales de su acompañante el que sirvió para identificarle. Eran amigos en Facebook. Tiene 40 años y su nombre también estaba en los archivos; en su caso había denuncias por grafitis. Los agentes no lo encontraron cuando acudieron al domicilio que figuraba en su ficha. Por eso echaron mano otra vez de las cámaras del Metro y de los movimientos de la tarjeta de transporte de aquel día para localizar sus rutinas. Así dieron con él cerca de la estación en la que solía subirse al transporte público.

Ataque ideológico

Los investigadores no tienen duda de que fue un ataque por motivos ideológica. No conocían a la víctima y la eligieron «de forma aleatoria», es cierto. Pero la seleccionaron porque sabían que había participado en la manifestación de Jusapol, ya que «llevaba de forma visible una bandera y una gorra de España» y estaba cerca del lugar donde había acabado la concentración. También portaba por dentro una camiseta de un grupo de música neonazi, pero no era visible. Además, el perfil de Facebook del agresor apunta al «odio que tiene contra personas y organizaciones de carácter unionista», describen los Mossos. Pero por el momento la juez que instruye el caso se limita a imputarles delitos de lesiones y contra derechos fundamentales.

Ambos investigados fueron ya llamados a comparecer en sede judicial, pero el supuesto agresor no se presentó a la cita, por lo que la juez ha ordenado su búsqueda y detención. Ahora, será la justicia la que debe pronunciarse, pero con la precisa radiografía que componen los 25 fotogramas del Metro, los nueve de las cámaras policiales, las dos testificales y los perfiles sociales de los imputados, los investigadores tienen pocas dudas de cuál es el diagnóstico de esta agresión.