Alierta cierra el círculo de Villalonga

César Alierta, con la digestión de Terra, la fusión con Móviles y la venta de TPI, está a punto de cerrar el círculo que abrió Juan Villalonga, su antecesor que salió de la empresa por orden de los

Jesús García
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César Alierta, con la digestión de Terra, la fusión con Móviles y la venta de TPI, está a punto de cerrar el círculo que abrió Juan Villalonga, su antecesor que salió de la empresa por orden de los hombres del Gobierno del PP y aquel supuesto escándalo de las «stock options». El compañero de pupitre de Aznar, casado con la que fuera viuda de Azcárraga, y dedicado a mejor vida -negocios variados en Portugal y Londres- desgajó Telefónica con el objetivo de crear valor, y lo hizo, sin duda, a cambio de correr altísimos riesgos. Sacó a Bolsa Terra y la convirtió en icono de internet en España. Llegó a valer en el mercado más que el Banco Popular. Arrancó de la costilla de Telefónica a Móviles y la puso en valor en una OPV, que será recordada porque sólo recientemente la cotización alcanzó los 11 euros a los que salió. Y desligó también de la matriz Páginas Amarillas, ahora vendida a los británicos de Yellow.

Alierta, el sucesor llegado de Tabacalera, con Rato como valedor, ha engullido Terra para convertirla en división, cuenta ya con el beneplácito de las juntas de accionistas para fusionar Móviles con Telefónica y ha dado boleto a TPI. Y está a punto de vender Endemol. La productora que costó, con intercambio de papelitos, casi un billón de pesetas y que ahora se valora -no está mal- en unos 1.200 millones euros, cantifad equivalente a 200.000 millones de pesetas.

Conquista de UK

El presidente de Telefónica ha acabado con la filosofía Villalonga, pero como hombre de Bolsa -no en vano es «broker» y fundador de Beta Capital- ha dado muestras de su capacidad para correr riesgos y darle una nueva dimensión a la operadora española que este año fue superada por el Santander en capitalización bursátil. Botín es mucho Botín. Igual que el banquero, Alierta es uno de los «nuevos conquistadores» del Reino Unido. Ha comprado la británica O2 y, de paso, ha doblado la deuda de Telefónica -alcanza ya los 56.800 millones, tres veces el resultado bruto de explotación-, pero ha restado riesgo latinoamericano. También adquirió el año pasado Cesky Telecom, que ahora ha consolidado. Por ella recibió la única crítica en la junta de accionistas de 2004 de un fondo de inversión alemán que participaba en Telefónica. Este año la junta ha sido modélica.

El máximo ejecutivo de la operadora, que tras la salida de Fernando Abril-Martorell amortizó el puesto de consejero delegado y ha asumido todo el poder en la operadora -igual que ha hecho Fernando Conte en Iberia-, ha tenido que anunciar un frenazo en su agresiva política de compras de empresas para tranquilizar a la parroquia bursátil. No va a ampliar capital al menos hasta 2007, aunque puede vender participaciones como las de Endemol o la de Portugal Telecom para seguir en mercado. Telefónica posee el 10 por ciento de Portugal Telecom, en la que no ha logrado mayor participación por el veto del Gobierno luso. Con PT comparte el 50 por ciento de Vivo en Brasil -valorada en unos 3.000 millones-, que ahora podría comprar si sale de la portuguesa.

Pero el penúltimo reto que tiene sobre la mesa Alierta es algo que no le gusta demasiado. Se va a ver obligado a una nueva reestructuración interna. Un ejército de consejeros y ejecutivos sale de TPI, vendida; de Terra, engullida, y de Móviles, fusionada, y algo hay que hacer con ellos. Además se está debatiendo la integración de O2 y un mercado muy competitivo. Otro frente abierto por Alierta es la puesta en marcha de Imagenio, que está haciendo pupa a la TV de pago de Polanco, su socio y el que, según algunos críticos de Alierta, le ha permitido estar fuera del fuego enemigo del Gobierno. Telefónica posee un 20 por ciento de Sogecable, que sigue sin salir de las pérdidas.

La operadora, que va a recomprar títulos por 6.000 millones de euros, duplicará el dividendo hasta un euro de aquí a 2009. Este año aumenta un 20 por ciento, hasta 0,60 euros, y su rentabilidad por dividendo suma el 4,7, de las más altas del mercado. Alierta ha hecho del dividendo, que Villalonga anuló en 1998, su principal arma, aunque el comportamiento de la acción es su talón de Aquiles. Alierta integra todo lo que Villalonga disgregó, ha puesto en marcha también un plan de retribución a los ejecutivos, pero de acciones, y la cotización no acaba de reaccionar. 1,6 millones de accionistas piden más.