Una mujer nada más ser rescatada en la costa de Cádiz - Foto: NONO RICO / Vídeo: Decenas de migrantes llegan a playa de Zahora, en Cádiz

Algeciras y el fantasma de Lampedusa

Una desbordada ciudad reclama al Gobierno y la UE que no miren a otro lado

MadridActualizado:

Hay dos formas de cruzar el Estrecho. En un ferry enorme o en una ridícula barca hinchable de juguete. Las dos opciones coexisten a diario en el puerto de Tarifa. Es mediodía y, mientras en la playa los surferos están a lo suyo, en el malecón de la terminal marítima de esta localidad gaditana aparece un hombre con un chaleco azul. Es un agente del Frontex, como se conoce a la Guardia Europea de Fronteras y Costas. Su presencia anticipa la llegada de una embarcación de Salvamento Marítimo.

El mar está muy tranquilo y, por eso, desde primera hora todo hace presagiar una jornada movida. A lo lejos asoma un buque de rescate cargado de personas hasta la bandera. Antes de que atraque, llega una patrulla de la Guardia Civil, después otra y así hasta cinco. La Cruz Roja, encargada de atender en primera instancia a los inmigrantes se retrasa. Mala señal. Normalmente cuando llegan los inmigrantes ya tienen todo montado para atenderles. « Les pasa como a todos, tendrán un servicio en otro sitio y están desbordados», comenta un agente de la Benemérita. Son las 12.40 horas.

En el puerto de Algeciras, mientras tanto, hay otro buque de Salvamento. También está atracado y también tiene cerca de un centenar de personas en cubierta que necesitan atención. El sol pega fuerte y los náufragos, rescatados de madrugada, no pueden salir. Las Fuerzas y Cuerpos de seguridad no tienen donde llevarlos. En el polideportivo cedido por el Ayuntamiento, utilizado por la Policía para reseñar a los migrantes, tampoco cabe nadie más.

Tendrán que esperar a bordo a que haya huecos en dicha instalación o en los hogares de acogida y albergues de las asociaciones de carácter social y humanitario que operan en la localidad. «Ya no hay más espacio, no tengo. Estoy al borde de crujir. No es lógico que sólo Algeciras tenga el pabellón abierto para atender a los inmigrantes. No podemos hacer frente nosotros solos a esto. Aquí tienen que colaborar más instituciones», alerta desde el otro lado del hilo telefónico José Ignacio Landaluce, alcalde del municipio.

Inmigrantes hacinados en unas salas del puerto de Barbate
Inmigrantes hacinados en unas salas del puerto de Barbate - NONO RICO

Las 13.20 horas. Llega la Cruz Roja al malecón del puerto de Tarifa. Lo primero, dar mantas a los migrantes, que se revolucionan un poco en cubierta con la posibilidad de quitarse la humedad de los huesos. La algarabía desvela que en el pasaje hay niños (seis) y bebés (dos), que rompen a llorar. Tienen frío. «En total son 135 y venían en 11 pateras», desvela el patrón del barco. A las 13.40 horas sale el primer bebé, acompañado por su madre, del barco.

Primero las mujeres y los niños y después los hombres abandonan de forma ordenada la nave para recalar en el malecón. Los más cansados se tumban al sol y apenas se mueven. Mohamed Traore tiene 16 años y levanta la mano. Quiere contar una historia que empieza en Costa de Marfil hace cinco años, justo cuando dejó a sus cuatro hermanos y a su madre en casa.

«No le he dicho a mi madre que iba a cruzar a España, ella piensa que estoy en Marruecos jugando al fútbol. Si ella hubiera sabido que yo iba a echarme al mar, no lo hubiera aceptado», relata en inglés el joven, quien acto seguido sonríe: «Cuando pueda hablar con ella se lo contaré. Al principio seguro que se preocupa pero con el paso del tiempo lo entenderá». Como todos, quiere un futuro. No mejor. Simplemente un futuro. «En Mali no teníamos dinero y la situación era mala». Como tantos compañeros, quiere ser futbolista, pero admite que estaría más que feliz si simplemente puede «trabajar y ayudar a su familia». No habla con ellos desde hace cinco meses y la última vez que lo consiguió le pidieron que por favor regresara.

Más de cien inmigrantes en el puerto de Tarifa
Más de cien inmigrantes en el puerto de Tarifa - NONO RICO

Como ninguno de los migrantes, Traore no sabe que al terminar esa conversación todavía le quedan diez horas de espera por delante hasta que lleguen los autobuses que trasladarán a la expedición hasta un lugar acondicionado a tal efecto. Por descontado, tampoco hay recursos suficientes para que el autobús estuviera esperando la llegada de los náufragos, que pese a la espera se han visto en trances peores. «Salí de Costa de Marfil y crucé Mali, Argelia y Marruecos», enumera Traore antes de rememorar uno de sus peores momentos: «La frontera entre Mali y Argelia está muy mal. Si no tienes dinero, no pasas». Por ello parece que lo más difícil ya está hecho.

Como nunca antes

«Esta es la batalla de cada día», resuelven los guardias civiles allí desplegados, que en los últimos meses han presenciado un aumento de las llegadas de inmigrantes a las costas gaditanas. Las cifras también ponen sobre la mesa que algo pasa. En lo que va de año, según los datos de la Organización Internacional de Migraciones (OIM), dependiente de la ONU, España había registrado más llegadas ilegales por mar que Italia y Grecia juntas.

«El número de atenciones a personas es superior al del año pasado y ya el dato del año pasado era superior al del anterior», reconoce Miguel García, portavoz de Cruz Roja, quien indica que desde la organización en Cádiz reciben este año apoyo de voluntarios llegados de otras provincias para hacer frente a la oleada de pateras: «Hay gente de Extremadura, Alicante o Murcia ayudando». De igual modo remarca que han tenido que recibir recursos asistenciales extraordinarios, ya que únicamente con las instalaciones propias tampoco pueden asistir a todas las personas que llegan: «Sin ir más lejos habilitados el polideportivo de Cádiz o Jerez», agradece García.

A primera hora de esa tarde, el último recuento de Salvamento Marítimo habla de 238 personas auxiliadas en el Estrecho y en el puerto de Algeciras, algunos migrantes han podido salir del barco. Se han quedado unos 60 a bordo que pronto han recibido a otros 40 compañeros llevados a puerto por otros buque salvamar a la hora de la comida. En total vuelven a ser más de 100.

Algunos están tumbados buscando la sombra y otros se asoman desde cubierta, como Oppong, que tiene 21 años y salió de Ghana hace cuatro meses. Habla inglés y pagó 200 euros por montarse en una barca hinchable con otras 19 personas. Reconoce que pese a que ha vivido la noche en el barco, no se ha dormido. «Tengo miedo a que nos deporten», subraya un joven que busca un viaje migratorio de ida y vuelta para mejorar las condiciones de los suyos.

Centenares de migrantes han tenido que dormir alguna noche en cubierta de barcos de Salvamento amarrados en el puerto de Algeciras
Centenares de migrantes han tenido que dormir alguna noche en cubierta de barcos de Salvamento amarrados en el puerto de Algeciras - NONO RICO

A media tarde, una furgoneta conducida por policías y ocupada por una decena de migrantes abandona las instalaciones del polideportivo del barrio del Saladillo, en Algeciras, habilitado por el Ayuntamiento para responder a la ola de pateras. La operación se repite varias veces, por lo que se deduce que dentro van quedando algunos sitios libres. No es para menos, los cálculos de Salvamento elevan a esa hora las llegadas hasta las 334 personas sólo en el Estrecho.

Y así todos los días. «Estamos desbordados», admiten fuentes policiales, quien también señalan que los calabozos de numerosas comisarías de la provincia de Cádiz también están sirviendo como albergues improvisados para los migrantes.

De igual modo confiesan que los efectivos están destinados a la atención de estas personas, por lo que otras labores rutinarias no se atienden igual que en condiciones normales, por lo que reclaman más medios humanos y materiales a Interior. No hay que obviar que se trata de una zona particular y marcada por la actividad de los narcotraficantes por su cercanía al epicentro del tráfico del hachís, La Línea de la Concepción: «Es cierto que ha llegado un refuerzo de policías en formación, que viene bien, pero tampoco es suficiente ante esta avalancha migratoria».

«No es lógico que no haya personal suficiente para colaborar con la policía en la toma de datos; tampoco que tengamos que coordinar nosotros a todas las ONGs... Aquí tiene que haber alguien más que se involucre», clama Landaluce, quien exige a las instituciones pertinentes, nacionales y europeas, que actúen de forma «profesional, suficiente y adecuada» y que no miren a otro lado y dejen la solución de este problema «en manos de la buena voluntad de la gente». De lo contrario, como lamenta, Algeciras «se convertirá en Lampedusa».