El presidente de Ciudadanos observa a su secretario general en la última reunión de la Ejecutiva
El presidente de Ciudadanos observa a su secretario general en la última reunión de la Ejecutiva - Óscar del Pozo

Albert Rivera, única constante en un partido en continuo cambio

Ciudadanos ha cambiado de ideología, estrategia y rostros en segunda línea, pero tiene el mismo presidente desde sus inicios

MadridActualizado:

Quizás el cambio más sonado en Ciudadanos (Cs, antes C’s) se produjo el 17 de diciembre de 2016 en un Consejo General celebrado en Barcelona que sentó las bases del giro ideológico del partido. Entonces, el diputado autonómico Sergio Sanz defendió una enmienda a la totalidad para tratar de mantener a la formación en el centroizquierda del espectro político, pero fue derrotado por tres votos.

Dos meses después, en la Asamblea General de Cs, no solo murió el apóstrofo de sus siglas. También fue liquidada la socialdemocracia de su ideario, dando paso a su concepción «constitucionalista, liberal, demócrata y progresista». Era la búsqueda del centro, consumada hoy en un desplazamiento a la derecha que busca reemplazar al PP.

El germen de Cs se gestó en 2005 y nació como partido político en 2006. Desde entonces, la única constante invariable ha sido la de Albert Rivera como presidente. Antonio Robles, su primer secretario general, emprendió el camino contrario al que tomaron después muchos dirigentes y, en 2009, dio el salto a UPyD. Le sucedieron en Cs Manuel García Bofill y Matías Alonso, hoy responsable del área de Defensa, pero alejado del poder.

Sí estuvo desde el principio en el entorno de Rivera el actual secretario general, José Manuel Villegas, que no ocupó el cargo de facto hasta enero de 2017. Él es hoy parte del «núcleo duro» que acompaña a Rivera, integrado por Juan Carlos Girauta, Fernando de Páramo, José María Espejo-Saavedra o Fran Hervías.

Pero en un partido en el que lo único indiscutible es el liderazgo absoluto de su líder, también varía la segunda línea. Marcos de Quinto, Edmundo Bal, Joan Mesquida o Sara Giménez, cada uno en su ámbito, han desplazado desde la campaña del 28-A a miembros protagonistas la anterior legislatura. «Van a ser portavoces de un partido al que acaban de llegar», lamentaba esta semana uno de los diputados afectados por la evolución.