Aído lamenta los tres asesinatos de mujeres y achaca la semana negra a que son vacaciones

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C. MORCILLO/R. BLÁZQUEZ

MADRID/SALAMANCA. Cuatro días, tres asesinatos de mujeres y un intento, y dos casos más pendientes de autopsia definitiva. La última víctima, apuñalada por su novio la pasada madrugada en Salamanca, tenía sólo 18 años. «La edad media de las víctimas va aumentando (43,5 años; los agresores 47 de media), pero paralelamente se producen muertes entre las más jóvenes, que sí han tomado un mayor posicionamiento frente a la violencia de género y denuncian más», explica a ABC el delegado del Gobierno para la Violencia de Género, Miguel Lorente. Los datos avalan sus palabras: de las 37 mujeres asesinadas en lo que va de año, diez tenían entre 41 y 50 años y otras diez entre 31 y 40.

La ministra de Igualdad, Bibiana Aído, condenó ayer en Zaragoza las últimas muertes. «Ha sido una semana triste y negra», se condolió, pero en uno de sus temibles arranques verbales las atribuyó a que «habitualmente en el mes de agosto aumentan estos casos por ser periodo vacacional», informó Ep. No está muy claro a qué se refería, ¿convivencia? ¿vacaciones?. Ninguna de las tres asesinadas vivía con su pareja y dos de ellas habían dejado la relación hace tiempo. También la mujer a la que su ex marido intentó matar en Badajoz.

El caso de Salamanca reproduce el patrón de «cosificar» a la pareja. A las 5.30 de la madrugada la Guardia Civil recibía una llamada en la que un individuo «en estado de shock» aseguraba que había matado a su novia. Poco después, los agentes encontraban el cadáver de M.S.C.H., de 18 años, vecina del barrio de Huerta Otea. La había apuñalado y trasladado su cuerpo a una zona junto a la depuradora de agua de la localidad de Villamayor de la Armuña, muy cerca de la capital salmantina. El agresor, V. M.G.P. tiene 19 años y es portugués; vivía en Ledesma a unos 20 kilómetros de Salamanca. Eran pareja desde hace un par de años, según informó el subdelegado del Gobierno, Jesús Málaga, pero estaban atravesando una crisis y ella quería acabar con la relación. Como casi siempre, los allegados dicen que la relación era «normal» y que nunca habían visto «peleas importantes» o «malos tratos». Él se confesó autor del crimen. Unas horas más tarde la Subdelegación y la Delegación de Gobierno de Castilla y León convocó una concentración silenciosa.

Para Lorente la diferencia en cuanto a edad y circunstancias de los casos de esta semana revela que la violencia masculina responde a un patrón cultural, por eso «hay que tomar posición no sólo contra las muertes o las agresiones sino contra la violencia en general». A la inevitable pregunta de qué está fallando, la previsible respuesta: «Queda mucho por hacer pero no podemos cargar la tinta en que la ley no funciona. Llevamos tres años de aplicación aunque algunas medidas se pusieron en marcha el año pasado. Cuando se haga un análisis serio, será el momento de decidir si son necesarias reformas legislativas o no».

Palizas a diario

Se refiere Lorente a esa violencia que confiesan haber sufrido en algún momento de su vida el 6,3 por ciento de las mujeres españolas. El informe presentado el mes pasado de evaluación de la aplicación de la Ley integral revela que desde su entrada en vigor cada día se han incoado en los juzgados 255 asuntos por violencia de género; se han dictado 84 sentencia y 60 condenas. Desde el 29 de junio de 2005 hasta el 31 de mayo de este año 240.723 asuntos, con una tendencia al alza imparable. Se denuncia mucho más pero aún no se ha podido acabar con la sangría de muertes. Las noticias de palizas y agresiones son diarias y no escasean la de intentos de asesinato, como el caso ocurrido esta semana en Villanueva de la Serena (Badajoz) donde se buscó durante dos días al ex que casi acaba con su mujer.

Ayer era enterrada en Gijón la dominicana María de León Reyes, de 37 años, que fue hallada estrangulada el martes en la casa de su ex novio, al que la Policía busca como sospechoso del crimen. Le dejó hace dos años, pero él la acosaba con la insistencia de quien ya rumia el crimen. La abandonó desnuda y muerta y huyó. Tenía dos hijos de 10 y 16 años. «Los sueños, afectos y esperanzas de María han sido destruidos por la violencia machista de un canalla», se leyó en su entierro. Un epitafio que serviría para cualquiera de las 5 mujeres asesinadas cada mes. Lorente aboga por que ningún crimen quede impune. «Cuando empecé a trabajar de forense a finales de los ochenta, había que rogar para que detuvieran al marido o al ex. Hoy, con los protocolos, si hay evidencias es preferible detener al sospechoso para que no destruya pruebas: un arañazo, un último mensaje en el móvil pueden ser la frontera entre un culpable en la cárcel o en libertad».