Hamed Abderrahmán Ahmed
Hamed Abderrahmán Ahmed - EFE

El adoctrinamiento yihadista en la tienda del «guantanamero»

El juicio a los tres yihadistas acusados de integración y captación terrorista comenzó ayer en la Audiencia Nacional

MadridActualizado:

La célula yihadista que integraban Ahmed Abderrahaman Mohamed, Morad Duas Mohamed y Hansa Layachi Abdeslam llevaba a cabo un adoctrinamiento modular en la tienda del primero de ellos, conocida como la tienda del Guantanamero, en clara referencia al periodo que este pasó en la cárcel de Guántanamo. La regularidad con la que menores de edad acudían a dicho establecimiento de comestibles posibilitaba a los acusados la oportunidad de acercarles a las consignas proclamadas por Daesh y adoptadas por los detenidos.

Lo hacían de manera modular, tal y como ha manifestado uno de los funcionarios de la policía que formó parte de la operación: «Empezaban con un adoctrinamiento más moderado: leer el corán como obligación, ir a la mezquita… Y luego seguían con el visionado de vides con contenido violento». Algunos de los menores que pasaron tiempo en dicho lugar eran sobrinos de uno de los acusados, Morad Duas, aunque la gran mayoría de ellos no pudieron ser identificados. Los acusados solían cesar su actividad o charlas sobre Daesh cuando un adulto entraba a la tienda.

La vigilancia y monitorización de los acusados dio comienzo en 2015, cuando la policía se percató de la presencia cada mayor de gente muy radical en la tienda que regentaba Ahmed. La red estaba creciendo y la temática de las conversaciones entrañaba riesgo a juicio de los investigadores. El propio Ahmed habría actuado, según el inspector a cargo de la operación, como líder de la célula debido a sus conocimientos militares. Hay conversaciones en las que habla de trampas explosivas y el funcionamientos de estas, y otras de los hechos acaecidos en Francia en alusión a los atentados del 13 noviembre en París. También hablaba de cómo una ciudad podía ser tomada por Daesh.

Los otros dos acusados, por su parte, desarrollaban un rol distinto al del cabecilla pero siempre dentro de la dinámica impuesta en el grupo. Morad Duas se encargaba de aportar material desarrollando un papel más secundario; mientras Hamza Layachi ya era un referente del yihadismo por la marcha de su hermano a Siria para luchar en las filas de ISIS, donde acabó inmolándose en un atentado suicida.

La relación entre los acusados era muy estrecha y las reuniones entre ellos se producían diariamente y sin una pauta marcada. No solo tenían lugar en la denominada tienda del Guantanamero, ya que también acudían a alguno de sus domicilios. Allí los encuentros adquirían un carácter más privado, pues en el establecimiento regentado por Ahmed la gente que acudía era muy diversa. Los investigados tenían constancia de que la policía seguía sus pasos por lo que aparte del lenguaje convenido (evitar decir nombres, lugares, citas…) también se informaban entre ellos sobre si había policías en un sitio determinado o si designaban un nuevo agente.

Los acusados, que aún no han declarado ante el juez por la por petición de la defensa, lo harán en los próximos días.