El Director General de Arquitectura, Don Pedro Muguruza, con el alcalde de la ciudad, Emilio Pino (1941)
El Director General de Arquitectura, Don Pedro Muguruza, con el alcalde de la ciudad, Emilio Pino (1941) - ABC

ABC desvela la olvidada relación entre el arquitecto del Valle de los Caídos y el PSOE

A pesar de ser uno de los hombres de cabecera de Francisco Franco, Pedro Muguruza impartió al menos tres charlas en la sede socialista de Madrid antes de la Guerra Civil

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El arquitecto español Pedro Muguruza Otaño (1893-1952) tuvo una carrera tan larga como la Gran Vía madrileña en la que se asienta, todavía hoy, el imponente Palacio de la Prensa que él mismo orquestó. De su escuadra y su cartabón salieron además otros muchos proyectos como el del Edificio Coliseum (también en la capital) o la conocida Estación de Francia de Barcelona.

Popular como una estrella de cine en los años 20, a partir de 1940 se hizo todavía más famoso después de que Francisco Franco le encargara el diseño del Valle de los Caídos. A ojos de la historia eso le convirtió en un incondicional del régimen. Sin embargo, lo que hasta ahora había permanecido oculto es que impartió al menos tres conferencias antes de la Guerra Civil en la Casa del Pueblo de Madrid, sede por entonces del PSOE y de la UGT, para regocijo de unos organizadores que las anunciaron como un «importante acto cultural».

EL SOCIALISTA
EL SOCIALISTA

Las conferencias se celebraron, al menos, durante tres años consecutivos a partir de 1928. Y si algo demuestran es que, más allá del concepto de buenos y malos que se está alentando desde el gobierno de Pedro Sánchez, nuestro pasado está forjado por personajes grises. «Cuando metes mano en la historia para manipularla corres el riesgo de que te la muerda. Muguruza fue el arquitecto de cabecera de Franco, pero también tuvo un pasado de afinidad con el PSOE. Son esas paradojas de la historia que no se pueden borrar», explica a ABC el investigador y escritor Pedro Corral, quien ha descubierto la existencia de estas tertulias tras estudiar los diarios de la época.

Las charlas fueron organizados por la Federación Local de Edificación y se sucedieron en el marco de un ciclo de conferencias que, según podía leerse en una nota informativa que esta organización publicó en el diario «La Libertad» en 1925, pretendía reunir a «personas de reconocido prestigio intelectual» para «educarnos y convivir espiritualmente con nosotros». Los tres eventos de los que Corral tiene constancia se sucedieron en la Casa del Pueblo de Madrid, un edificio ubicado en la calle Piamonte que contaba, desde 1915, con un gran salón de actos para 4.000 personas. «Recibió este nombre hasta 1939 y fue la sede conjunta del PSOE y UGT», completa el investigador.

Museos, viajes y ferias

Los eventos fueron recogidos en varios diarios de la época como «El Liberal». No obstante, el que más las publicitó fue «El Socialista», editado por el PSOE desde finales del siglo XIX. En este diario, la crónica de cada una de las charlas era precedida una jornada antes por un anuncio destacado en portada que instaba a los «trabajadores» a «participar en este importante acto cultural».

Las llamadas eran también utilizadas para informar sobre el resto de conferenciantes. Todos ellos, como puede leerse en el programa publicado por «El Liberal» en 1928, personajes afines al partido como Francisco Largo Caballero, Fernando de los Ríos o el teórico marxista Luis Araquistáin.

El alcalde entrega al insigne arquitecto Don Pedro Muguruza Otaño un artístico pergamino con el nombramiento de hijo predilecto de la villa
El alcalde entrega al insigne arquitecto Don Pedro Muguruza Otaño un artístico pergamino con el nombramiento de hijo predilecto de la villa - ABC

Muguruza intervino por primera vez el 8 de marzo de 1928 en una conferencia que fue recogida una jornada después por «El Socialista». El diario le dedicó dos columnas de su contraportada al arquitecto, a quien presentó el «compañero Muiño» como un «excelente arquitecto que actualmente dirige las reformas del Museo del Prado». La charla versó sobre la historia de la pintura y la importancia mundial de las colecciones que guardaba en sus muros el centro de exposiciones.

En la crónica se afirmaba, además, que el experto hizo un breve recorrido por los artistas más destacados de nuestro país. «Terminó recomendando al auditorio que vaya a ver las hermosas colecciones de Goya que se expondrán con motivo del centenario de su nacimiento», añade el artículo. Para terminar, «una calurosa y prolongada ovación» premió su intervención.

«Por entonces era ya un arquitecto de prestigio con trabajos reconocidos»

Un año después, el 10 de enero de 1929, el futuro diseñador del Valle de los Caídos volvió a sentarse en la Casa del Pueblo, aunque en este caso para charlar sobre las edificaciones y la cultura estadounidense. «Entró de lleno a explicar la arquitectura de los rascacielos, que es superior y extraordinaria desproporción de pisos», explicaba la crónica. En este caso, «El Socialista» dedicó nada menos que tres columnas de la contraportada al evento a pesar de que el diario tenía un total de cuatro. Por si fuera poco, incluía una caricatura del orador dibujada a mano.

La última charla conocida se impartió el 23 de enero de 1930, fue publicada el 24 y en ella habló sobre la Exposición Internacional de Barcelona. «Desarrolló el tema con gran sencillez y claridad. Al final escuchó muchos aplausos», concluía la noticia.

Reconocido arquitecto

Tal y como corrobora el escritor y divulgador histórico José Luis Hernández Garvi (autor de « Ocultismo y misterios esotéricos del franquismo») no es extraño que llamaran a Muguruza para participar en estos eventos ya que, a pesar de ser muy joven, «por entonces era ya un arquitecto de prestigio con trabajos reconocidos» y «para ellos sería un privilegio que acudiera».

De la misma opinión es la doctora en arquitectura Carlota Bustos Juez. Sin embargo, según desvela a ABC la coautora de «Pedro Muguruza Otaño, arquitecto y académico», lo que es innegable es que estas conferencias no le convierten en un ferviente socialista. «A partir de 1937 se mudó al norte y no tardó en ser nombrado Comisario del Servicio de Defensa del Patrimonio Artístico Nacional, un cargo creado por el franquismo de forma paralela a la República y que pretendía defender el patrimonio nacional», completa.