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Si la parte positiva es que ya nadie podrá acusar al PP de despreciar la democracia interna, el reverso tenebroso es el peligro de que el partido caiga en guerra civil

Juan Fernández-Miranda
MadridActualizado:

Lo mejor que le ha podido pasar al PP es haber sido abruptamente desalojado de La Moncloa. Es doloroso, pero es así: perder el poder es siempre duro y afrontar las elecciones desde La Moncloa otorga ventajas, pero el desgaste propio de gobernar y una oposición feroz repercutía ya demasiado en un partido que había olvidado su ser. Ahora, sin embargo, cuenta con una inmensa oportunidad: convertir el desalojo forzado en elemento de atracción para el votante fugado y utilizar la libertad que da la oposición -criticar es gratis y gobernar, difícil- para pasar página y reconstruirse. Para Rajoy lo ideal era llegar a su sucesor por consenso, pero visto lo visto va a ser que no.

De la noche a la mañana el PP cuenta con seis aspirantes. Los hay de todo pelaje: mujeres y hombres, mayores y jóvenes, expertos e inexpertos, conocidos y desconocidos. Si la parte positiva es que ya nadie podrá acusar al PP de despreciar la democracia interna, el reverso tenebroso es el peligro de guerra civil: hay odios personales que vienen de antiguo. Tan es así, que la irrupción ayer de Cospedal y Santamaría propició la inmediata autoproclamación de dos terceras vías: Casado y Margallo.

Nadie duda de que a priori son las dos candidatas quienes se sitúan en la «pole position», pero ni en sus equipos tienen certezas sobre sus apoyos . Cospedal tiene más fuerza en los cuadros medios del partido -diez años como secretaria general dan para mucho-, pero la exvicepresidenta podría aglutinar un mayor apoyo social. En realidad todo eso está por ver y lo único que saben con seguridad es que la batalla se disputará a cara de perro: ayer mismo comenzaron las presiones internas.

Ambas tienen experiencia y categoría, y personalidades fuertes, pero sus discursos son distintos y la percepción que el votante -y el militante- tiene de ellas es diferente. De las terceras vías solo Casado reúne el potencial de unir, porque si una virtud tiene es que de él hablan bien sus tres jefes en política: Aguirre, Aznar y Rajoy. Ahí es nada, y a tenor de la que se avecina puede jugar a su favor.

Veintiocho años después de su refundación el PP se juega su futuro. El votante fugado (4 millones del 2011 al 2016) y el de la nariz tapada observan atentos, aunque sea de reojo. Es el momento de la reconquista, y para ello hay que pasar página y evitar personalismos exacerbados. Y ahora, a torear.

Juan Fernández-MirandaJuan Fernández-MirandaRedactor jefeJuan Fernández-Miranda