FEN

ÁNGEL RIESGO
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En mi colegio de los años sesenta teníamos una asignatura inquietante, se llamaba Formación del Espíritu Nacional, FEN. Nuestro profesor lo era además de gimnasia y nunca supe por qué, pero aquel señor cuidaba de nuestro cuerpo y de nuestro espíritu al mismo tiempo. Vivimos ahora una nueva oleada de aquella Formación del Espíritu Nacional, en mucho se ha cambiado pero en esto no, ahora el espíritu nacional es regional, autonómico aunque a veces también central. En los tiempos de las marcas globales, de la villa común, vemos enormes esfuerzos y gastos por separar lo común, por dividir. Puedo entender los motivos, a veces melancólicos, de los políticos que alientan estos vientos, pero tengo claro que no son demasiado buen negocio, económico, para sus ciudadanos.

Como alumno de FEN, a los doce años observaba los cánticos a la patria del pobre profesor Alía con un punto de vergüenza ajena similar al que sentía cuando en vez de enseñarnos a jugar al fútbol intentaba que aprendiéramos a formar y a marchar marcialmente. Esa misma vergüenza ajena, ahora vista con más madurez, me dan muchos de nuestros políticos cuando se esfuerzan en estrechar el cercado, en cerrar el imposible círculo de un mundo que se abre, que se hace eficaz en lo común, que se engloba en lo político mientras se individualiza en lo personal.

Aunque no les guste a Maragall o a Arzalluz, hoy un vasco o un murciano son muy parecidos a un berlinés y mucho más parecidos que nunca entre sí; sin embargo las diferencias personales entre dos murcianos o dos donostiarras pueden ser enormes. Los individuos luchan por diferenciarse, los pueblos por unirse.

En las marcas vivimos a veces esos nacionalismos de bellota, mientras en el País Vasco llamen a su tomate autóctono con el apelativo «del país» lo disfrutarán solo localmente; en cambio los almerienses, que son los mayores productores de tomate del mundo, y además producen posiblemente el mejor tomate que existe en un pueblito cercano a la capital llamado La Cañada, lo han llamado tomate «Raf», ¿quién tiene más visión de negocio?

El nacionalismo en márketing estrecha miras, distrae la visión y cuesta mucho dinero. Las formaciones del espíritu nacional o nacionalista no le han ido bien a nuestro negocio de la publicidad. Al marketing, como a Brassens, la música militar nunca le supo levantar.