efe

Las madres gallegas contra la droga cumplen 30 años de lucha

«Érguete», la asociación pionera sigue fiel a su lema: «Ni locas ni terroristas»

Actualizado:

«Y la victoria llegó», una consigna y una imagen: la de Carmen Avendaño abriendo de par en par el portón de hierro del Pazo Bayón, de Laureano Oubiña y emblema del poder de los narcos gallegos en la década de los 80, que les fue arrebatado. Era julio de 2008 y las madres gallegas que llevaban veinte años enfrentándose a quienes estaban matando a sus hijos por fin lograban un triunfo más que simbólico. La pasada semana ha estado dedicada a los homenajes: «Érguete», la asociación pionera contra las drogas que dio una lección de coraje a toda España, ha cumplido 30 años.

Al frente sigue la mujer que la creó, Carmen Avendaño, junto a una decena de madres. Está satisfecha con lo que han logrado pese a los muertos que se han quedado en el camino. «Hay mujeres que perdieron cuatro hijos». Su voz, sus principios y su energía, con casi 70 años, siguen igual de firmes que cuando en la década de los 80 y 90, altavoz en mano, denunciaba con nombres y apellidos los comercios propiedad de los señores de la droga gallegos y coreaban «Ni locas ni terroristas, que somos madres muy realistas». «El día que nos presentamos públicamente denunciamos a 33 bares que vendían cocaína y heroína, algunos protegidos por policías. Fue el comienzo de todo. Allí estaban representantes de AP, del CDS y del PSOE», rememora Carmen. Era 1986. «Érguete» se había constituido legalmente el año anterior, pero llevaban trabajando desde que al principio de esa década la heroína empezó a matar chavales en sus barrios de Vigo.

Carmen vivía su infierno privado. «Mamá, me tienes que ayudar. Estoy enganchado», le confesó Jaime, el mayor de sus cinco hijos, en 1981. Pero la necesitaba más gente. Ella ya estaba implicada en el movimiento asociativo desde los coletazos del franquismo. «Carmen, hay madres que quieren matar a sus hijos», le dijeron los únicos que entonces atendían drogodependientes. «Era todo muy dramático. No sabíamos nada. No había información. Empezaron los atracos a farmacias y negocios...». Al principio eran una decena de familias desesperadas, rotas por unas sustancias que no sabían ni que existían. En dos años se crearon 38 asociaciones en toda Galicia.

«Éramos cerebrales e hicimos cosas muy llamativas. Nos poníamos en la puerta de un negocio y gritábamos que pertenecía a un narcotraficante. Decían que la droga era de familias marginales, pero éramos gente normal y nuestros hijos estaban enfermos», explica Carmen mientras nos relata las «excursiones» a Vilanova, Cambados o Vilagarcía, el corazón del narco.

«El trabajo de las asociaciones, de Érguete en concreto, fue fundamental para cambiar la legislación y visibilizar lo que pasaba», explica el jefe del Greco de la Policía en Galicia. «El contrabando de tabaco insensibilizó a la gente. Tomaban vinos con el narco, les daban trabajo, vivían bien. Fue muy bonito hasta que empezaron los muertos. Esas mujeres, esas familias, hicieron agachar la cabeza a los que se creían intocables».

Fina, Sara, Carmen... eran madres que en lugar de llorar y callar, lloraban pero gritaban y coreaban en plena calle los nombres de los que se estaban haciendo millonarios con la droga. «¡Putas, queréis que os echen un polvo!», se revolvía furioso el narco Laureano Oubiña durante uno de sus juicios. «Es un chulo», dice Carmen al recordarlo. Ellas se plantaban en la puerta del Palacio de Justicia que tocara o se reunían con el juez de turno.

«Lo peor eran los entierros»

Lo peor, dice esta mujer símbolo para tantos, eran los entierros de los hijos de las compañeras. «Me sentía tan impotente... Me tenía que contener para no gritar de rabia por respeto a su dolor». No hay estadística fiable de esa muerte ciega en forma de pico que diezmó familias. Solo en Vigo 185 muertos directos o por Sida en 1988.

Ahora que la droga se ha convertido en un delito invisible, las madres coraje de «Érguete» siguen donde siempre, pero centradas en el tratamiento y la inserción en lugar de en la calle. Los dos hijos de Carmen que se engancharon han sobrevivido. Las drogas han pasado de ser la cuarta preocupación de los españoles en el año 2000 al puesto 28. Sin embargo, hay más estupefaciente que nunca.

España es junto con Reino Unido el mayor consumidor de cocaína de Europa y los precios, que son el verdadero indicador -más que las incautaciones-, indican esa presencia masiva. El kilo está por debajo de los 30.000 euros en algunas zonas, una cantidad que no se veía desde antes de 2009 cuando se asestaron golpes muy importantes a las organizaciones. Si baja el precio es que hay más droga. Y eso que el año pasado solo la Policía intervino casi 22 toneladas de cocaína.