Pedro Sánchez en el Comité Federal celebrado ayer - oscar del pozo

El PSOE se resigna al fichaje de Lozano pero ajustará cuentas con Sánchez el 20-D

El líder replica al sector crítico: «El partido no es patrimonio exclusivo de los militantes»

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Algo de la lealtad que une a todo partido con su líder se ha roto en el PSOE a raíz del fichaje de la exdiputada de UPyD Irene Lozano. Quedan dos meses para las elecciones generales y ninguno de los críticos con poder orgánico se planteó ayer reventar la reunión del Comité Federal y así «ajustar cuentas» con Pedro Sánchez antes de tiempo. Le esperarán agazapados hasta la noche del 20 de diciembre: si logra echar a Mariano Rajoy y gobernar, se le perdonará todo; si no, el sector que encabeza Susana Díaz y que, desde el viernes da señales de haber ganado adeptos, puede acabar haciéndose mayoritario y pidiendo el relevo.

Sánchez lo sabe y por eso ayer apareció ante los suyos retador, audaz, como en el fichaje de Lozano y consciente de que, probablemente, solo le queda esta bala: «Aquí estamos, en pie; en marcha para cambiar España una vez más. Transformamos España dos veces, y lo volveremos a hacer una tercera a partir del 20 de diciembre».

De momento, lo ocurrido da aire a los agazapados, aunque solo sea porque hasta los siempre leales por cultura de partido, Guillermo Fernández Vara y Javier Fernández, aparecían ayer distantes de Sánchez y su fichaje estrella. Creen que ni las formas –no les consultó– ni el fondo –el pasado de Lozano como azote del PSOE y el aroma de transfuguismo que rodea su llegada– son de recibo. Así que, cada uno a su manera, ambos se unieron a la estrategia de poner en evidencia el malestar. Fernández ni vino a Madrid, mientras que Vara aprobó resignadamente la incorporación de la exdiputada de UPyD junto al resto de las candidatos a Congreso y Senado, y se fue antes de acabar. Solo tres votos en contra y seis abstenciones, de 250 votos.

Más morbo fuera que dentro

Por primera vez fue mas interesante el pasillo que la «puerta cerrada». En lugar de las 25-30 peticiones de palabra habituales tras el discurso del secretario general, sólo la pidieron nueve; y de ellos, únicamente dos eran barones: Miquel Iceta, del PSC, para hablar de las elecciones catalanas; e Idoia Mendía, del PSE, sobre la polémica del cupo. El resto no hizo ni ademán, se desahogó fuera en confidencias con los periodistas y en los bares de la zona con otros miembros del Comité Federal que iban saliendo. «¿Para que? ¿para no tener que decir lo que pensamos de verdad?», señalaba en privado un barón favorable en público a dar un «voto de confianza» al líder socialista. En público, era otra cosa: «Confiamos en él para que sea presidente del Gobierno, hay que confiar también para que elija las listas dentro de una España que está cambiando», argumentaba Emiliano GarcíaPage; El presidente valenciano Ximo Puig aseguraba que «cualquier apertura» de su partido es «positiva», y para la presidenta de Baleares, Francina Armengol, Lozano puede «aportar un plus» y demuestra «la apuesta valiente» por incorporar a gente de fuera del partido.

Nadie quiso citarla

Si el viernes el fichaje de Lozano a bombo y platillo fue el bombazo del día, cabecera de informativos y tertulias, para satisfacción de Ferraz, ayer el Comité Federal del PSOE intentó rebajarlo a nota a pie de página en la historia del partido. Los pocos que la nombraron a la entrada del viejo edificio de la calle Larra que albergó el diario «Madrid» lo hicieron forzados por la nube de periodistas. Dentro, a puerta cerrada, se convirtió en una innombrable. Hasta Pedro Sánchez colaboró en esa estrategia al no mencionarla en su discurso abierto y despachar el asunto en el turno de respuesta con esta lacónica justificación: « El PSOE no es patrimonio en exclusiva de sus militantes sino de la mayoría de los ciudadanos progresistas que quieren cambiar España».

«El problema es que Irene Lozano no es Baltasar Garzón ni Sánchez es el Felipe González» de 1993, presidente del Gobierno durante los diez años anteriores que ficha in extremis para campaña electoral al juez estrella en aquel momento, dejando K.O. a José María Aznar, recordaba un peso pesado del socialismo. Si al todopoderoso González le costó lo suyo convencer al partido de que tragara con Garzón, que salió en desbandada a las primeras de cambio, los actuales cuadros socialistas dan la impresión de no estar dispuestos a pasar por lo mismo. «Esto no da un voto», aseguran.

El jueves por la noche, la federación más díscola con el secretario general, la andaluza, empezó a escenificar su distanciamiento, negándose a aprobar la candidatura madrileña por los «insultos reiterados» de Lozano a su comunidad –llegó a comparar al PSOE-A con el PRI mejicano–. Le siguieron en la protesta los asturianos y los gallegos,estos últimos por cuestión interna: la exclusión de Laura Seara al Congreso y Teresa Taboada, al Senado por Orense, desató un incendio que hizo que los miembros del Comité Federal gallegos no asistieran ayer.

Pedro Sánchez defendió la «decencia» y «honradez» de todos los candidatos y avisó que «lo que os pediremos es la exigencia de trabajar duro, con ejemplaridad, escuchando y dialogando, teniendo siempre presente a quienes representamos», subrayó el secretario general de los socialistas. Sánchez cree que el PSOE llega al 20 de diciembre siendo un partido con «experiencia y equipos renovados, preparado y con ganas de ganar» a un Rajoy «agotado» y sin proyecto para España.

No obstante, puntualizó que el PSOE no quiere «derrotar a nadie», sino que lo que le mueve es «el hambre de cambiar las cosas, de hacer progresar a España y de contribuir al bienestar de la mayoría».