Los dos desaparecidas en Cuenca - abc

El primo de una de las dos desaparecidas en Cuenca: «Nunca habría dejado al perro»

El hallazgo en el coche de la medicación de Laura contradice que huyera con su amiga

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Cinco días sin Laura y sin Marina. También sin la expareja de esta última, Sergio. Demasiados para lo que podría soportar una familia, que organiza batidas para encontrarlas y pide más información a la Policía y a los propios vecinos, sabiendo que la investigación se encuentra bajo secreto de sumario, decretado por el Juzgado de Instrucción número 2 de Cuenca.

La hipótesis inicial que barajó la Policía Nacional en un primer momento de la huida voluntaria, según indicaron a ABC fuentes de la Delegación del Gobierno en Castilla-La Mancha, se amplía ahora a cualquier supuesto. No se descarta nada. La familia de las chicas, de 24 y 26 años, siempre ha mantenido desde un primer momento que están retenidas en contra de su voluntad, que no se han ido de casa por voluntad propia. «No tienen ningún motivo para hacerlo», según comentan. Laura está a punto de empezar a formarse en lo que más le gusta, la peluquería. Marina, de origen ucraniano, trabaja en la ciudad.

El primo de Laura del Hoyo y portavoz de la familia, Luis Javier Chamón, subraya que todos los indicios apuntan a que no se han ido de fiesta o hayan querido desaparecer. Uno de los motivos por los que descartan que huyeran de manera voluntaria es que en el coche de la joven ha aparecido su teléfono móvil, su documentación e incluso la medicación diaria que toma para controlar un problema cardiaco que padece, necesaria para su día a día. Nunca se le olvidaría. Eso, y el hecho de que está muy apegada a su mascota, -«un perro al que nunca dejaría descuidado»-, les afianza su hipótesis.

Según el relato de los familiares, las chicas quedaron para ir a casa de Sergio Morate, también desaparecido, a recoger unos enseres personales. Al parecer, mantuvo una relación sentimental con Marina, quien pidió a Laura que la acompañara para no ir sola. «Baja», dijo ésta cuando fue a buscarla y había llegado a su puerta. Ahí se pierde el rastro. «Perdimos la pista cuando las chicas quedan, ya no sabemos nada más», declaró ayer Chamón. No se sabe si llegaron a casa del joven, ni siquiera si se vieron. Su coche apareció aparcado horas después en la calle Fausto Culebras, «más o menos cerca de la casa de Sergio, que está un poco más abajo».

Los familiares de Laura mantienen contacto con los de Marina, según comentan. Han organizado batidas para encontrarlas. «Allá donde nos dicen que hay un indicio, vamos», señala el portavoz de la familia. Sus allegados piden colaboración ciudadana para encontrarlas, pero también demandan más información a los agentes de la Policía Nacional que llevan el caso. «Llega con cuentagotas», lamenta Chamón, quien reconoce que lo primero es la investigación al tiempo que agradece la labor que está desarrollado el equipo de la brigada.

Entre tanto, la ciudad de Cuenca sigue empapelada con carteles con fotos de los tres jóvenes. Algunas en blanco y negro con las dos chicas, otras a color con los tres jóvenes. Están en cada esquina, en cada barrio, en cada farola de una ciudad tranquila que se encuentra ahora desconcertada con una noticia que ha conmocionado a todos. Las redes sociales también se han llenado de mensajes de búsqueda, de apoyo, de esperanza pero también de temor ante un desenlace no deseado.

Siete años de amistad

A Laura del Hoyo la describen sus conocidos como una chica «buena», «guapa», «divertida». Horas antes de su desaparición, en su perfil en Facebook -donde tiene casi 200 amigos-, decía estar ilusionada por la «nueva etapa» que emprendía. «Voy a prepararme para ser una profesional de peluquería», declara en su último post.

En los próximos meses iba a empezar un módulo para formarse y cumplir su sueño, que practicaba con sus continuos cambios de look. El actual, corto y pelirrojo, como aparece en las fotografías difundidas en los carteles.

Marina, de 26 años, ha trabajado en varios locales de la ciudad, entre ellos, un restaurante. Se conocían desde hace unos siete años, según cuentan los familiares. Hace pocos días estuvieron juntas pasando unos días en la playa, en Valencia, antes de que Laura abandonara el piso compartido en la capital del Turia. Fue al regreso de ambas cuando se dirigieron a casa de Sergio, un joven cuya familia regenta una tienda de muebles en Chillarón.