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Balconing, muertes sin número

La estadística más cercana categoriza estos fenecimientos como «caídas desde fuera o a través de un edificio en comercio y área de servicios»

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Cada año, cuando llega el verano, en las redacciones se inicia una cuenta rutinaria: la de los muertos por «balconing». Una cuenta que ya ha comenzado este 2015 con un joven británico en Ibiza, quien no pasará a formar parte de ningún balance oficial específico, ni tampoco de una estadística pública que analice si se extingue o aumenta el número de jóvenes que se dejan la vida desde el balcón de un hotel.

El Ministerio del Interior no recoge estas muertes en ninguna estadística oficial ya que no conllevan la comisión de un delito. Sí se han elaborado informes puntuales, como el que se encargó a los Mossos d’Esquadra después de que el gremio de hoteleros de Lloret de Mar (Gerona) pidiera medidas urgentes en 2013 para paliar el descontrol del turismo «de borrachera». También desde las jefaturas provinciales de Policía que lidian con este problema cada verano llevan un conteo a nivel interno.

En definitiva, lo más cercano a una cifra oficial de muertos por «balconing» está reflejada en la estadística de defunciones en territorio español que cada año elabora el Instituto Nacional de Estadística (INE). Dentro del apartado sobre causas externas de traumatismos accidentales se encuentra la de muertes por «caídas desde fuera o a través de un edificio u otra construcción, en comercio y área de servicios».

Son caídas producidas en hoteles, desde un balcón a una piscina de cemento o desde el espacio que separa una terraza de otra. Pero, por qué no, también puede ser la caída de quien se asoma demasiado por una barandilla sin querer. Tampoco tiene que ocurrir en un hotel, puede suceder en un centro comercial para que se contabilice en este apartado. Porque esta categoría de «caídas» es solo un apartado más de la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), según la cual los países europeos publican sus estadísticas de defunciones.

Por eso es difícil determinar cuántos mueren por «balconing» y, por tanto, trazar a nivel nacional una progresión o averiguar si los esfuerzos de concienciación y prevención tienen resultados. Solo atendiendo a la mencionada estadística del INE, en 2013 (último año del que hay datos) hubo 11 muertes, en 2012 fueron 5; en 2011 fueron 3; en 2010 fueron 4 y en 2009 fueron 6. Y todo ello, sin contabilizar los heridos.

La mayoría de los casos de «balconing» se dan entre jóvenes que rondan los 20 años. Cotejando con la hemeroteca, coinciden las muertes por «balconing» con la estadística de 2011: hubo dos en Ibiza y una en Tenerife. Todos jóvenes extranjeros entre los 20 y los 24 años. Sin embargo, hay otros años en los que la correlación no es tan clara, como es el caso de los datos de 2013: de los 11 muertos reflejados, ocho pertenecían a la franja de entre los 15 y los 34 años.

Mientras, los ayuntamientos se mantienen en pie de guerra un año más para intentar frenar esta práctica y sus consecuencias. El pasado mes de mayo el Ayuntamiento de Calvià aprobaba una norma por la que consideraba falta grave el «balconing», que será multado con cantidades que van desde los 750 a 1.500 euros, algo que ya había hecho años atrás Lloret de Mar. También se ha ampliado el alto de la barandilla en muchos hoteles y se han emitido folletos para concienciar a los jóvenes. Hasta el Foreign Office, que cada año ve como jóvenes británicos mueren o resultan gravemente heridos en esta práctica, ha realizado campañas de prevención.