Francisco Narla escribió «Caja Negra» en el año 2010. Se adelantó a la tragedia. Siempre ha compaginado su labor como piloto con la escritura. Tiene un largo historial de ensayo, poesía y relato corto, junto a varias novelas - fotos: ABC. vídeo: atlas
autor de la novela «caja negra»

Francisco Narla, el piloto gallego que se anticipó cinco años a la tragedia de Germanwings

Se puso frente al folio en blanco y pensó en verter su veteranía como comandante en su otra vocación. Salió una aterradora historia con un asesino que estrella el avión. Aún se le advierte cierto tono de culpabilidad, como si tuviese algo que ver con Andreas Lubitz

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Francisco Narla (Lugo, 1978) ha sido comercial, empleado en una tienda de acuariofilia, jefe de barra en una coctelería, fotógrafo, modelo y montador profesional de moscas para pesca deportiva. Atesora también más de 9.000 horas en una larga trayectoria desde 1999 como comandante en vuelo. Pero siempre sintió pasión por los libros de aventuras y héroes, empatía hacia los personajes de novela, la poesía, el relato corto y el ensayo. Cursó Matemáticas, Ingeniería, Administración de Empresas y es, como se deduce a vuelapluma, extraordinariamente culto e inquieto. De hecho, ha residido en Santiago de Compostela, Madrid, Los Ángeles y Barcelona y en la actualidad, en un rincón de Galicia donde compagina su amor por las letras y su trabajo como piloto de transporte de línea aérea con la granja, los bosques y el trabajo en el campo.

Y esta introducción de un hombre gallego al que casi no le falta aditamento ninguno se completa con que es el escritor que se adelantó un lustro con su pluma a la tragedia acaecida en los Alpes franceses el pasado 24 de marzo, a cargo de un copiloto con impulsos suicidas y una baja médica manipulada, Andreas Lubitz, a quien su desprendimiento de retina le iba a «condenar» antes o después al abandono de su máxima pasión: volar.

El alemán siempre quiso estar ahí arriba, y con un difícil y transitorio momento emocional como añadido, decidió estrellar el Airbus A320 de la compañía Germanwings que cubría el trayecto Barcelona-Düsseldorf y matar a todo el pasaje. Un asesino de 150 personas. Como el protagonista de «Caja Negra», editado por Planeta en el año 2010, ahora republicado y cuya segunda edición yace agotada. La tacha de oportunista es lo que Narla pensó que llegaría de inmediato tras el suceso, pero se ha encontrado con la comprensión lógica de que quizás su comportamiento fue algo adivinatorio, precursor incluso, pero ni gafe ni instigador de la desgracia planeada solo por una mente enfermea. Eso sí, es consciente de la mayor repercusión de su novela por el impacto morboso, mediático y de candente actualidad: «A la hora y media de la desgracia de Los Alpes, ya me estaban llamando en Radio Galega porque hay periodistas, personas que se acordaban de mi novela, la habían leído y dedujeron que era muy similar la trama», aduce.

Su pluma fue adivinatoria, precursora incluso, pero ni gafe ni instigadora de la tragedia

Era conocida la novela, pero «salir en todos los medios sin haber matado a nadie sorprende», dice con un letal juego de palabras en este caso. «¿Cómo se siente?» es un cuestionamiento repetido para él en las últimas semanas. Inquiere: «Me siento atropellado por el éxito y sacudido por los acontecimientos, agradecido de que la gente lea la obra, pero la novela tiene mucho más». No es la única historia que recoge el volumen, en efecto; también hay un hilo interesante de intriga con un funcionario gallego que graba psicofonías como protagonista aderezado por un trasfondo de parapsicología, si bien es el copiloto de línea de largo radio asesino quien recuerda al alemán Lubitz porque bloquea la puerta de la cabina con la sola voluntad de derribar el avión (contra el mar, la ficción dista en este punto de la realidad).

No acaba de sentirse cómodo con los paralelismos que jalonan su obra con la desgracia en terreno galo. «No dejo de pensar que lo más terrible es la pérdida de tantas vidas», sostiene, y explica qué le motivó a la escritura de la obra con una sencilla retórica: «Me puse a escribir, con mi primera novela "Los lobos del centeno" vie el tirón que despertaba mi segundo trabajo, la aviación, y empecé a buscar una historia original sobre ello, de intriga. Podría haberme quedado en una novela de amor entre un piloto y una azafata, pero casi todo estaba hecho, había muchas historias ya contadas. Pensé en volcar mi experiencia profesional en un libro, quería aterrorizar a los lectores, la situación más sencilla podría ser lo más aterrorizante, ya había muchos libros escritos sobre fallos hidráulicos, averías, como "Airstream"... Y al final vi que bastaba con que el piloto fuese malo, era un mero decorado». Su último pensamiento fue que su historia saldría de estas páginas para incrustarse en los Alpes franceses. Lo expresa en una larga conversación con ABC.es de una forma muy gráfica: «Desde el punto de vista literario, yo imaginé una pesadilla terrible y lo que nunca pensé es que aquello que dejé encarcelado en el papel fuese a ocurrir de verdad».

En su tierra, una meiga más

—«Entonces, ¿haberlas haylas? Más teniendo en cuenta su procedencia, muchas veces le habrán llamado meiga...»

—«Me hacen muchas bromas en el sentido de si soy una meiga, adivino... pero como el escritor que publicó 15 años antesdel Titanic una novela sobre el hundimiento de un trasatlántico o el que previó los atentados islamistas en Francia. Son coincidencias. Te asusta un poco, la verdad, eso sí».

«Me hacen muchas bromas sobre si soy meiga, pero el Titanic fue descrito 15 años antes»

El debate de la seguridad en los aviones aterriza, insoslayable. Al compás del de si Lufthansa reaccionó como convenía. Narla atribuye a la diferente idiosincrasia alemana-española el hecho de que no se hayan producido dimisiones en la aerolínea, una de las más reputadas por su bajo índice de incidencias por cierto, si bien recuerda que la familia Airbus tiene un historial algo intrincado, ya que «los ordenadores de vuelo se pelean entre ellos y siete meses antes de la tragedia se había registrado un problema».

«El sistema estaba trabajando bien. El mismo sistema ha evitado en innumerables ocasiones -de hecho trae a colación que el avión es el medio de transporte más seguro- un siniestro». «Pero -prosigue- había un elemento que quiso burlar el sistema: él y solo él oculta la información, que tenía la total voluntad de hacer daño, en cualquier formación del piloto se ha calculado esto para que no pase. Incluso el médico aeronáutico llega a controlar si el comandante puede volar o no después de haber tomado un antiestamínico. Pagamos seguros muy altos de pérdida de licencia, se repiten los reconocimientos médicos, se toman todas las precauciones.... Pero ha sucedido. Y evidentemente tenemos que decir que no estamos al 100% protegidos. Habrá que cambiar algo».

La segunda caja negra del avión de Germanwings estrellado en Los Alpes confirmó una acción deliberada del segundo piloto, Andreas Lubitz
La segunda caja negra del avión de Germanwings estrellado en Los Alpes confirmó una acción deliberada del segundo piloto, Andreas Lubitz

—«¿Conoce casos cercanos a usted de compañeros que hayan volado en malas condiciones? O que hayan reconocido tras el vuelo que lo hicieron...»

Propone: —«Imagine el caso contrario. El piloto muchas veces decide no volar por fatiga, o conozco casos de un compañero cuya suegra falleció y no fue a volar, pidió varios días... El piloto normalmente sobrelleva bien los disgustos. Yo soy muy duro, frío. Al avión tiene que subirse el piloto solo, no él y sus problemas. En general, hay compañías que aprietan más, y sí que es cierto que algunos compañeros tienen mayor imperiosidad porque solo cobran lo que vuelan. El tema laboral se ha visto resentido en los últimos tiempos. Aunque en general, siempre hay un sentido de la responsabilidad más allá de cómo está el mercado laboral... Y en la mayoría de las ocasiones, si un piloto comete un error, no acarrea la pérdida de vidas. Conozco un caso de un chico al que se le murió su padre y si no volaba, no cobraba. Todo el mundo conoce alguno de estos casos. El otro día mismo no pude volar desde Santiago por un fallo en los pliegos hidráculicos, se estropean cosas en el sistema electrónico, pero el impacto de esas averías no conlleva desgracias mayores. Creo que la estadística dice que solo una de cada tres millones de salidas presentan alguna mínima incidencia».

—«¿Cómo podrían evitan las aerolíneas que se colasen casos como el de Lubitz?»

—«Yo siempre digo que hasta los servicios secretos tienen topos y si a ellos se les cuelan topos, cómo lo evitamos los demás en el futuro. Por más controles que pongas a veces no se logra. Las medidas de seguridad de llevar a más tripulantes de cabina junto a los pilotos y sobre todo cuando uno de ellos salga eran ya recomendaciones y en Estados Unidos se estaban aplicando en la actualidad. No se evita que el piloto que quiera estrellar el avión lo haga, era un medio de alama. Yo peso ciento y pico kilos, me gusta boxear, si quisiera hacer lo que hizo Lubitz no lo impediría un tripulante de cabina. Nos tenemos que dar cuenta de que lo que ha sucedido ha sido una excepción. No hay que descorazonarse ni desesperar, no hay que desconfiar de los patrones de barco que los manejan, o los conductores de camión de mercancías peligrosas...».

—«Pero no le parece que si hubiese sido en España, con un avión de Iberia, por ejemplo, no se hubiesen pedido responsables?»

—«Lufthansa es un grupo envidiable, también en la formación de sus pilotos. Después del accidente, no lo sé, depende, si yo hubiese sido el responsable, hubiese dimitido, pero la mentalidad alemana es diferente y su ley y sistema de protección de datos médicos también lo es».

Francisco Narla se halla ahora inmerso en una novela de trasfondo histórico, que vuela hasta el oro gallego que expolió Roma en tiempos de Julio César, una obra también con un componente próximo a la naturaleza en la que tanto indaga...

«Gracias -bromeamos con el autor-, nos quedamos mucho más tranquilos». Se ríe. Y despega.