Lucía Figar
Lucía Figar - jaime garcía

Una ministra y nuevas caras en el PP

Lucía Figar se perfila como recambio de Wert en el Ministerio de Educación

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Un nuevo ministro de Educación, probablemente la exconsejera madrileña Lucía Figar, y un refuerzo a la labor de María Dolores de Cospedal al frente del PP. Es la apuesta de buena parte del Gobierno después de que el presidente anunciara que va a hacer algunos cambios para aplacar las guerras desatadas a raíz de los resultados electorales: barones regionales contra el Gabinete, adversarios de la secretaria general que quieren su cese, críticas casi unánimes a la política informativa de Moncloa.

Lo único en lo que todos están de acuerdo es que Mariano Rajoy no hará más cambios en su Gobierno que los estrictamente necesarios. Además, no hay ya margen de tiempo para ofrecer una nueva imagen del Ejecutivo. Las Cortes se van a disolver a comienzos de otoño y «lo único que ahora puede hacer es nombrar exministros», explica uno de los veteranos. Se da por hecho que solo moverá ficha en la cartera de Educación y, quizás, en la de Economía.

Sus compañeros ya saben que José Ignacio Wert será nombrado próximamente embajador en la OCDE y entre ellos corre el rumor de que Lucía Figar, exconsejera madrileña de Educación, tiene todas las papeletas para sucederle. Figar fue la favorita inicial de Rajoy para ese cargo, que ofeció a Wert el de presidente de RTVE a comienzos de la Legislatura. Al final ella se quedó fuera. Ahora ha abandonado la política, tras rechazar la oferta de ser la candidata a la alcaldía de Madrid antes de que se recurriera a Esperanza Aguirre.

Luis de Guindos será elegido próximamente, casi con toda seguridad, presidente del Eurogrupo. Pero no es probable que ese sea un trabajo a tiempo completo, que es lo que a él le hubiera gustado. Tan reacio es Rajoy a los cambios que ha negociado ese nombramiento con Merkel y Holland para que el trabajo sea como hasta ahora, compatible con el de formar parte de un gobierno europeo.

A los dirigentes del PP les gustaría que el presidente hiciera más cambios para mejorar su imagen de cara a las elecciones generales. Aunque pocos llegan al extremo del Gobierno de Castilla y León pidiendo el cese del titular de Industria, las críticas al Ejecutivo abundan. Muchos alcaldes y presidentes regionales se quejan de que han recibido en su trasero patadas dirigidas al Gobierno y recuerdan que los índices de popularidad de sus integrantes, desde el presidente para abajo, son los más bajos registrados en tiempos democráticos.

En el Gobierno se defienden: «Los territoriales se han dedicado a culpar al Gobierno de la política de austeridad que todas las administraciones hemos tenido que imponernos para salir de la crisis, como si la gente no supiera que somos todos del mismo partido», sentencia un importante ministro económico. Todos, como todo el mundo en Moncloa y en Génova, critican a los barones que anunciaron que se retiran en cuanto conocieron sus resultados. «A eso se le llama entrar en estampida de pánico», sentencia una persona próxima al presidente.

Otro punto en el que existe casi unanimidad es el de la crítica a la política de comunicación del Gobierno. El «casi» se refiere a los más allegados a Soraya Sáenz de Santamaría, su responsable. La unanimidad va desde el grupo de ministros conocidos como «G-8», que llevan tiempo quejándose de cómo se venden los logros del Gobierno, al concejal popular del último pueblo de España que ya se ha enterado de que la cadena de televisión anti-PP que les pone a parir mañana, tarde y sábados noche funciona gracias al favor recibido de La Moncloa.

Si fuera por el «fuego amigo», María Dolores de Cospedal ya estaría políticamente muerta. Sus adversarios lo han intentado a través de titulares de prensa en ciertos diarios. Ha sido inútil. Rajoy apoya a su secretaria general. El «G-8», también. «Ella tendrá ahora mas tiempo para dedicarse al partido. Eso es un refuerzo», afirma uno de los integrantes de ese grupo. En Génova se esperan, eso sí, incorporaciones de caras nuevas que ayuden a Cospedal. Pablo Casado será uno; Figar podría convertirse en otro. Dicen que Rajoy busca a personas con mensaje centrista, al modelo de Cristina Cifuentes, la última estrella del PP.