Ismael Monteagudo, que es el número seis del PSOE al Ayuntamiento de Malagón, cantó ayer para el líder socialista
Ismael Monteagudo, que es el número seis del PSOE al Ayuntamiento de Malagón, cantó ayer para el líder socialista - abc
el contramitin

Ideas de calderilla

Los candidatos se están viniendo arriba, algunos tanto como la populista Colau, que ya promete emitir moneda

Actualizado:

Hasta el momento, el premio se lo llevaban las naumaquias, esas «batallas navales» en el estanque del Retiro con las que el socialista Carmona quiere recuperar «el pulso perdido de la cultura» en Madrid (3.165.000 habitantes) y que suponían la promesa con más papeletas de llevarse el galardón a la propuesta más estrafalaria, descacharrada y epatante de cara al 24-M. No es poco el mérito encabezar la lista, si tenemos en cuenta que en este circo de las municipales hay más de ocho mil aspirantes a alcalde, gente con la cabeza convertida en una olla exprés, bullendo y bullendo ideas (o así) «para el mejor bienestar de los vecinos y el mayor progreso de nuestro querido municipio».

Todos pensando... menos, al parecer, Pedro Fernández, el candidato de Ciudadanos en Ciudad Real (casi 80.000 habitantes), que en vísperas de la campaña el hombre aún no sabía muy bien si tenía que hacer «una casa de la cultura» o «un centro de alto rendimiento» mientras da la batalla contra «la corrupción y el trabajo (sic)», los dos grandes enemigos -a su juicio- de los ciudadrealeños.

Pero entre los pirotécnicos juegos navales de unos y los desoladores páramos de otros, el goteo incesante de mítines nos van descubriendo un tercer grupo de «copérnicos» que se están viniendo muy arriba en el alumbramiento de genialidades. Es el caso de Ada Colau, candidata populista al Consistorio de Barcelona (1.602.000 habitantes), que ya se propone crear una moneda local para «pagar subvenciones y sueldos públicos». Hasta el momento, nadie se había planteado emitir moneda, pero Colau sabe bien de lo que habla y la mejor manera de que el dinero de la administración fluya. No en vano, la ONG a la que perteneció -Observatori DESC- se embolsó 3,75 millones (en este caso de euros) en distintas tandas de subvenciones concedidas por las administraciones públicas, ayuntamiento, Generalitat y Ministerio de Asuntos Exteriores.

La idea de Colau no es nueva. En los cinco continentes existen archiperres monetarios como el que ella propone para la Ciudad Condal. En el Reino Unido, por ejemplo, funcionan desde hace tres años los Bristol Pounds, unos billetes con aspecto de «Corticoles» que son el orgullo de los partidarios del comercio colaborativo, sostenible y enrrolladete bristoleño, aunque por el momento solo han logrado que floten en esa divisa el equivalente a 600.000 euros, un grano de arena en la playa de la economía local. Se trata de una variante de «divisa-aldea», que solo vale en los comercios y entes asociados a esa red. Los funcionarios del ayuntamiento andan espantados con la idea de que la nómina se la paguen en los nuevos «adacolaus» en vez de en euros.

Ahora que en Dinamarca dan el primer paso para eliminar el pago en monedas y billetes -con una apuesta total por la tarjeta o casi más a través del móvil- el populismo saca lustre a sus ideas de calderilla.