Andreas Lubitz, en una carrera en 2009
Andreas Lubitz, en una carrera en 2009 - afp
Tragedia aérea

Andreas Lubitz: «Todos van a saber mi nombre y recordarlo»

Su exnovia confiesa al «Bild» que el copiloto quería «hacer algo» para cambiar «el sistema»

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El copiloto Andreas Lubitz, que estrelló voluntariamente el avión de Germanwings en los Alpes, quería «cambiar el sistema» y que su nombre fuera recordado para la posteridad, según ha declarado su exnovia en una entrevista al diario alemán « Bild» publicada este sábado.

La joven, identificada como María (no es su nombre verdadero), de 26 años, ha confesado al medio alemán que Lubitz demostraba ocasionalmente ataques de ansiedad y pesadillas. «Un día voy a hacer algo que cambiará el sistema entero, y entonces todos van a saber mi nombre y recordarlo», ha parafraseado María.

«Nunca supe lo que quería decir, pero ahora tiene sentido», ha añadido la mujer en la entrevista. María, asistente de vuelo, reconoció que llegó a sentirse asustada por el comportamiento del piloto, que se despertaba por la noche gritando «¡Nos vamos abajo!». «Sabía cómo esconder de los demás lo que le pasaba dentro», ha añadido.

La asistente sospecha, por último, que Lubitz estrelló el avión porque comprendía sus problemas de salud. «El trabajo de sus sueños era trabajar para Lufthansa como capitán, y entendió que a largo plazo eso era prácticamente imposible», ha concluido.

Problemas de visión

Según ha publicado The New York Times a partir de fuentes oficiales próximas a la investigación, Lubitz estaba buscando tratamiento para corregir problemas de visión que podrían haber puesto en grave peligro su carrera como piloto.

Se desconoce la gravedad de este problema o si podría estar relacionado con su trastorno mental, y no se descarta que esta deficiencia de visión pudiera tener una causa psicológica, según este mismo medio.

Por ahora, no está clara la seriedad de su problema visual, según "The New York Times", que añade que las autoridades no han descartado que fuera psicosomático. El periódico recuerda que, según varios testimonios, para Lubitz era muy importante volar y que no había cumplido sus aspiraciones profesionales de cubrir rutas de larga distancia como comandante.

La Clínica Universitaria de Düsseldorf informó el viernes de que Lubitz había sido evaluado en sus instalaciones por última vez el 10 de marzo. Consultada por "The New York Times", una portavoz del centro no quiso comentar si el copiloto había presentado problemas de visión, alegando las leyes que protegen la privacidad de los pacientes.

En un comunicado, la clínica calificó el viernes de "incorrecto" que Lubitz fuera tratado en ella por depresión y dijo que había acudido al centro para contrastar diagnósticos, sin dar más detalles.

No era la primera vez

Por otra parte, tampoco era la primera vez que dejaban solo en la cabina a Andreas Lubitz. Otro piloto de la compañía de low cost de Lufthansa también le dejó a los mandos de la aeronave durante otro vuelo de la aerolínea alemana, explica en una entrevista difundida este sábado por el diario Bild: «Le recuerdo bien. Cuando volé con él, también abandoné mi lugar durante un breve momento para ir al baño», señala Frank Woiton, de 48 años, quien asegura que no había nada que le llamara especialmente la atención de Lubitz, de 27.

Agrega que cuando compartieron cabina, el copiloto le habló de su formación, «de lo feliz que era» y «dijo que pronto volaría largas distancias y que quería convertirse en comandante». Sobre su forma de pilotaje añadió que «dominaba muy bien el avión, lo tenía todo controlado. Por eso también lo dejé sólo en la cabina para ir al baño», indica Woiton, que ha sido destacado en las redes sociales por dirigir el jueves unas palabras tranquilizadoras a su pasaje, que realizaba la misma ruta del avión estrellado en los Alpes.

En su opinión, « el inconcebible acto de este hombre ha destruido una infinita confianzaque ahora debe ser reconstruida paso a paso». El día después de la tragedia, Woiton, que en realidad libraba, se presentó voluntariamente al trabajo, porque muchos de sus colegas de Germanwings no se veían en condiciones de volar.