Susana Díaz durante el último día
Susana Díaz durante el último día - afp
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Susana Díaz, de las bambalinas al liderazgo total

Toda una vida en política hasta lograr el refrendo en las urnas del cargo que heredó

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Estas elecciones significaban un ejercicio de autoafirmación. Un proceso con el que Susana Díaz buscaba la legitimación de los votos, después de heredar el cargo de José Antonio Griñán en septiembre de 2013. La campaña, arbitrariamente separada del resto de comicios autonómicos y municipales de mayo, y con Díaz en los primeros meses de gestación de su embarazo se presentaba como un plebiscito sobre su persona. Una oportunidad de terminar de forjar ese perfil de mujer de Estado que se le presuponía

Licenciada en Derecho por la Universidad Hispalense y diplomada en Alta Dirección de Instituciones Sociales por el Instituto Internacional San Telmo, Susana Díaz carece de experiencia al margen de la política. Su trayectoria laboral es el reflejo de su carrera política. Un viaje que ha tomado velocidad de crucero en los últimos años. En 2004 era todavía secretaria de organización de las Juventudes Socialistas de Andalucía, un cargo que desempeñaba desde 1997 y que le permitió conocer al dedillo el funcionamiento de las estructuras internas del partido.

Un proceso de aprendizaje al que Susana Díaz ha dedicado toda su vida. En 1999, con tan solo 25 años se convertía en concejal del ayuntamiento de Sevilla. Fue en 2004 cuando su carrera experimentó el primer gran impulso. Ese año logró un escaño en el Congreso de los Diputados, además abandonó su puesto en las juventudes para saltar al poder orgánico del PSOE como secretaria de organización del PSOE en Sevilla. Esa fue la posición en la que desempeñó su carrera durante los primeros compases, la de número dos.

Desde 2010 asumió la Secretaría de Organización de la federación más importante del PSOE. Dos años en el cargo que sirvieron de trampolín para ocupar la secretaría general del partido en Sevilla. A la vez, José Antonio Griñán la colocaba como su consejera de presidencia. Todo estaba listo para el relevo.

Griñán se fue en pleno auge del escándalo de los ERE, en un intento de salvar las expectativas futuras del partido. Díaz asumía en 2013 primero la presidencia de la Junta y posteriormenta la secretaría general del partido. En un contexto de debilidad del PSOE, Susana Díaz se convertía en el faro de un barco a la deriva.

Mujer, joven, sin excesivas cargas del pasado. Pero, más que todo, líder indiscutible de la federación más importante del partido. La que más militantes tiene y la que más delegados aporta a los Congresos del partido. Parecía el perfil ideal al que se agarraban muchos simpatizantes socialistas.

Tras fracasar en 2012 su apuesta por Carme Chacón, todavía con Griñán a la cabeza, todas las miradas volvían a posarse en Andalucía de cara a la consulta los militantes que debía elegir al sucesor de Alfredo Pérez Rubalcaba. Una carrera de la que Díaz se había apartado, más por la ausencia de alternativa en una Andalucía a la que acababa de llegar, que por un deseo personal. Como ella misma diría posteriormente, «el tren pasó una vez, pero si vuelve a pasar, ya veremos».

Desde el primer día que accedió al cargo de secretario general del PSOE, el liderazgo de Pedro Sánchez ha vivido bajo la sombra del poder andaluz. Con la espada de damocles de que sería líder del PSOE hasta que Susana quisiese. Hasta que decidiese dar el salto a la política nacional. Los resultados de estas elecciones