José Luis Rodríguez Zapatero y Tomás Gómez - ABC
PSOE - Guerra entre Pedro Sánchez y Tomás Gómez

La carpeta roja de Rubalcaba

Nadie sabe suicidarse como los socialistas madrileños. Esta es la historia de la muerte asistida de Gómez y sus verdugos

Mayte Alcaraz
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Pedro Sánchez llama a Ángel Gabilondo. Comienza la segunda semana de febrero. Quiere avanzarle una noticia que va a hacerse público el miércoles (ayer): la destitución de Tomás Gómez, el líder del socialismo madrileño que da nombre a la carpeta roja, tóxica, que descansa sobre la mesa de la nueva Federal como herencia envenenada a la que no supo administrar antídoto Alfredo Pérez Rubalcaba. Esa carpeta recoge documentos de la UDEF, del Juzgado de Instrucción número 5 de Parla y del Tribunal de Cuentas que apuntan a la responsabilidad política -y se investiga si penal- del ayer expulsado candidato socialista en los sobrecostes del tranvía de Parla, la obra estrella del que fuera alcalde más votado de España. Pero sobre todo incluye un demoledor sondeo que rebaja peligrosamente las expectativas electorales de Ferraz en Madrid: si en las europeas la marca con Gómez a la cabeza bajó por debajo del 19% en la capital, ahora con los mismos rostros podría no superar ni el 15% aventajado holgadamente por Podemos.

El exministro de Educación de Zapatero le pregunta a su interlocutor por las razones -aunque las intuye- de que le llame para ofrecerle semejante primicia. Sánchez le espeta: «Quiero que seas el candidato. Sé que faltan 100 días pero hay posibilidades». El profesor de la Autónoma queda en mantener una conversación en unos días para contestar a la oferta. Pero, inopinadamente, no cierra la puerta. No dice abiertamente que no. A su exjefe Zapatero sí le dio calabazas en 2007 cuando también le tentó para el Ayuntamiento. Al expresidente no le quedó más remedio, ante la negativa de Gabilondo, que colocar como solución de emergencia a su amigo Miguel Sebastián, con el resultado ya conocido.

Pero Sánchez tiene que atar más cabos antes de la operación más demoledora que se recuerda en el PSOE. Ahora toca hablar con Rafael Simancas. Él será el encargado de dirigir la operación de desmontaje de todo un régimen, casi un partido dentro del Partido Socialista: el que lidera Tomás Gómez en guerra primero contra la Federal de Rubalcaba, y después contra la de Pedro Sánchez. Sus dos enemigos, curiosamente, se han acercado en los últimos meses. La sucesión de movimientos es llevada en secreto. Simancas se siente damnificado por la gestión de su sucesor: él recuerda que dejó el partido con 30.000 militantes y ahora el «mirlo blanco» que llegó para enderezar su gestión lo deja con la mitad, 15.000. Ni siquiera Antonio Miguel Carmona, amigo de Gómez pero bien relacionado con Sánchez, es conocedor de los movimientos telúricos que se aproximan. Así lo relata un miembro de la Ejecutiva del PSM. Tanto, que el candidato municipal se atreve en su presentación en el Ritz la mañana del martes a poner «las dos manos en el fuego por Tomás». Le escucha Sánchez, sentado en la mesa noble del desayuno. El líder de la oposición calla pero lanza un mensaje a navegantes que todos interpretan en clave de soflama electoral. Pero sus palabras son premonitorias: «La política siempre tiene que estar varios pasos por delante de la investigación judicial». Y Sánchez hace ante un auditorio deseoso de escuchar a Carmona un canto a la regeneración y a la transparencia, sabedor de que esa será su munición «oficial» contra Gómez: atajar la «mala imagen» de presentar en el cartel madrileño a un político cuya plana mayor municipal está imputada en pleno por malversación y prevaricación por el coste disparatado del tranvía de Parla (de un presupuesto de 108 millones pasó a 256 que han dejado en bancarrota al municipio) y cuyo amigo íntimo y sucesor en la Alcaldía, José María Fraile, está en libertad condicional por el caso Púnica. Una mortífera arma electoral en manos del PP y de sus enemigos naturales, la izquierda radical de Podemos.

Pero es que además, relatan en el núcleo duro de Ferraz, «la inestabilidad interna era manifiesta. Tomás tiene una máxima: o se está con él o contra él». Lo cierto, desvela la misma fuente, es que la lucha de poder que se estaba manteniendo entre el PSM y la cúpula nacional era «insostenible». Por un lado, los cuadros madrileños en defensa cerrada de su jefe y, por otro, el equipo de Sánchez, cada vez más persuadido de que Madrid necesita «una desinfección profunda», en palabras de un diputado nacional, para llegar con algo de oxígeno a una cita electoral en la que el PSOE se juega su supervivencia.

Petición de explicaciones

El peso de esa guerra interna la llevaba desde la Ejecutiva la mano derecha de Sánchez, César Luena, que llamó a capítulo a Gómez en su despacho en octubre para reclamarle explicaciones sobre la operación Púnica y las investigaciones sobre el sobrecoste del tranvía. A Ferraz había llegado unas semanas antes un rumor de que Tomás Gómez no era del todo ajeno al escándalo que se ha llevado por delante a los socialistas de Parla. Pero el candidato regional ofreció pocas explicaciones salvo que él no sabía nada de lo que su amigo José María Fraile había hecho y que cuando el 22 de diciembre de 2006 la Junta de Gobierno modificó el proyecto del tren «yo no estaba». La Federal le recordó que las decisiones en una Corporación tienen como máximo responsable al alcalde, aunque se haya ausentado de la reunión. De aquella charla poco amable salió una determinación: estudiar el andamiaje estatutario para remover de su cargo a Gómez. Un golpe de mano que, según un dirigente madrileño, «le permita imponer su autoridad y lanzar mensajes a Susana Díaz, de cara a la guerra que entablarán en los próximos meses». La solución, acuerdan en Ferraz, pasa por una llamada por la mañana a los secretarios regionales. Con una reunión el miércoles de la Permanente será suficiente, concluyen. Sin embargo algunos barones ayer reprochaban el método para algo tan peliagudo como disolver una dirección y nombrar una gestora. Muchos de los secretarios que son informados (Susana Díaz no está entre ellos) no dan crédito a la maniobra. Pero prometen ser respetuosos.

A las diez del día D -ayer-, está citado el líder madrileño en Ferraz. No acude. Desde hace semanas no se habla con la cúpula socialista. Intuye que algo preparan: al propio Carmona le hace llegar que no se fía «de lo que puedan estar preparando». Un tuit a media mañana enciende las alarmas en la plaza del Callao, donde tiene su sede el PSM. Hay incluso quien señala a Rubalcaba y a sus terminales mediáticas como urdidores del cataclismo. Las mismas fuentes aluden a que el exministro de Interior «podría haber trasladado a la cúpula socialista alguna información que sitúa a Gómez al borde de la imputación». Muy gráfico, un barón lo califica como «la última factura de Alfredo a Tomás».