Rezos en la Mezquita de la M-30, en Madrid - vídeo: ALFONSO FERNÁNDEZ MORENO
Reportaje de investigación de ABC

«El terrorismo es totalmente contrario a la esencia del Islam»

La comunidad islámica defiende que su integración en España ha sido un «milagro» producido en «tiempo récord», a pesar de atentados como los de París o el 11-M

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Los cinco protagonistas de este vídeo son musulmanes, residen en España desde hace un mínimo de diez años y han vivido su integración en la sociedad sacando una conclusión muy clara: «La primera comunidad que sufre atentados como los de París o el 11-M es la comunidad islámica. Primero, porque padece la barbarie como parte de la sociedad. Segundo, porque estigmatiza su imagen, genera dudas y fobia, y echa a perder todo el largo trabajo de adaptación realizado durante años», explica a ABC el presidente de la Asociación de Jóvenes Musulmanes en España, Mohamed Said Alilech.

Ese proceso de integración comenzó en 1967, en plena dictadura, con la publicación de la primera ley sobre libertad religiosa. Faltaban todavía 18 años para que se produjera el primer atentado terrorista islámico de la historia de España en el restaurante «El Descanso», en Torrejón de Ardoz, y varias décadas para que estallaran las bombas de los trenes de Atocha, fueran derribadas las Torres Gemelas de Nueva York o se difundieran las atrocidades del Estado Islámico.

Se trata de actos cometidos en nombre de una religión que profesan cerca de 1.200 millones de personas en todo el mundo y que han supuesto auténticos obstáculos en la integración de los musulmanes en muchos países. «Normalmente nos preguntan por la lapidación, por cortar cabezas, por el burka y por cosas con las que no tenemos nada que ver. Echamos en falta que nos pregunten como integrantes de nuestra sociedad, como ciudadanos, vecinos o amigos, sobre el bipartidismo, el cambio climático o la crisis», lamenta Said, que insiste, como si no quedara claro: «Desde nuestra perspectiva religiosa, rechazamos y condenamos el terrorismo, porque es totalmente contrario a la esencia de nuestra religión».

«En España no residían casi musulmanes»

Hasta la promulgación de la ley de 1967, la comunidad musulmana española carecía de cualquier tipo de organización. Todo lo que había eran unos pocos centros culturales ambiguos y mal definidos. En 1968 se inscribían las dos primeras asociaciones islámicas: una en Melilla y otra en Madrid. Y desde ese año hasta finales de la década de los 70 solo se sumó una entidad más en el Registro del Ministerio de Justicia, la de Ceuta.

Mohamed, comerciante del barrio de Lavapiés, vivió aquella época. Hoy es uno de los responsables de la pequeña mezquita de Alhuda, fundada en 2010 y la única de las cinco que existen en este barrio madrileño que permite el rezo comunitario de hombres y mujeres. Llegó a la capital hace cuarenta años, antes de la muerte de Franco, cuando «en España no residían casi musulmanes». «No había nada. A partir de 1989 fuimos todos a rezar a la Mezquita de la M-30, pero ahora somos muchos más y estamos poniendo centros de oración en cada vecindario, para que todos puedan rezar cerca de casa», explica.

Hoy, el número de mezquitas en España supera las 1.200. Una media de 24 por provincia. Casi la totalidad de ellas se han creado en la última década como consecuencia del «boom» de la inmigración, que se ha incrementado en un 500% desde 2003, según un estudio de La Fundación Internacional y para Iberoamérica de Administración y Políticas Públicas (FIIAP). El último censo demográfico realizado por el Observatorio Andalusí cifra el número de musulmanes residentes en el país en 1.732.000, un 3,6% de la población total, de los cuales 1.163.000 son extranjeros y 568.000, españoles. Entre estos últimos se encuentran Aicha Jbili Benhelal y Moloud Elhartout, que nos cuentan su experiencia en el vídeo. La primera como comerciante de ropa en Lavapiés desde hace 15 años y el segundo como carnicero en Getafe donde, sin vender cerdo, ha conseguido atraer a clientes de todas las nacionalidades, incluidos españoles.

Un «milagro» de integración

Según defiende en ABC el presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de España, Riay Tatari, el proceso de integración para toda esta población ha sido un «milagro, porque se ha producido sin la ayuda del Estado y gracias, en gran medida, al esfuerzo y solidaridad entre las familias y asociaciones islámicas». «Echamos en falta que el Gobierno no discrimine a los musulmanes, algo que está ocurriendo en tiempos de crisis como esta en la que se tiende a marginar, y que desarrolle en todo su articulado el Acuerdo de Cooperación que firmamos en 1989», explica.

Hasta llegar a este acuerdo, España tuvo que escribir varias páginas importantes en este terreno, tales como el artículo 16 de la Constitución de 1978, que establecía la «libertad de culto»; la nueva ley sobre libertad religiosa de 1980, que sustituía a la de 1967, y, sobre todo, el reconocimiento del islam como religión de « Notorio Arraigo» en 1989, que provocó el incremento repentino de asociaciones hasta 40.

Para Hicham Sail Alilech, un traductor marroquí que lleva diez años entre Salamanca, Ávila y Madrid, esta integración se ha producido en «un tiempo récord y de una forma extraordinaria», en comparación con otros países de Europa como Francia (7% de población islámica) o Inglaterra (5,2%), donde llegaron a principios del siglo XX. Cree incluso que los musulmanes llegados en los últimos años están perfectamente integrados –«salvo algunos individuos a los que les cuesta más por el idioma»–, pero que se sienten «un poco abandonados» por parte del Estado. «Muchas asociaciones llevan a cabo actividades y ciclos de formación desde el más absoluto voluntariado, con el objetivo de que los jóvenes comprendan y compaginen su religión con el contexto social en el que viven. Pero son esfuerzos individuales, no percibimos nada por ello», defiende en la grabación.

Captación de Yihadistas

Se estima que de las 1.200 mezquitas que hay en España, 800 son ilegales, es decir, que no reciben ninguna contribución pública, que no están registradas, que viven de la aportación de sus fieles y que se montan en pequeños locales habilitados como el de Mohamed en Lavapiés. Algunos de estos lugares de oración ubicados en el barrio madrileño han sido señalados como centros de captación de futuros yihadistas, según un estudio realizado por el Real Instituto Elcano en 2013.

Mohamed e Hicham lo niegan. El primero afirma que, tanto en la mezquita de Alhuda como en la de la M-30 jamás ha escuchado, en los cuarenta años que lleva en España, «una palabra violenta o que incite a hacer el mal», ni ha conocido a nadie cercano o defensor del terrorismo de Al Qaida o el Estado Islámico. El segundo va más allá y asegura que «en muchas mezquitas se han dedicado los sermones de los viernes a criticar y condenar muchas de estas ideologías ajenas al islam». «Yo llevo semanas traduciendo el sermón de La Meca y muchos van contra estas tendencias criminales y terroristas. Y no niego que algún imán en algún lugar del mundo incite a la violencia, pero eso es totalmente condenable y se tienen que tomar medidas», concluye.