Retrato de José Figueres Ferrer
Retrato de José Figueres Ferrer - Wikipedia
Historia

El presidente «catalán» de Costa Rica que disolvió el ejército de su país

La historiografía de nuestro país se ha detenido poco en que uno de los políticos más influyentes de Centroamérica tenía unos padres y una educación española. En la actualidad, Costa Rica está entre las zonas más seguras y estables de Iberoamérica

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José Figueres Ferrer, «Don Pepe», es recordado como el hombre que se impuso en la guerra civil con el apoyo de la «Legión del Caribe», el fundador de la Segunda República de su país y el presidente que disolvió el ejército en Costa Rica. Algo menos conocido es que este político costarricense, una de las figuras más importantes del siglo XX en América, era hijo de un matrimonio español que había emigrado en busca de fortuna a Costa Rica y fue educado en las costumbres de la Península Ibérica.

La familia de este controvertido político, tan capaz de iniciar una guerra como de suprimir las fuerzas armadas en su país, procedía de Os de Balaguer (Lérida). Sus padres, Mariano Figueres Forges –médico de profesión– y Francisca Ferrer Minguella –profesora de primera enseñanza–, emigraron en 1906 a Costa Rica. Se desconoce las razones de su decisión pero se ha especulado con que la inseguridad que se vivía en Barcelona en esos años pudo influir en que se trasladaran a América. Además, la hermana de «Paquita», como otros tantos españoles de su tiempo, ya se encontraba residiendo allí. Un país con profundas raíces hispánicas.

Costa Rica había pertenecido hasta el año 1825 a la provincia de Guatemala como parte del Imperio español, razón por la que no estuvo nunca ligada directamente a la Metrópoli. En aquella extensa tierra no había metales preciosos y el único interés comercial de la Monarquía hispánica pasaba por su variada fruta. Y quizás por esta poca importancia económica, Costa Rica quedó al margen de las revoluciones y guerras por deshacerse del poder español y no tuvo conocimiento de su independencia hasta después de dos semanas de haberla conseguido. Tras un intermitente enfrentamiento entre los partidarios de anexionarse a otro país de Centroamérica y los de constituirse en una república independiente, en 1848 el presidente José María Castro Madriz, doctor en leyes, declaró el país como nación soberana e independiente de cualquier otro estado, nombrándola definitivamente como República de Costa Rica.

Cuando el doctor Mariano Figueres Forges llegó al país centroamericano junto a su mujer, embarazada de seis meses, fue presentado ante el Presidente de la República, algo habitual en aquellos tiempos tratándose de un hombre con carrera, y éste le ofreció una plaza de médico en San Ramón, pueblo al cual ningún médico quería ir por las dificultades de acceso. En este ambiente agrícola de niños descalzos se crió el futuro presidente José Figueres Ferrer, que impulsaría políticas para repartir calzado en las zonas rurales nada más llegar al poder. No obstante, el médico y su familia se trasladaron posteriormente a San José para dirigir su propia clínica en la capital.

Junto a otros españoles que habían emigrado a Costa Rica, padre e hijo eran miembros asiduos de la Librería Alsina, propiedad de un catalán establecido en Centroamérica desde hacía años, para disfrutar de tertulias literarias con fuerte carga política. A los 18 años, José marchó a Boston para estudiar medicina en 1924, ya que la ilusión de su padre era que siguiera sus pasos, pero nunca terminó sus estudios y sobre todo empleó el viaje para modular su discurso político. A su regreso de EE.UU., el futuro presidente se vinculó a distintos grupos agrícolas que reivindicaban un reparto más equitativo de las tierras y publicó en la prensa escritos políticos distribuidos en el «Café Popular» de San José. De aquellos años también destacó por su afiliación al grupo Pro República Española en el contexto de la Guerra Civil.

Pese a su actividad previa, José Figueres Ferrer no fue conocido a nivel nacional hasta un discurso radiofónico el 8 de julio de 1942, donde denunció actos irregulares y corruptelas por parte del gobierno del Dr. Rafael Ángel Calderón Guardia. Antes de poder concluir su alocución, las autoridades tomaron la radio y encarcelaron a Figueres. Cuatro días después se vió obligado a exiliarse a México. En 1944, regresó a Costa Rica cuando alcanzó la presidencia Teodoro Picado Michalski –del mismo partido que obligó al «catalán» a marcharse del país– y se unió a las fuerzas opositoras al gobierno. El 8 de febrero de 1948 ganó las elecciones el partido opositor, encabezado por Otilio Ulate, pero el Congreso, dominado por calderonistas y comunistas, anuló estas elecciones de manera ilegal. La anulación provocó el estallido de un conflicto armado que Figueres, desde el exilio, ya había previsto.

Las fuerzas de Figueres, compuestas inicialmente por diecisiete hombres, estaban apoyadas por la «Legión del Caribe», un grupo político-militar que buscaban el establecimiento de estados democráticos en esa región. Y aunque se enfrentaron al ejército nacional formado por unos 6.000 soldados, ayudados por la policía y los comunistas, la guerra civil terminó con la victoria del Ejército de Liberación Nacional que el hijo de catalanes lideraba. Tras el conflicto se produjo el pacto entre Figueres y Ulate, el vencedor de las elecciones que habían sido anuladas, que daba dieciocho meses al Ejército para reformar el Estado e iniciar la transformación pacífica de la sociedad costarricense. No en vano, los comunistas fueron perseguidos y muchos empleados públicos simpatizantes del gobierno anterior despedidos indiscriminadamente.

De abril a mayo de 1948 fue Secretario de Relaciones Exteriores, en cuya gestión se rompieron relaciones diplomáticas con la República Dominicana del dictador Rafael Leonidas Trujillo, y ese mismo año alcanzó la presidencia. Se le considera uno de los grandes reformadores del país y fue uno de los fundadores de la Segunda República de Costa Rica. Entre sus méritos como presidente estuvieron su ambicioso plan de construcciones públicas, la gran mayoría ministerios e instituciones autónomas, y la abolición del ejército de su país. Así, el 1 de diciembre de 1948, el presidente abolió las Fuerzas Armadas de Costa Rica después de la victoria en la guerra civil y, en una ceremonia en el Cuartel Bellavista, Figueres rompió una pared con un martillo como símbolo del final del espíritu militar. La abolición de las fuerzas armadas, de hecho, fue incluida en el artículo 12 de la Constitución de Costa Rica.

El país solo mantuvo su Guardia Civil, actualmente la Policía o Fuerza Pública, para asuntos de orden público. Y en la actualidad, este cuerpo cuenta con apenas 14.000 policías para velar por los casi 4,5 millones de habitantes, y aun así, según el Índice de Paz Global de 2013, es la nación más pacífica de Centroamérica y la tercera de Latinoamérica, después de Uruguay y Chile.

Tras una larga carrera política que se extendió hasta 1974, Figueres se dedicó a impartir conferencias por universidades de todo mundo, recibiendo en algunas el doctorado Honoris Causa, y ejerció de Embajador Itinerante por los países vecinos hasta su muerte en 1990. En España fue distinguido como «Hijo predilecto» de Barcelona.