Radicales en las sedes
Radicales en las sedes - EFE

Las anécdotas del 9-N: un simulacro sin censo ni neutralidad

La doble suspensión del Constitucional redujo la votación a una farsa

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La doble suspensión decretada por el Tribunal Constitucional (TC), a instancias del Gobierno -sobre la consulta inicial planteada por Artur Mas y el proceso de participación acordado de urgencia- redujo la votación de ayer a una farsa sin validez legal ni garantías democráticas.

Sin censo

Lista confeccionada sobre la marcha

Ante la imposibilidad de utilizar el censo electoral, pues el TC lo impedía, la lista de votantes se confeccionó sobre la marcha, es decir, a medida que los participantes en la pseudoconsulta llegaban a los locales habilitados para tal fin. Solo era necesario mostrar el DNI y ser mayor de 16 años para poder votar.

Papeletas caseras

Impresas y recortadas

Los votantes podían imprimir en casa las papeletas con las preguntas sobre la secesión, tras descargarlas de la web de la Generalitat donde se informaba del proceso y recortarlas. También existía la opción de utilizar las papeletas que en los locales se ponían a disposición de los votantes junto a los sobres.

Voluntarismo

Encomendados a un móvil

Aunque las mesas de votación disponían de ordenadores para registrar a los participantes, los voluntarios recurrían a sus móviles para informar a los ciudadanos más despistados. Previamente se les había avisado de la necesidad de que llevaran cargador. A media mañana, en algunos locales tuvieron problemas para acceder a la página web de la Generalitat, donde se podían consultar las mesas adjudicadas en función del apellido.

Sin decreto ni ley

No hubo anuncio oficial

Tras la suspensión de la ley catalana de consultas y el decreto de convocatoria firmado el 27 de septiembre, el presidente Mas ha evitado los documentos oficiales y, en este caso, no hay convocatoria oficial en el Diario Oficial de la Generalitat de Cataluña. No obstante, el TC también ha impugnado la pseudoconsulta. Los catalanes conocían los pormenores de esta votación mediante las ruedas de prensa de los miembros del Gobierno catalán, de la propaganda institucional y de la web de la Generalitat.

Sin efectos legales

Resultados no vinculantes

Pese al entusiasmo que ha despertado la celebración de esta pseudoconsulta, los resultados no son vinculantes ni tienen validez jurídica. Solamente tienen un valor puramente estadístico, aunque para ello el Gobierno catalán ya cuenta con los trabajos del Centro de Estudios de Opinión y el Instituto de Estadística de Cataluña, que ya hacen encuestas sobre el sentir independentista.

Sin red informática

Miedo al sabotaje

Los ordenadores de las sedes de votación no estaban contectados, en parte porque es un sistema muy costoso, pero principalmente para evitar sabotajes informáticos. Por ello, los voluntarios encargados de inscribir a los votantes eran muy estrictos a la hora de exigirles que acudieran a su mesa correspondiente.

Urnas de cartón fabricadas por presos

La imposibilidad de disponer de urnas oficiales ha obligado a la Generalitat a dotarse de cajas de cartón, más baratas, eso sí, fabricadas por presos de la cárcel de Lérida. En total, el coste de este proceso de participación asciende a 3,5 millones de euros.

Falta de neutralidad

«Estelades» ante las sedes

Aunque los voluntarios habían recbido instrucciones respecto a la necesidad de que renunciaran a llevar indumentaria que pudiera condicionar el voto, lo cierto es que en las inmediaciones de estos locales había pancartas favorables al «sí» a la independencia, así como banderas secesionistas («estelades»), lo que arrojaba una imagen de parcialidad.

Colas provocadas

Pocas sedes electorales

El Gobierno catalán buscaba la foto de colas ante las sedes de votación para difundir una imagen de éxito. Con esta finalidad se habilitó un número de locales insuficiente para abarcar toda la geografía catalana: un total de 1.255 para 5,4 millones de personas con derecho a voto.

Pancartas proetarras

Propaganda radical

Junto a algunas sedes de votación, como la situada en el barrio del Fort Pienc de Barcelona, grupos antisistema instalaron tenderetes y pancartas en favor de presos etarras. Precisamente el sábado, independentistas vascos defensores de la reagrupación de presos intentaron reventar un acto de Libres e Iguales celebrado en la plaza Sant Jaume, donde está situada la sede de la Generalitat.

Pocos observadores

Presencia internacional por libre

Un centenar de observadores internacionales no reconocidos por la Generalitat se desplazaron a Cataluña para seguir la jornada. Lo hicieron a instancias de plataformas independentistas, ya que el Gobierno catalán solo logró contactar con diez. Un número claramente insuficiente, pues se calcula que la cifra óptima es el 10% del total de mesas de participación (había instaladas 6.430 en toda Cataluña).