Zaplana, en su despacho de Telefónica en la sede de la Gran Vía (Madrid)
Zaplana, en su despacho de Telefónica en la sede de la Gran Vía (Madrid) - Jaime García
Entrevista al Exministro

Eduardo Zaplana: «No presumo, pero lo cierto es que jamás tuve un problema judicial»

El «Molt Honorable President»... valenciano asegura que él no tendrá que devolver el título como Jordi Pujol. Sobre el desafío secesionista en Cataluña, aboga por resolverlo «desde la ley y la política»

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Alcalde de Benidorm, presidente de la Comunidad Valenciana con solo 39 años, ministro de Trabajo con Aznar y feroz portavoz del PP en la oposición, dejó de ser «diputado raso» después de 17 años en la alta política, para entrar por la puerta giratoria a Telefónica.

Impecable, coqueto, todavía mantiene el moreno porque adora el mar, y le dura su energía hasta el mes de mayo. Se le ve satisfecho combinando su puesto de asesor con la presidencia del Club Siglo XXI, lejos de la tensión de sus últimos años en política, que le tocó fajarse en la oposición, mostrando su cara menos amable.

En su despacho en la planta doce del emblemático edificio de Telefónica en Gran Vía, el único detalle íntimo son las fotos de su hijo cuando era pequeño. Nos reconoce que le provoca vértigo dar su primera entrevista en prensa nacional desde que dejó la política sin mirar atrás un lunes 29 de abril de 2008. Dice estar desentrenado, pero Eduardo Zaplana, a sus 58 años, sigue con las ideas muy claras.

-Va para siete años desde que dejó la política. Como dijo, «hay que saber quitarse de la primera fila cuando toca».

-Las carreras políticas empiezan y acaban. El PP perdió las elecciones en el 2004, y seguí unos años más porque me lo pidió Mariano Rajoy. Cuando aquello concluyó, parecía evidente que las personas que habíamos estado en primera línea, y con un desgaste muy especial, teníamos que dar un paso atrás.

-¿Menos tensiones, menos presión, más dinero?

-El cómputo es mejor. Me ha sorprendido, no lo echo de menos, fueron de tal intensidad los últimos cuatro años de portavoz del Gobierno, que me vino muy bien entrar en una nueva etapa. Todavía voy por la calle y hay gente que me dice que me ha visto en televisión, y es imposible.

-Dijo: «No estoy quemado, estoy achicharrado».

-Probablemente lo dije. Pero es que en ese juicio general que se le hizo a toda la gestión del PP había que fajarse. El que me conoce sabe que soy muy distinto a la imagen que algunos quisieron proyectar. En Valencia tenía un perfil de persona liberal; la primera ley de Uniones de Hecho que se hizo en España se aprobó conmigo, y luego se olvidó cuando se debatió la ley de matrimonios homosexuales en el Congreso.

-Ese 29 de abril de 2008 le comunicó a Mariano Rajoy a las diez de la mañana por móvil que fichaba por Telefónica. ¿Era el último en enterarse?

-No. Lo que ocurre es que hasta que no estaba tomada la decisión no podía comunicar nada. Le llamo la misma mañana que me lo confirman. Yo no elegí la fecha.

-¿No era entonces un desplante, justo en el inicio del curso parlamentario?

-¿Qué sentido tenía hacerle un desplante al presidente del partido? Cuando te vas de los sitios, no tiene ningún sentido irse mal.

-Aquellos días, Alberto Ruiz-Gallardón reflexionaba si seguía o no. Coincidencias, ahora también lo ha dejado.

-Me parece que en política no hay que tener miedo a irse, y esta vez Alberto no lo ha tenido.

-Se publicó que cobra un millón de euros al año por ser el asesor del presidente de Telefónica.

-Como comprenderá, no lo voy a decir, pero no se corresponde con la verdad, tenga la seguridad de que no es cierto.

-¿Es el ejemplo de puerta giratoria?

-Estamos ante un cierto cinismo. Cuando uno está en política permanentemente le acusan de estarlo; cuando se va a la actividad privada, que se ha beneficiado. Hagas lo que hagas, está mal. El trasvase enriquece a los dos ámbitos, pero estamos en un debate endiablado del que solo saldremos desde el liderazgo político. Hace falta que este país acometa un paquete de reformas para su modernización.

-¿Tenemos políticos con talla para esa reforma política?

-Requiere un gran nivel de consenso, y esto obliga a las formaciones políticas mayoritarias. Confío en que la consolidación del liderazgo de Pedro Sánchez ayude a generar ese consenso.

-¿El enemigo a batir sigue siendo el PSOE o es Podemos?

-Creo que se equivocan los que piensan que Podemos son unos frikis, saben lo que quieren y cómo. Mientras no se dé esa batalla ideológica, tienen un caldo de cultivo por la crisis, la corrupción y la mala situación, que les permite crecer. Hay que explicarle a la gente que un sistema político democrático requiere estabilidad, porque cuando unos apuestan por sistemas que quiebran y fraccionan a la sociedad ya sabemos a qué conducen.

-Al presidir el Club Siglo XXI, se da la paradoja de presentar una conferencia de José Luis Rodríguez Zapatero y deshacerse en elogios, cuando usted siendo portavoz le realizó una oposición feroz…

-Probablemente, el que le haya dicho las cosas más duras a Zapatero he sido yo. Zapatero es una persona dialogante, que admite la crítica, y una prueba evidente es que tiene una buena relación conmigo, alguien que le dijo cosas muy duras.

-También es asiduo José María Aznar. ¿Quieren convertirlo en un jarrón chino?

-Un expresidente tiene un nivel de información, de experiencia, de conocimiento, que habría que encauzar con un determinado papel. Aznar es un hombre de Estado, un excelente político, no sacar rendimiento de ese patrimonio es un error de nuestro sistema.

-Durante su etapa en el Ministerio de Trabajo, creció la partida de gastos protocolarios un cien por cien.

-Eso es mentira. Toda esa información sale cuando soy portavoz. Tuve la mala suerte de que me sustituyó Jesús Caldera como ministro de Trabajo; hay talantes y talantes, y Caldera se dedicó con obsesión a filtrar mentiras.

-¿Y el uso reiterado de un avión privado en sus traslados?

-Falso, fruto de esas intoxicaciones; en su día justifiqué en una nota cada uno de ellos. Todos los ministros han hecho el mismo uso cuando era imprescindible, antes y después. Si había que ir a Edimburgo, a una cumbre de empleo, y no había línea regular, o muchos otros ejemplos. En esos cuatro años de oposición, nos dieron por tierra, mar y aire…

-¿Ni con el 11-M y su apoyo a la teoría de la conspiración?

-Nunca he hablado de teoría de la conspiración, siempre de buscar la verdad. Le reto a que encuentre una frase de la que me tenga que arrepentir, sentir avergonzado. No existe.

-Pero ¿usted cree que fue ETA o AlQaida?

-Los autores son los autores. Se podría haber investigado más, en ese sumario había aspectos oscuros. Aquellas horas daba la sensación de que alguien estaba moviendo los hilos. Y nunca me he explicado por qué no fue el PSOE en el Gobierno el que puso el máximo interés en esclarecer hasta el último detalle.

-¿Cómo ve la convocatoria de la consulta independentista en Cataluña?

-La consulta es una barbaridad, y la ausencia de política un error. Me parece que es la principal crisis que afecta a España en estos momentos. Hay que resolverla desde la ley y la política.

-Usted también es «Molt Honorable President», como Jordi Pujol. ¿Tendrá que renunciar en el futuro?

-Esté segura de que no. La verdad es que me llevé un gran disgusto el día que publicó el comunicado. Tuve una sensación de tristeza y rabia, eso hace que se extienda una mancha sobre el ejercicio noble de la política.

-Pujol dijo en el Parlamento catalán que no es un político corrupto, después de defraudar a Hacienda durante treinta años. ¿Se puede tolerar esa impunidad?

-Como no podemos seguir es con esa imagen de trato desigual. No puede ser que la aplicación de la ley parezca que depende de quién te juzga, quién sea el acusado o cuál es el territorio. No son tolerables los privilegios, ni los retrasos injustificados ni la disparidad de criterios en los procesos. Cualquier ilegalidad hay que pagarla, pero, sinceramente, no es lo mismo robar, defraudar o cometer un error administrativo. Jaume Matas está en la cárcel porque ha contratado a un periodista para que le haga discursos. Y nadie separará la persona de Matas de otra persona que haya robado. La sociedad es consciente de que necesitamos también una reforma de la Justicia.

-«Si cortas una rama, pueden caer nidos y el árbol entero». ¿Es una amenaza de Pujol a los demás partidos?

-Eso solo lo pueden saber los destinatarios de su afirmación. Espero que no pueda serlo. Lo que hace falta es salir de la situación en la que estamos en Cataluña lo antes posible y elevar el discurso político. La política no puede ser solo escándalo. Tenemos que hacer un esfuerzo entre todos, incluidos los medios de comunicación.

-Le atribuyen la frase de que está en política «para forrarse», cuando es de otro dirigente del PP valenciano, Vicente Sanz.

-No lo he dicho jamás. Un día alguien lo publicó y se extendió por las redes sociales. Lo he desmentido hasta la saciedad.

-Dijo que Fabra se «encontró una situación endiablada». ¿También se podría decir que la herencia recibida de Camps es la misma que heredó de Zaplana?

-Imposible, porque no pudo haber mejor herencia, ahí están los datos. Solo tenía un endeudamiento bastante bajo y una gestión impecable. Tengo la satisfacción de dejar una comunidad líder en cualquier parámetro que quiera medirla, la prueba era el apoyo de los ciudadanos. No he dejado ningún problema, ni de imputados ni de deuda.

-En las elecciones de 2008 fue relegado hasta el puesto cuarto de Madrid porque le vetaron como cabeza de lista por Valencia...

-Ese fue el momento más doloroso de mi vida política, aunque no fue ninguna sorpresa. Contribuí a la primera victoria del Partido Popular en esa comunidad, a su primera mayoría absoluta, y de pronto, siendo el portavoz, no pude encabezar la lista de Valencia.

-¿Es cierto que «los campistas» llegaron a las manos para impedir que se sentara en primera fila en un mitin de Rajoy en Valencia?

-Se lo resumo con otro ejemplo. Inauguración del Palacio de las Artes, acude la Reina, soy el portavoz del grupo parlamentario del PP. Cuando acaba el concierto, acompañamos a la Reina a una sala donde había un vino para un grupo amplísimo. Al llegar a la puerta, me dice una señorita de protocolo: «Perdón, usted no puede pasar». Expresidente de la Generalitat, portavoz, exministro y el que había concebido aquella obra. Fue una etapa un poco alocada.

-Canal Nou fue un fiasco, con una deuda de 1.126 millones de euros, con una plantilla de 1.620 empleados, ¿cómo se dilapidó tanto dinero público?

-No lo sé. Yo puedo dar cuenta de mis resultados, y los tengo, de endeudamiento y de personal, muy razonables y asumibles.

-¿Y la manipulación informativa?

-Eso es tan subjetivo, como si miramos cualquier televisión pública. No tengo conciencia de haber manipulado, es más, me encontré una televisión tremendamente sesgada.

-Los honorarios del arquitecto Santiago Calatrava alcanzaron los cien millones de euros. ¿Cómo se pueden disparar un presupuesto y los sobrecostes hasta el 400%?

-No sé a cuánto ascendió, ni el sobrecoste final. Le puedo contar cómo empieza. A Calatrava lo contrata Joan Lerma, del PSOE; había diseñado una torre de comunicaciones que no hacía falta, y los que hoy critican a Calatrava me hacen una campaña feroz: «¡Quieren cargarse a un arquitecto universal valenciano!». Finalmente, cambiamos el proyecto, y de ahí surge la Ciudad de las Artes y las Ciencias, un icono, una imagen excepcional, que ha puesto a Valencia en el mundo.

-¿Calatrava encontró su filón en el PP?

-Calatrava es Calatrava. Y lo que le ha pasado en Valencia le ha pasado en todos los lugares del mundo. He discutido mucho con Calatrava; en una ocasión en su despacho le dije que no se podía gastar ni una peseta más, aunque se excusara en que era un artista.

-Usted presume de que no tuvo «jamás ningún problema judicial».

-No presumo, pero lo cierto es que jamás tuve un problema judicial.

-Por ejemplo, todavía no se ha cerrado la causa de pagos del IVEX a Julio Iglesias por seis millones de euros…

- La contratación de Julio Iglesias fue todo un éxito. Si divide seis millones de euros entre 14 conciertos en todo el mundo -México, Moscú, Shanghái…- acompañando a los empresarios valencianos a las ferias, a visitar a los proveedores, donde Julio Iglesias daba una rueda de prensa, por la noche en la cena saludaba mesa por mesa, y después daba el concierto..., está amortizado.

-Ante todo, no provoca indiferencia.

-Esa es una característica mía, y me gustaría que no fuera así. Tengo amigos muy amigos, y después gente que me ha tenido mucha manía y odio, e ignoro el porqué.