El presidente de la Generalitat, Artur Mas, durante los actos de conmemoración de la batalla de Talamanca
El presidente de la Generalitat, Artur Mas, durante los actos de conmemoración de la batalla de Talamanca - EFE

Artur Mas conmemora la batalla de Talamanca, uno de los mitos del nacionalismo

Hace 300 años se enfrentaron en el municipio catalán cerca de 3.000 soldados partidarios de los Borbones contra 2.000 del bando austracista. Un choque que no pasó de escaramuza pero que los nacionalistas han elevado a la categoría de mito

Actualizado:

Los partidarios de la independencia de Cataluña llevan años usando la Guerra de Sucesión Española, que enfrentó a los favorables al candidato Borbón contra los defensores de los Habsburgo, para reivindicar la supuestamente decimonónica lucha de los catalanes por convertirse en un Estado. Algo complicado de encajar dentro de lo que fue una guerra de caracter internacional por hacerse con el trono de España, donde la causa defendida por una gran parte de los catalanes, que también contaba con castellanos entre sus filas, terminó por perder la guerra ante el bando Borbón, formado por una maraña de partidarios procedentes de toda España.

Este miércoles, Artur Mas y una amplia representación de su partido han acudido a conmemorar el 300 aniversario de la batalla de Talamanca ocurrida el 13 de agosto de 1714. Una victoria del ejército austracista durante la última fase de la Guerra de Sucesión, la cual fue sucedida un mes después por la conquista de Barcelona y el fin del conflicto. «En 1714 como en 2014, el pueblo catalán ha querido gobernarse asimismo, aunque ahora la población catalana sea heterogénea y el marco internacional distinto dentro de la UE», ha explicado Artur Mas, quien ha presidido los actos.

Junto al asedio de Barcelona, la batalla de Talamanca es uno de los mayores hitos en el nacionalismo catalán y una víctima habitual de los ataques propagandísticos. El objetivo es inflar una batalla de poca trascendencia pero que supuso una victoria durante la peor fase de la guerra para los intereses de los austracista de Cataluña. De hecho, el bajo número de efectivos de ambos bandos, cerca de 3.000 entre las filas de los Borbones frente a 2.000 en el bando de los Austrias, convierte la batalla en un choque de baja intensidad dentro de una guerra que llegó a enfrentar a 60.000 soldados en la batalla de Almansa.

La crónica del marqués del Poal —el general a cargo del ejército austracista– habla de un ejército catalán pequeño y aislado pero con una alta moral combativa. Una fuerza, eso sí, que no podía arriesgarse a luchar con la fuerzas borbónicas en campo abierto, y por eso circulaba únicamente por las rutas montañosas del interior de Cataluña. Aprovechándose de una de estas incursiones por terrenos escarpados, los austracista se toparon con tropas borbónicas a las que hicieron huir y persiguieron hasta Sabadell.

Un general partidario del archiduque

Asimismo, Antonio Desvalls y de Vergós, marqués del Poal, elevado a la categoría de héroe de la patria catalana, fue durante su juventud paje de Juan José de Austria –hermano bastardo del Rey Carlos II y general de las tropas durante el asedio a Barcelona de 1651– y al estallido de la Guerra de Sucesión se convirtió en un partidario del archiduque Carlos de Austria. No en vano, las causas de su participación en la guerra procedían de su lealtad a la Casa de Austria, como otros tantos españoles, y no a un asunto relacionado con el nacionalismo.

A pesar de la poca trascendencia militar de la batalla de Talamanca, el campo de batalla ha sido objeto constante de prospecciones arqueológicas y existe la intención de musealizar el mismo. Un mito nacionalista que sirve de prólogo al fin del asedio de Barcelona que Artur Mas quiere vincular con la consulta ilegal que pretende celebrar en noviembre. «En la vida si luchas puedes ganar o perder, pero si no luchas ya has perdido y, además, a veces pierdes con poca dignidad», ha afirmado el líder de CiU sobre su intención de llevar a efecto la consulta soberanista.