La España pobre de trenes ricos
Imagen del primer AVE comercial entre Madrid y Valencia - Juan Carlos Soler
AVE

La España pobre de trenes ricos

Casi uno de cada tres kilómetros de trazado de alta velocidad en Europa transcurre por España. En el mundo solo nos superan Japón y China

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Coche silencioso del AVE Madrid-Alicante. Las teclas del Mac suenan como si estuviera aporreando la Hermes 3000 de Jack Kerouac. Se oye a la gente respirar. Masticar. También roncar. Da miedo. La línea es una de las más recientes de esta España pobre de trenes ricos. Motor económico, elemento de vertebración, todos esos lugares comunes que dicen los políticos cuando inauguran una nueva línea de AVE. Sí, ¿pero qué hay de lo mío? ¿Aquí cuándo llega? Aquí es muchos lugares, comunes o no. La nueva España se ha articulado esperando el nuevo ferrocarril, como el Oeste americano, como Vienna en su garito de «Johnny Guitar». Y Renfe ha perdido 127 millones de euros en el primer semestre de 2014. Demasiados gastos. Sobre todo, el canon que ha de pagar a Adif, el ente público que administra las infraestructuras ferroviarias. 332,1 millones, un 25% más que el año pasado. Las cifras marean.

Adif tiene activos valorados en 38.893 millones (y es poco si se compara con los 50.000 millones con los que se inició la apuesta por la alta velocidad). El kilómetro de AVE puede salir a 13,5 millones (el Madrid-Valencia-Alicante) o a 14,4 (el Madrid-Barcelona). Y, según Adif, los costes de explotación de un kilómetro van de 100.000 a 150.000 euros anuales. En 2013 hubo 25,65 millones de pasajeros, que parecen muchos (Ryanair transporta en España a 30 millones).

González, Aznar, Zapatero...

Y, lo mejor, casi uno de cada tres kilómetros de trazado de alta velocidad que hay en Europa transcurre por España. En el mundo estamos por detrás de Japón, por poco, y de China. Pero cuando se terminen los tramos en construcción seremos segundos. El problema es que el volumen de pasajeros sobre el total de habitantes está detrás de China, Japón, Alemania, Francia, Italia, Corea del Sur y Taiwán.

El Gobierno de Felipe González construyó el primer AVE Madrid-Sevilla. El de Aznar planeó extender la alta velocidad por toda España. Y Zapatero prometió en 2005 que todas las capitales de provincia estarían unidas en 2020. No hay color político en el empeño carísimo por la alta velocidad. Pero sí hay dos Españas, la que tiene AVE y la que no tiene AVE. Dos Españas que pueden estar separadas por solo 83 kilómetros. Alicante y Murcia. Unidas, además, por un tren de cercanías que más bien parece de lejanías. Si de Madrid a Alicante se tardan dos horas y 20 minutos (y porque en varios tramos desde Albacete no se alcanzan los 300 kilómetros por hora), de Alicante a Murcia, una hora y 20 minutos. En un cercanías en el que hasta entran rumanos a pedir (rumanos descalzos, que no sé por qué piensan que los pies nos impresionan). Eso sí, el aire acondicionado a todo lo que da la máquina.

El aire acondicionado es para la civilización occidental como los pijamas en Shanghái cuando los que podían permitírselos salían a la calle con esa prenda para que la gente supiera que tenían. A falta de un tren que corra, aire polar. Ese tren que para en todas las estaciones (incluso en las dos de Elche) sirve para la descompresión. Luego coges el Altaria de Murcia a Madrid y ya notas menos las más de cuatro horas de trayecto. Pero no nos engañemos. Aunque tomemos el ejemplo de Murcia (lo mismo podríamos haber tomado el de Palencia), lo normal es no tener a tiro de piedra el emblemático medio de transporte de la nueva España. Sólo llega a veinte localidades. Por orden alfabético, como en «300 Millones» pero sin baile: Alicante, Antequera, Barcelona, Calatayud, Ciudad Real, Córdoba, Cuenca, Lérida, Madrid, Málaga, Puertollano, Segovia, Sevilla, Tarragona, Toledo, Valencia, Valladolid, Villanueva de Córdoba, Villena y Zaragoza.

La red ferroviaria por la que todos los Gobiernos han apostado sigue en construcción. Es posible que hayamos dejado de ver grúas haciendo dúplex, pero el tren sigue su marcha. Con sus limitaciones presupuestarias. El mes de febrero, la ministra Pastor asistía a la finalización de la perforación del túnel en la sierra de Callosa de Segura, correspondiente a la línea Monforte-Murcia (Callosa es una de las paradas del cercanías de hora y veinte).

Problema del soterramiento

Pero la ministra de Fomento, la prudente ministra de trenes, no daba fechas. El mes de julio, Alberto Garre, el nuevo presidente de la Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, aseguraba en una entrevista en RNE que la fecha es 2015. Aunque luego viene el problema del soterramiento en la llegada del AVE a la ciudad, sin el cual la ciudad se partiría en dos. «En la medida en que haya disponibilidad presupuestaria, si la hubiese, queremos que llegue soterrado y si no es así, pues tendrán que presentarnos un proyecto que sea asumible por la sociedad murciana». También aseguró que el soterramiento costaba «una pasta». Esa fue la expresión. Con estos mimbres y con estas pocas certezas, cambias un billete en las taquillas de la estación de Murcia y preguntas al empleado: «¿Y el AVE cuándo llega?». La respuesta, casi de Raphael: «Eso no lo sabe nadie».

El coche del silencio se transforma en algarabía en el Intercity (el otro trenazo, aparte del Altaria, que lleva de Murcia a Madrid y de Madrid a Murcia). El tren suena como el motor del Fortuna. Como el Sensurround. Y, además, hay niños corriendo, viejos gritando («¡Tenemos quesitos en la nevera!»), el marido haciendo amistades cuatro filas más allá, la mujer jaleando a la niña que corre (cuando no tiene a bien berrear). Sólo faltaba María Barranco cantando «Compuesta y sin novio», la copla de Quintero, León y Quiroga: «Los niños rompen las tazas y, con la fuerzan de un albañil, le meten a padre y madre las cucharillas por la nariz». Pero hay que destacar la inteligencia de la vieja, que dice a su marido al final del trayecto: «Anda que por ponerte de pie vas a salir antes». Debería ser frase de megafonía en trenes y aviones. Y el marido a grito pelado: «No se enfaden por llegar a Madrid, que aquí está la gloria del mundo». Será por eso por lo que todo el mundo quiere llegar en AVE. Esa es la España real. Pero también lo es el gordo con chanclas que ronca en el coche del silencio que va de fino. Me han dicho que si te quejas a un azafato, lo cambian de vagón.