Eduardo Madina, el vecino del ascensor
Eduardo Madina - Ivan Mata
PSOE - Perfil

Eduardo Madina, el vecino del ascensor

Apenas ha llenado su propio folio en blanco en el Congreso porque jugó al empate a cero

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A juzgar por algunas opiniones vertidas sobre él, Eduardo Madina estaría abocado a ser como el psicópata del que, una vez descubiertos los cadáveres en el congelador, los vecinos dicen que nadie lo habría sospechado por la educación con la que saludaba en el ascensor. Es cierto que el vizcaíno apenas ha llenado su propio folio en blanco durante unos años parlamentarios en los que siempre pareció guarecido, contemplativo, jugando al empate a cero a la espera de una oportunidad personal que por fin asumió con el proceso socialista de búsqueda de un nuevo liderazgo.

Este cronista pudo comprobar en la última Conferencia del PSOE que era literalmente jaleado por la militancia para dar ese paso al frente para el que muchos lo sospechaban demasiado retraído. Mientras, se le buscaron síntomas de maldad hasta en la afición a The Cure, como si las canciones, escuchadas al revés, contuvieran mensajes satánicos. Hubo que llenar sus silencios con conjeturas que atribuían sórdidas intenciones radicales -simpatía etarra incluida- a este típico vecino del ascensor al que la estatura delata el pasado como jugador de voley-ball truncado por el atentado sufrido y que acude a las entrevistas en pantalón vaquero y camisa arremangada, como anticipando el «shock de modernidad» que de momento ya ha arrasado las corbatas.

Tradición y/o cambio

En el supuesto mejor destilado, Madina podría aspirar a ser un personaje híbrido, enraizado en la tradición socialista que él conoce por su amistad con muchos veteranos de los que se declara un eslabón de continuidad.

Pero al mismo tiempo un agente de ruptura que podría modificar algunos códigos del microclima político de la Transición y aportar paradigmas nuevos sin escorar por ello el PSOE a una competición con siglas populistas de extramuros que amenazaría con convertir el viejo PSOE, partido de poder, en una formación residual excluida de todas las lógicas de Estado y de la defensa de cimientos fundamentales. El coqueteo republicanista formaría parte de lo que lo distingue como miembro de una generación distanciada de los principios vertebrales de los años setenta.

Más allá de cuál sea el nombre propio ganador, Madina o Sánchez en un retrato con Susana al fondo, eso hay en juego en esta interna socialista: averiguar qué personaje será el PSOE cuando se abatan sobre la vida política desafíos inminentes que someterán a tensión la arquitectura constitucional y ante los cuales el PP no puede quedarse solo, menos aún en el Parlamento sin hegemonías que probablemente saldrá de las próximas elecciones.

A la espera de que el próximo PSOE se defina, la incertidumbre ya ha inspirado una lástima por la marcha de Rubalcaba, que en apenas unos segundos ha pasado en la consideración de la derecha de golpista del 11-M y traidor del Faisán a mejor parlamentario del siglo y más fiable hombre de Estado. Así de deliciosas son las hipocresías teatrales de la política. Mientras, lo institucional, lo que no sea adánico, se ha vuelto tan sospechoso en este momento español que una parte argumental de la campaña interna consiste en afearle al rival que él sea más «aparato». Precisamente el aparato andaluz deparó a Madina una primera derrota en los avales, ese automatismo de partido cerrado, que no tiene por qué confirmarse en la votación de los militantes, menos controlable y previsible.

Un juego literario consistiría en indagar hasta qué punto el atentado por bomba lapa sufrido determinó la existencia política de Madina, arrojado a los compromisos adultos. Sin duda afectó a su familia, brutalmente atenazada por el dolor y la depresión: ha de ser hermoso convertirse uno mismo en padre cuando se viene de esas circunstancias y de semejante roce con la muerte. Sólo Madina sabe cuán determinantes fueron la bomba y la visita en el hospital de Zapatero, que le prometió la paz y lo acogió en una tutela derivada a la amistad. Si resultara ganador, la primera tarea de Madina sería confeccionar una Ejecutiva contra las intrusiones de Susana Díaz, personaje fuerte del socialismo con quien ya tiene consagrado un antagonismo. Reparable, eso sí.