Doña Sofía, una vida al servicio de España
Doña Sofía, con Don Juan Carlos, en su reciente audiencia con el Papa - efe
El Rey abdica

Doña Sofía, una vida al servicio de España

La Reina, siempre desde un papel discreto, pero firme en sus convicciones, ejerce un papel clave en la consolidación de la Monarquía

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La contribución de Doña Sofía a la Monarquía ha sido y es fundamental. Su vida no puede calificarse de palaciega. Por el contrario, ha estado marcada por las emociones fuertes desde que nació. Ha conocido los horrores de las guerras, el exilio, la restauración de dos Monarquías, dos golpes de Estado (uno en Grecia y un intento en España), el contacto con el dolor y la pobreza extrema, las intrigas políticas y algunas decepciones personales.

Trece años después de su boda con Don Juan Carlos, en 1962, Doña Sofía se convirtió en Reina de España y, a partir de ese momento, empezó a desarrollar una nueva forma de entender la Monarquía, inspirada en los ejemplos de sus antepasados pero adaptada a los nuevos tiempos. Discreta, tímida y en un permanente segundo plano, durante los primeros veinte años del Reinado seguía siendo desconocida para gran parte de la opinión pública.

Poco a poco, empezaron a llamar la atención algunos de sus gestos, como cuando subió a lomos de un burrito para llegar a una aldea y tomar un mate de coca con su amiga Jesusa, una india boliviana a la que había conocido en un cumbre sobre la mujer rural. O cuando no pudo contener las lágrimas en el funeral del Conde de Barcelona.

La opinión pública descubrió a la Reina que deseaba ser útil a los demás sin mirar el reloj. A la Reina que sabía encontrar la palabra imposible de consuelo ante las víctimas de los atentados y las catástrofes. A la que se volcaba en la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción. A la que se saltaba el protocolo e incluso las medidas de seguridad, o se paraba en medio de la calle para acariciar a un pobre gato abandonado. A la que lucha por mantener unida a su familia y a sus ocho nietos, a pesar de las dificultades.

Y, siendo ella misma, empezó a forjarse una imagen que hoy la convierte, junto al Príncipe de Asturias, en el miembro de la Familia Real más valorado. A sus 75 años Doña Sofía está en su mejor momento. Su popularidad no se debe a ninguna campaña de imagen, sino que la ha ido forjando siendo ella misma desde hace 38 años.

Señales positivas

En los últimos meses también ha habido señales positivas en su relación con el Rey que, según las encuestas, ha recuperado los niveles de confianza anteriores al citado viaje. La señal más llamativa fue el beso que Doña Sofía le dio el pasado 18 de septiembre ante los medios de comunicación mientras esperaban la llegada de los Reyes de los País en las puertas del Palacio de La Zarzuela. En aquel momento, ninguno de los periodistas sabía a qué obedecía el cariñoso gesto, pero cuatro días después ABC desveló que la Reina acababa de ser informada de que Don Juan Carlos tendría que ser operado de nuevo –y no una, sino dos veces–. Al Rey también se lo habían comunicado los médicos esa misma mañana. Por eso, en cuanto vio a su marido, le dio un beso cuyo significado solo ellos comprendieron.

Buena salud

Pero ese no ha sido el único gesto de cariño. Durante los siete días que el Rey estuvo hospitalizado, Doña Sofía acudió puntualmente a visitarle, excepto el fin de semana del 29 de septiembre, que viajó a Ginebra para asistir al cumpleaños de su nieto Juan Urdangarín. Incluso, uno de los días, llegó a permanecer ocho horas en el hospital, en contraste con los quince minutos que duró alguna de las visitas en operaciones anteriores.

La Reina goza de una salud envidiable y en los últimos meses ha adelgazado y alcanzado su peso ideal. Dejó de fumar hace más de quince años, no bebe apenas alcohol (sólo en actos oficiales y alguna ocasión excepcional), se alimenta fundamentalmente de verduras, lácteos y huevos, procura caminar a diario con sus perros, no toma medicinas y solo ha estado hospitalizada una vez en su vida, cuando estaba recién casada, por una operación de apendicitis. Sigue la actualidad por su Ipad, es buena conversadora y tenaz defensora de sus argumentos.

El momento de la Reina

Desde hace dos años, que los Duques de Palma quedaron apartados de la actividad institucional como consecuencia del caso Nóos, la Reina se ha encontrado con el difícil cometido de tratar de mantener unida a su familia sin interferir en las medidas adoptadas por la Casa del Rey con Iñaki Urdangarín.

Para ello, Doña Sofía ha tenido que medir las consecuencias que podían tener cada uno de sus gestos, con el fin de que no volviera a repetirse lo ocurrido en diciembre de 2011 o en noviembre de 2012. En la primera fecha la Reina aprovechó un viaje oficial a Estados Unidos para acercarse a Washington a visitar a su hija Doña Cristina. Un mes antes se había sabido que la Justicia estaba investigando a Iñaki Urdangarín por un supuesto caso de corrupción y ese mismo mes de diciembre Zarzuela anunció que el Duque de Palma quedaba apartado de la actividad oficial por su comportamiento «poco ejemplar». .

En noviembre de 2012, la Reina volvió a aparecer en una foto con Urdangarín cuando Doña Cristina decidió que su marido les acompañara a visitar al Rey, que estaba ingresado en el hospital. La presencia del Duque consorte suscitó muchas críticas, que obtuvieron como respuesta un nuevo gesto de firmeza por parte del Palacio de La Zarzuela: el perfil de Urdangarín desapareció de la página web oficial.

Desde entonces, la Reina ha tomado nota y ha modificado su forma de actuar. De hecho, cuando el pasado 28 de septiembre viajó a Ginebra para acompañar a su nieto Juan Urdangarín, que al día siguiente celebraba su cumpleaños, fueron sus cuatro nietos los que bajaron a recibirla, pero ni su hija ni su yerno salieron en las fotos.

De esta forma, Doña Sofía está tratando de hacer compatible su papel institucional de Reina con el de madre y abuela, como también hizo el pasado verano, cuando logró reunir en Palma de Mallorca a todos los miembros de la Familia Real, excepto a Urdangarín. Incluso, durante un par de días consiguió que coincidieran doce de sus catorce miembros. Es decir, todos menos el Rey, que fue el último en llegar a la isla, y la Infanta Doña Cristina, que sólo permaneció unas horas.