¿Pero qué es realmente la prueba de la parafina?

Las dos detenidas por el asesinato de la presidenta de la Diputación de León van a ser sometidas a un complejo análisis en busca de restos de pólvora. Solo en casos en que los sospechosos son arrestados instantes después del crimen se puede practicar este test, que no tiene valor de «prueba de cargo».

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El asesinato de Isabel Carrasco ha hecho llevado a todos los medios periodísticos a hablar de la denominada popularmente como “prueba de la parafina” o “dermostest”. Un término coloquial, que no científico, para designar un conjunto de complejos análisis, nunca concluyentes ni con valor de “prueba de cargo”, que sirven, en resumidas cuentas, para encontrar trazas de restos del pólvora en las manos (pero también en las ropas, aunque ahí no se utiliza la parafina) de los supuestos delincuentes.

La “prueba de la parafina” –explican los expertos de la Policía Científica- es un test muy poco usado porque en muy pocos casos se dan las circunstancias que rodean al asesinato de la presidenta de la Diputación de León. Esto es: capturar a las dos presuntas asesinas (María Montserrat González Fernández y su hija, Montserrat Triana Martínez González) solo minutos después del crimen, por lo que es, en principio, descartable que hayan podido lavarse, cambiarse de ropa o contaminarse con sustancias ajenas al caso.

Este test solo tiene cierta utilidad si la muestra se obtiene una o al máximo dos horas del hecho delictivo. Sino, directamente no tiene sentido practicarlo porque la “contaminación” lo hace inservible, ante cualquier tribunal, pero también para la propia práctica policial. Lo que no es la “prueba de la parafina” - dicen los científicos del ‘corazón’ de la Policía Nacional del centro de Canillas en Madrid- es lo que se ve en los episodios de CSI, cuando a Horatio Caine y sus compañeros les basta rociar a un sospechoso con un producto misterioso para saber al instante si ha disparado o no un arma. Incluso para determinar cuándo apretó el gatillo.

El proceso es mucho más complejo, tanto que en España la inmensa mayoría informes completos solo se hacen en la central de Canillas y después de varios días de trabajo, pruebas y contrapruebas que puedan servir para rebatir a cualquier abogado penalista, bregado en mil batallas judiciales para defender causas imposibles.

Guante

Se llama prueba de la parafina porque, en primer término, se utiliza parafina para confeccionar una suerte de guante sobre la mano del sospechoso, en el que deberían quedar atrapados los restos de nitratos, nitritos, bario, plomo y antimonio, que son los restos de la pólvora una vez detonada.

Ese guante de parafina –en el caso de que se busque rastros en la mano- o las ropas usadas por los supuestos homicidas son analizadas detenidamente en un laboratorio, en el que los especialistas elaboran, tras varios días de minucioso trabajo, un complejo informe con porcentajes de cantidades de sustancias químicas (“colorimétrico”), del que “en ningún caso se extraen conclusiones definitivas” para la investigación, “aunque sí pueden servir para orientar una investigación”, explica uno de los funcionarios dedicado desde hace años a realizar este tipo de análisis.

O lo que es lo mismo, dar positivo a una prueba de nitratos no significa que se haya disparado un arma recientemente, como tampoco dar negativo a un test de parafina implica que no se haya usado una pistola recientemente.

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Pero también personas que tengan contacto con ciertos detergentes (personal de empresas de limpieza, amas de casa...), jardineros, trabajadores de fábricas, mecánicos profesionales, farmacéuticos....

Aún con las más modernas técnicas (las de “Madrid o las de CSI de Miami”, bromean los expertos) no se puede distinguir en la mayoría de los casos si el origen de esos componentes viene de la pólvora, pues hay mucha gente que puede tener restos de estas sustancias. Empezando por los fumadores.

Pero también se pueden tener trazas de nitratos, nitritos, bario, plomo y antimonio por manipular ciertos alimentos, cosméticos, medicamentos, drogas ilegales (que a veces son cortadas con estas sustancias o similiares) maquinarias (como impresoras, imprentas u ordenadores). Incluso, por cambiar los pañales impregnados de orina o heces de un bebé.

Los mandos de la investigación del ‘caso Carrasco’ ya advierten que “solo la parafina” no va a resolver este cada vez complejo crimen. Ni siquiera para afirmar con total rotundidad, a falta de otras pruebas como una confesión, quien apretó el gatillo en la pasarela sobre el río la tarde del pasado lunes.