Orgullo naval en el Támesis
El «HMS Belfast» acoge un museo sobre el Támesis - reuters
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Orgullo naval en el Támesis

El Museo de la Marina Real de Portsmouth ha restaurado con 8,5 millones el último submarino de la clase Amphion

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Mientras el presidente de Rusia, Vladimir Putin, exhibía un desafiante orgullo militar el viernes en Crimea, un grupo de veteranos rusos y británicos de la Segunda Guerra Mundial recordaba el mismo día hazañas bélicas conjuntas a bordo del HMS Belfast, el barco-museo amarrado de forma permanente sobre el Támesis desde 1971. Con una nueva guerra fría en gestación en la Europa Oriental, veinte exsoldados británicos fueron condecorados por el gobierno de Moscú, en reconocimiento a la cooperación anglo-rusa durante la Segunda Guerra Mundial.

El HMS Belfast es un crucero ligero que combatió con la Marina Real británica desde 1938 a 1963. Entre 1941 y 1945, unos 1.400 cargueros, la mayoría británicos, surcaron la ruta del Ártico para abastecer al entonces aliado ruso de armas y alimento. La Armada británica perdió 18 buques en la operación, en la que el HMS Belfast jugó un papel clave. Su conversión en museo en 1971, a la sombra de la Torre de Londres, es un recordatorio permanente al esfuerzo bélico de la nación en el conflicto. Está adscrito al Museo de la Guerra Imperial (Imperial War Museum) de Londres. Y, en 2013, recibió 332.000 visitantes, lo que le sitúa en el puesto 75 de la lista de atracciones turísticas británicas.

El éxito de este intento británico de convertir la historia militar en cultura viva y destino turístico se basa en tres condiciones. La primera es el respeto con el que la gran mayoría de los británicos asume el deber de memoria de las guerras, y de sus caídos. Cada año, el 11 de noviembre -aniversario del armisticio de la Gran Guerra- llena las solapas de amapolas rojas en recuerdo de los soldados británicos muertos en el frente. Una cultura de la Defensa y un aprecio a la labor de las Fuerzas Armadas que exige, claro, un consenso nacional todavía ausente en España.

Pero traducir ese patriotismo en turismo requiere mucho más que marcar ciertas fechas en el calendario oficial. Exige, por supuesto, inversión. Así, el Museo de la Marina Real británica, con sede en Portsmouth -el puerto que todavía hoy alberga la mayor parte de la flota británica- acaba de reabrir al público el último submarino de la Segunda Guerra Mundial que se conserva, tras una inversión de 8,5 millones de euros. El HMS Alliance es el último de la clase Amphion, con su alargado diseño para las travesías en el Lejano Oriente.

La restauración del exterior y del interior, y la reactivación de muchos de los sistemas originales de la embarcación, han sido posibles gracias a la movilización de financiación pública y privada. Su reapertura ha coincidido con la inauguración de la nueva exposición permanente del museo de la Armada británica, que cuenta ahora con los medios interactivos y audiovisuales más avanzados gracias a a una inversión de 5,5 millones.

Contenidos interesantes

Aquí reside el gran secreto del sofisticado arte británico de convertir la conciencia nacional en pasatiempos compartido: los contenidos. En este sentido, las atracciones, como el HMS Belfast, de temática militar se benefician del avanzado «know-how» de las pinacotecas y museos del Reino Unido, especialistas en el diseño y montaje de exposiciones interesantes y relevantes para el público general, con un marcado acento familiar. El HMS Belfast, por ejemplo, organizará el fin de semana del 24-25 de mayo unas jornadas familiares para conmemorar el 70 aniversario del Desembarco de Normandía. En junio, los niños podrán participar en una actividad matemática que les enseñará a descifrar rutas y códigos del enemigo como hacía la tripulación del Belfast en sus largas y peligrosas travesías por el Ártico. La entrada al HMS Belfast cuesta 15,5 libras (19 euros).