Alarma por el cambio de tendencia en la siniestralidad
Evolución de los accidentes de tráfico - abc

Alarma por el cambio de tendencia en la siniestralidad

Las muertes de tráfico vuelven a crecer. Más viajes, peores carreteras y coches y exceso de confianza, entre las causas

pablo muñoz
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Las muertes en las carreteras vuelven a crecer — esa es la tendencia de los dos últimos meses, que se confirma también estos primeros días de mayo—, y ya han saltado las alarmas. Por primera vez en mucho tiempo, desde enero se han producido más víctimas mortales que en el mismo periodo del año anterior. Los expertos buscan respuestas y, en líneas generales, coinciden en el diagnóstico: la leve recuperación económica hace que crezca el número de desplazamientos, lo que aumenta las posibilidades de accidente; las carreteras, por efecto de la crisis, están mucho peor conservadas y el parque automovilístico es más viejo; hay un exceso de confianza en los conductores, en buena medida por los buenos datos de los últimos años y, finalmente, hay una variable de la que pocas veces se habla pero que también tiene incidencia en la siniestralidad: el debate de la seguridad vial ya no está tan presente en la calle ni en los medios y eso influye en la mentalización de los conductores y peatones.

Los expertos consultados por ABC, no obstante, afirman que el cambio de tendencia es normal si no se intensifica, ya que no podía seguir bajando el número de accidentes mortales de forma indefinida. De hecho, los países pioneros en medidas de seguridad vial ya advertían en 2004 que al tercer o cuarto año normalmente hay un repunte, que en España, afortunadamente, se ha retrasado algunos años más.

Las causas de los siniestros, por lo demás, tampoco han variado de forma significativa. El factor humano se encuentra detrás de la mayoría de ellos, aunque lo cierto es que habitualmente influyen varios elementos que desembocan en los accidentes. Genéricamente se puede decir que son las salidas de la vía los más habituales, si bien la pasada Semana Santa llamó la atención que los más frecuentes fueran los choques frontales.

En cuanto al fallo humano, el foco se centra en las distracciones, responsables del 40 por ciento de los siniestros, mientras que el fallo mecánico es residual. Sí influye de forma importante el consumo de drogas, presente en el 10 por ciento de los accidentes mortales, el de fármacos, que tiene una incidencia similar y por supuesto el alcohol, que en no pocas ocasiones se presenta junto a uno de los dos factores anteriores.

Sobre las distracciones, los expertos hacen especial hincapié en la utilización del teléfono móvil y en especial de sus sistemas de mensajería, que están más presentes en los siniestros que el alcohol. Se trata de un elemento peligroso no solo para el conductor, que pierde de vista la carretera, sino también para el peatón, que circula por la calzada sin prestar atención a su entorno. En Estados Unidos hay ciudades en las que se multa con 100 euros a estos últimos, lo que da una idea de la trascendencia que tiene el asunto para los responsables de la seguridad vial.

Pero hay otro dato muy llamativo: la edad media de los coches involucrados en accidentes mortales desde enero es de 10,2 años, un año más que los vehículos siniestrados en 2013. Y es que el parque automovilístico comienza a estar peligrosamente anticuado, pues los vehículos no están dotados de elementos técnicos que pueden contribuir a evitar el siniestro.

Carreteras convencionales

En cuanto al tipo de vía, son las carreteras convencionales las que concentran mayor número de casos, hasta un 80 por ciento, muy por delante de las vías de gran capacidad como son las autovías y autopistas, mucho más seguras.

Los tramos de edad de las víctimas mortales también arroja datos significativos. El único tramo en el que crecieron en 2013 es el que va de los 65 a los 74 años, que aumentaron un 9 por ciento. Curiosamente estas personas tienen que pasar revisiones médicas cada cinco años y no cada dos como sucedía hasta ahora.

Finalmente, está el debate de la velocidad, que es visto por los expertos como un riesgo transversal que agrava de forma notable el resto de factores. Es evidente que a más velocidad hay más posibilidades de que una distracción acabe en accidente, o que una mala carretera lo provoque, o que un reventón de un neumático acabe en tragedia.