Seis fugas fallidas para «Spiderman»
El preso marroquí, en uno de sus intentos de fuga. «Las grabaciones nos dejaron mudos», confiesan en Prisiones - abc
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Seis fugas fallidas para «Spiderman»

Un preso marroquí es el más escurridizo de las cárceles españolas. Trepa por muros de 6 metros. Lo equiparan a un felino

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Ni ganzúas ni cuerdas ni escaleras. Solo con sus manos y sus pies, con su extraordinaria agilidad gatuna, Mohamed B. ha puesto a prueba en los últimos seis años la seguridad de las cárceles españolas. Seis veces ha intentado saltar a la libertad sin ayuda de nadie. Lo logró la primera vez, en 2008; el resto ha ganado la prisión, pero sus increíbles «hazañas» corren de boca en boca. Sin traje de superhéroe ni telas de araña de las que ayudarse, se le ha bautizado como «el Spiderman de las cárceles». Su historial no tiene parangón en la memoria penitenciaria.

Mohamed es marroquí, tiene 24 años y cumple una condena de siete en nuestro país por robos con escalo, es decir, por trepar por fachadas y paredes para conseguir su botín. Está en situación irregular, sin papeles, una de las razones que posiblemente le mueva a intentar escapar una y otra vez. «Sabe que será expulsado y quiere evitarlo a cualquier precio», señala un responsable de Instituciones Penitenciarias.

No es un tipo violento, no ha protagonizado incidentes ni con funcionarios ni con otros presos; está adaptado a la rutinaria y tasada vida entre rejas, tiene una inteligencia más que notable, pero su único runrún es cómo saltar los infranqueables muros del centro en el que esté en ese momento.

Pisó la cárcel por primera vez en diciembre de 2008. Lo encerraron en la de El Acebuche (Almería) y al día siguiente de entrar consiguió fugarse. La semana anterior se había encaramado a las fachadas de la jefatura provincial de Correos y a una oficina de Caja Murcia para robarlas. Desde el patio de la prisión subió a una cornisa, de allí alcanzó el tejado a unos seis metros, recorrió un recinto de quince a la carrera y sorteó otro muro de hormigón de siete metros y la alambrada exterior. Todo en unos minutos. Era domingo, día de visitas, y aprovechó además el cambio de turno de la vigilancia de Guardia Civil.

Al año siguiente lo apresaron y volvieron a encerrarlo. En marzo de 2010, en el centro penitenciario de Huelva lo intentó por segunda vez, copiándose a sí mismo, pero sin conseguirlo. Fue detectado antes de escapar. Seis meses después, cuando lo trasladaron a un comparecencia en el Juzgado de Almería a punto estuvo de nuevo de fugarse burlando la vigilancia de los agentes. Lo sorprendieron a tiempo.

Mohamed fue condenado y trasladado de nuevo a otro centro, esta vez a la cárcel de Córdoba. Allí protagonizó en diciembre de 2013, de nuevo en domingo y valiéndose de sus «superpoderes» trepadores, la cuarta tentativa de evasión. «Nunca hemos visto un caso igual. Las grabaciones de sus intentos nos dejaron mudos. Es un felino, pero más ágil que el animal e infinitamente más inteligente», explica el subdirector general de la Inspección Penitenciaria, que ha pasado toda su vida rodeado de presos y ha dirigido algunos de los centros emblemáticos, como la legendaria Carabanchel o el santuario etarra de Herrera de la Mancha, en las épocas de acero. El 22 de enero de este año, al poco de ser conducido a la prisión coruñesa de Teixeiro, ya le había tomado las medidas. Quinto intento de evasión frustrado. Ni es peligroso ni violento, pero está clasificado en primer grado como los etarras más sanguinarios o los capos de crimen organizado. Es la única forma de ponerle freno al escalador.

El 13 de abril, después de su enésimo traslado, esta vez A Lama, en Pontevedra, aprovechó otro domingo de visitas de familiares para poner en práctica su habilidad e inteligencia. Saltó 6 metros de muro de hormigón del patio coronado por varios rollos de concertina, accedió al segundo recinto, lo atravesó, saltó otras dos vallas de siete metros de altura de hormigón liso y la concertina que hay entre ellas. Entre los alambres, se fue dejando jirones de ropa y perdió las zapatillas. Ahí lograron cogerlo antes de acceder al exterior, cuando saltaron los sensores electrónicos de vigilancia...