La sociedad civil catalana pierde el miedo y combate el desafío de Mas
Presentación de SCC en Barcelona. De izquierda a derecha, Josep Ramón Bosch, Susana Beltrán, Isabel Porcel, Josep Rosiñol y Joaquim Coll - abc

La sociedad civil catalana pierde el miedo y combate el desafío de Mas

Una plataforma financiada por empresarios saldrá a la calle en Sant Jordi y en la Diada para expresar su rechazo a la independencia

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Son catalanohablantes. Empresarios, juristas, profesores, sociólogos... Algunos nacieron en el corazón de la Cataluña más soberanista, como Manresa o Santpedor -el pueblo del exentrenador del Barça Josep Guardiola- y se han propuesto demostrar que la denominada «mayoría silenciosa» no solo habla, sino que además saldrá a la calle en fiestas señaladas como Sant Jordi o la Diada del 11 de septiembre, para plantar cara al proceso independentista liderado por el presidente Artur Mas.

Todos ellos forman parte de Sociedad Civil Catalana (SCC), una plataforma transversal y apolítica formada por profesionales liberales que han decidido dar un paso adelante y movilizarse en favor de una «Cataluña abierta en una España de todos». Así lo expresan en su manifiesto fundacional en el que pretenden demostrar que es perfectamente compatible «amar a España y amar a Cataluña», explica a ABC el empresario Josep Ramon Bosch, uno de sus portavoces provisionales. Porque SCC se presentará oficialmente el próximo 23 de abril, festividad de Sant Jordi, en un acto que tendrá lugar en el Teatro Victoria de Barcelona.

Un millón de personas

De esta forma arrancará una serie de manifestaciones ciudadanas que incluirán el 24 de junio, Sant Joan; el 11 de septiembre, Diada de Cataluña; el 12 de octubre, día de la Hispanidad, y el 6 de diciembre, día de la Constitución. SCC, según su portavoz, tiene una capacidad para movilizar a un millón de personas. Su asamblea de fundadores está formada por 45 personas y el manifiesto ya cuenta con más de 1.600 adhesiones.

Bosch, fundador de Somatemps -otra entidad en contra del separatismo-, explica que, hace cuatro meses, representantes de diversas asociaciones que coinciden en el rechazo a la ruptura con España decidieron unirse en una plataforma apolítica para «hacer frente a la depresión colectiva que ha generado la falta de respuesta del Gobierno al proceso secesionista de Mas». Un proceso en el que, lamenta, ha cuajado la idea de que «España nos roba» debido a la acción de lo que él llama la «burrete mediática», en alusión a los medios de comunicación subvencionados por el Ejecutivo autonómico (los nacionalistas llaman a la prensa española «brunete mediática»). SCC cuenta con el apoyo «moral y económico» de empresarios catalanes. Bosch asegura que no es tarde para neutralizar un movimiento independentista «que no es mayoritario y que ha sido creado de forma artificial. Podemos darle la vuelta».

José Domingo, presidente de Impulso Ciudadano, destaca el carácter transversal y apolítico de SCC. Él mismo fue diputado de Ciutadans, pero forman parte asimismo de la nueva plataforma personas afines a PSC, PP, UDC o ICV. Asimismo, valora la presencia de «entidades y caras nuevas», pues en Sociedad Civil Catalana hay representantes de veteranas asociaciones que han luchado contra el nacionalismo como Asociación por la Tolerancia.

Para Javier Barraycoa, que también cofundó Somatemps, SCC «era una necesidad imperante en Cataluña, donde, hasta ahora, el nacionalismo había impuesto un discurso único y donde las subvenciones tenían calladas muchas bocas y compradas muchas voluntades».

Considera asimismo que «hay una parte de esta sociedad que debía emerger y ahora lo esta haciendo». También alude a la pluralidad de sus miembros, que «provienen de todo el espectro político, desde la derecha a la izquierda. Hay profesionales, profesores universitarios, autónomos, trabajadores sencillos, jubilados... Castellanohablantes y catalanohablantes. Es una representación de la verdadera pluralidad que existe en Cataluña».

En su caso decidió «dar un paso adelante, pues el nacionalismo, transformado masivamente en secesionismo, ha cruzado una línea roja. Los niveles de manipulación, adoctrinamiento, mentiras y humillaciones hacia los que no somos nacionalistas, han llegado a niveles insoportables. No estoy dispuesto, como tantos catalanes, a sentirme extranjero en mi propia tierra. Nadie nos va a imponer su cosmovisión cerrada y alienante. Los grandes movimientos empiezan con pequeños pasos, pero firmes».