Aniversario del 11-M: España sigue en la diana del terror yihadista diez años después
Las víctimas, unidas en un homenaje celebrado ayer - isabel permuy
diez años

Aniversario del 11-M: España sigue en la diana del terror yihadista diez años después

La matanza de Madrid obligó a cambios en una estrategia antiterrorista muy eficaz contra ETA, pero que debía enfrentrarse a un enemigo «invisible»

j. pagola
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Diez años después de la matanza en los trenes de Madrid, España sigue siendo objetivo del terrorismo islamista, aunque ni más ni menos que otros países occidentales. Así, se mantiene la alerta permanente y se trabaja en la investigación preventiva. No obstante, el regreso a nuestro país de los islamistas que en su día marcharon a Siria para combatir al régimen de Bashar al-Asad desde las filas de Al Qaida, y la proliferación de web que llaman a la yihad, constituyen nuevos elementos de riesgo.

El 11-M marcó la vida de muchos ciudadanos, más allá de los allegados de las 192 víctimas mortales, pero también dejó secuelas en el enfoque global del terrorismo y la estrategia para combatirlo. Muchos de los agentes que lucharon contra ETA, ahora en vías de ser derrotada, han sido destinados gradualmente a investigaciones relacionadas con el yihadismo, la mayor amenaza para la seguridad de los países occidentales.

El final de ETA

11-marzo-2004. En torno a las 10 de la mañana. Tras el estruendo de las bombas, el dirigente batasuno Arnaldo Otegi, muy nervioso, llamó a su contacto. «¿Esto es nuestro?». «No», le respondió con rotundidad el representante de ETA. Y el entonces portavoz de la ilegal Batasuna se apresuró a negar a los cuatro vientos la autoría de la banda. Conscientes de la repulsa frontal de aquel holocausto yihadista Otegi se preguntó qué estragos políticos para la «izquierda abertzale» provocaría ETA con un atentado de semejantes proporciones. En años anteriores, la banda ya había intentado introducir «caravanas de la muerte» en España.

Por ello, tras la salvajada de la T-4, en diciembre de 2006, Otegi, de nuevo, cogió el teléfono. Supo que detrás de la explosión del coche bomba estaban los hombres de «Txeroki». Montó en cólera porque había depositado toda su confianza en el «proceso de paz» para que Batasuna fuera de nuevo legalizada. A partir de ahí, comenzó un proceso para que ETA abandonara definitivamente la violencia.

Células yihadistas

La matanza de los trenes abrió los ojos de muchos escépticos e irresponsables. Las Fuerzas de Seguridad del Estado habían llevado a cabo años atrás importantes operativos contra el terrorismo de corte yihadista que, sin duda, evitaron muchas muertes. Pero en demasiadas ocasiones su eficacia no tuvo reflejo en sede judicial. Las células no disponen de una estructura organizada y muchas fueron desmanteladas cuando tenían planes de atentar, pero aún no habían recibido el material explosivo.

«En no pocas ocasiones hemos tenido que desencadenar un operativo porque había fundados indicios de que iban a hacer una masacre de manera inminente. Estaban a punto pero aún no habían recibido un gramo de explosivo. Fue difícil acusarles», subrayan fuentes antiterroristas. Algunos hicieron burlas y chanzas de investigaciones que quedaron truncadas. Tras el 11-M, ni el más irresponsable dudaría en circunstancias semejantes.

Jueces y fiscales

La amenaza del terrorismo islamista ha requerido una mayor especialización de los jueces y fiscales de la Audiencia Nacional. La experiencia acumulada durante muchos años en la lucha contra ETA no es suficiente para combatir a los yihadistas que quieren atentar en España. Si un etarra es detenido en el momento en que se dispone a organizar un nuevo «comando Donosti», que aún carece de armas y estructura, podría ser acusado como mínimo de pertenencia a banda armada. En el caso del yihadista, sobre todo si resulta ser un «lobo solitario», es más complicado. Orgánicamente no pertenecen a Al Qaida o sus franquicias.

Siria, viaje con billete de vuelta

Expertos antiterroristas calculan que una veintena de individuos residentes en España se han desplazado a Siria para combatir en las filas de Al Qaida o sus franquicias contra el régimen de Bashar al-Asad. Preocupa el regreso de muchos de ellos, los que no se inmolen o mueran en combate porque lo harían más radicalizados si cabe, y con el propósito de poner en práctica lo aprendido en su «guerra santa». Tienen su base principal en Ceuta y la frontera marroquí.

Reclutamiento vía web

A todo ello cabe sumar la proliferación de páginas web desde las que se enaltece el yihadismo y se hacen llamamientos para llevarlo a la práctica. Y preocupa más aún que el proselitismo que se realiza en mezquitas o comunidades musulmanas inspiradas por la corriente salafista. Porque desde estas páginas también se recluta. No es difícil captar a quien está enganchado horas y horas a imágenes desde las que se predica la yihad y se declara la «guerra» al «infiel».