Rajoy defiende a la Guardia Civil frente a los ataques del PSOE
Mariano Rajoy, ayer, en el Senado - efe

Rajoy defiende a la Guardia Civil frente a los ataques del PSOE

La Comisión Europea pide información sobre la actuación de los agentes en Tarajal

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El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, se pronunció ayer por primera vez sobre las críticas a la Guardia Civil sobre su actuación en las vallas de Melilla y Ceuta ante la avalancha de inmigrantes. La respuesta de Rajoy se produjo en la sesión de control al Gobierno en el Senado, tras ser interpelado por el portavoz socialista, Marcelino Iglesias, que llegó a afirmar que los 15 inmigrantes «han muerto tiroteados en el mar».

Rajoy, visiblemente molesto, le contestó recordando las declaraciones realizadas en 2005 por el entonces ministro del Interior, José Antonio Alonso: «Le respondo utilizando las palabras que en el año 2005, cuando se produjeron noventa y cuatro heridos y dos personas murieron en la valla de Ceuta, se dijeron en el Congreso de los Diputados por parte de un ilustre representante del partido en que usted milita. Son las siguientes: Hay un dicho callejero que se utiliza mucho en Méjico, y es que cuando en este país hay algún sospechoso es la Policía. Pues bien, parece que en estos últimos tiempos hay determinados sectores que quieren hacer a la Guardia Civil sospechosa de no sé qué comportamientos y yo me niego totalmente porque la sospecha es la duda...».

El ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, tildó de «indigno» al PSOE por sus «calumnias» a la Benemérita que «desfiguran» los hechos acaecidos el pasado 6 de febrero en la playa ceutí del Tarajal.

El ministro del Interior afirmó que su departamento está «estudiando una posible reforma» de la normativa de inmigración porque «la ley de Extranjería está pensada para unos supuestos que en Ceuta y Melilla no se dan». Abogó por dotar a la Guardia Civil de una «normativa jurídica» que le permita cumplir con su obligación de «impermeabilizar» las fronteras.

Minuto de silencio

En otro escenario político, el Congreso de los Diputados, la tragedia de Ceuta y sus consecuencias también fue fuente protagonista de controversia al tiempo que se recordó a sus víctimas con un minuto de silencio en señal de duelo. En los pasillos de la Cámara, el portavoz del PP, Alfonso Alonso, no perdió oportunidad de hacer una cerrada defensa de la Guardia Civil, que -recordó- sólo en 2013 salvó más de 3.000 vidas en las costas de máxima presión inmigratoria.

Alonso fue rotundo a la hora de lamentar las palabras de Alfredo Pérez Rubalcaba, que por la mañana tachó de «imposible de defender» la actitud de la Benemérita por lanzar pelotas de goma al agua la madrugada del 6 de febrero que, a su juicio, «podían haber causado que 15 personas perdieran la vida».

Los hechos de Ceuta también obtuvo ayer respuesta desde la Comisión Europea donde su titular de Interior, Cecilia Malmström, envió ayer por fin la carta al Gobierno español pidiendo información, un paso ya inevitable después de su polémico mensaje en Twitter del fin de semana anunciándolo.

Teniendo en cuenta que la anterior intervención de la comisaria en este asunto fue su polémica puesta en duda del uso de las cuchillas en la valla de Melilla -posteriormente reconocidas como legales por la propia Comisión- en esta ocasión la comisaria ha mezclado los elogios porque el ministerio del Interior haya abierto una investigación, pero al mismo tiempo insiste en subrayar su «seria preocupación sobre la manera en la que la Guardia Civil actuó en Ceuta el pasado 6 de febrero».

La comisaria le dice al ministro del Interior que «en lo que se refiere al uso de la fuerza, le ruego que me haga llegar explicaciones relativas al uso de balas de goma durante esa operación de vigilancia en la frontera, la justificación para su uso y sus posibles consecuencias».

La comisaria recuerda que los estados tienen la responsabilidad sobre la vigilancia de las fronteras externas «lo que debe llevarse de manera que evite o disuada» la entrada de forma ilegal en territorio europeo, pero teniendo en cuenta que debe hacerse de forma «proporcionada al objetivo perseguido».