Sortu acusaba a Zulueta de silenciar a los etarras «débiles» y de «querer atentados»
Arantza Zulueta al salri del despacho de Goioaga para el registro - telepress

Sortu acusaba a Zulueta de silenciar a los etarras «débiles» y de «querer atentados»

Reclusos de ETA le criticaban por impedir salidas individuales, según la investigación

Actualizado:

Cuando Arantza Zulueta daba instrucciones a los presos y a sus familiares, «todos sabían que era ETA la que hablaba». Esta es uno de las conclusiones a las que llega la Guardia Civil tras el análisis de la amplia documentación incautada a Herrira, y que ahora ha conducido al descabezamiento del «frente de cárceles».

Las declaraciones de algunos presos de la banda, a las que ha tenido acceso ABC, revelan que la abogada detenida nuevamente actuaba como una auténtica «carcelera» para evitar a toda costa que los reclusos más «débiles» de la banda rompieran la disciplina de ETA y optaran por salidas individuales. Incluso, sostenían que ella optaba por «volever a los atentados».

Los ocho integrantes de Koordinazioa Taldea» —«KT»— arrestados el miércoles, con Arantza Zulueta a la cabeza, se distribuían las cárceles de España y Francia, incluso alguna del Reino Unido, para visitar periódicamente a los presos de ETA y transmitirles las consignas de la dirección. Cada centro penitenciario tiene un «delegado» que representa a los etarras allí recluidos. No solo para recibir las órdenes de la banda, sino también para entrevistarse con los responsables penitenciarios y plantearles demandas, además de organizar los presuntos ayunnos.

Por lo general, los siniestros «embajadores» del «KT» se entrevistaban con estos delegados y les entregaban consignas ocultas en «canutillos» de papel protegido en plástico y enrrollado en pequeñas porciones para ser ocultados fácilmente. Las órdenes son asumidas con disciplina por el colectivo, pero después muchos de los presos, supuestamente integrados en el sector duro, se desahogan con sus compañeros. Pero se ha podido comprobar que la organización criminal dispone de chivatos en las cárceles porque muchas de estas conversaciones llegaban después a los ficheros del «frente de cárceles» de ETA.

Los presos «valen cero»

En una de estas conversaciones, encontrada en poder de Herrira, un preso de la banda arremetía duramente contra el papel que Arantza Zulueta ha venido ejerciendo en la dirección de «Koordinazioa Taldea». «Tengo claro que a algunos no les importa la situación de los presos, o los sentimientos, etc. Y que no buscan más que hacer esa dirección según sus intereses». De acuerdo con los medios de la lucha antiterrorista consultados, este reo no hacía sino expresar de esta manera su queja porque Zulueta, en lugar de velar por los reclusos y asesorarles acerca de cómo pueden solicitar beneficios penitenciarios por los cauces legales, actuaba como «carcelera».

Los agentes de la Guardia Civil, en el transcurso de las investigaciones, han detectado una pugna «fratricida», sostenida en el tiempo, entre Arantza Zulueta y representantes del sector más posibilista de la «izquierda abertzale», según se acredita en documentación intervenida, y que ha posibilitado tirar del hilo hasta llegar este miércoles al «ovillo» del despacho de la letrada etarra. Algunos dirigentes de Batasuna-Sortu, agregan los investigadores, han acusado a esta abogada de maniobrar para romper la estrategia de la «izquierda abertzale» y «volver a la época de los atentados». Es decir, de intentar convertir en «papel mojado» la declaración de cese definitivo de la violencia anunciada por ETA el 20 de octubre de 2011.

Abogados que manipulan

«La presencia de los que han sido de Halboka —se quejaba otro preso en alusión a Zulueta cuando pertenecía a la estructura antecesora de «KT»—, y el hecho de que los abogados estén ahí distorsiona la imagen del grupo con recetas del pasado... Tengo muy claro que los que han estado chocando y no creen en la nueva línea estratégica —la vía política— no tienen sitio. Y en esto, sois vosotros quienes debéis tomar decisiones concretas».

El recluso alude claramente a recetas del pasado —coche bomba, tiro en la nuca...— y no tiene reparo en afirmar que Zulueta y Jon Enparantza, que también pertenecía a la estructura Halboka, no se ajustan a la vía exclusivamente política emprendida por la «izquierda abertzale». Lo que ocurre es que después este preso –como la mayoría– calla y obedece las órdenes de la «carcelera».

El Servicio de Información de la Guardia Civil tiene pruebas de que Arantza Zulueta ha venido controlando, con la colaboración de sus siete «lugartenientes», el proceso que desembocó el pasado 28 de diciembre en el comunicado del «colectivo de presos políticos vascos». Todo ello, para que la declaración no se desviara un milímetro de las directrices de los cabecillas de ETA. Precisamente, dos de ellos, que integran el actual «zuba», David Pla e Iratxe Sorzábal, han coincidido hace años en el «frente de cárceles» y mantienen estrecha relación. Los investigadores aseguran que de hecho los presos se enteraron por la prensa del comunicado que presuntamente suscribieron. La redacción corrió a cargo de la letrada y sus colaboradores. Después, la dirección en Francia dio luz verde. Ese comunicado vino a ser el punto de salida de una nueva «hoja de ruta», trazada por Zulueta y la dirección de la banda, con la pretensión de plantear al Gobierno una negociación para una «amnistía a plazos». A la letrada se le atribuye en fuentes de la investigación su diseño, que contempla una salida escalonada, prevista de tal forma que el último preso debería quedar en libertad en un plazo no superior a 7 años.

Zulueta, ya en Madrid

La Guardia Civil, asimismo, ha constatado que tras el cese de la actividad terrorista, de todo el conglomerado de la «izquierda abertzale», el denominado «colectivo de presos» es el que ha mantenido en sus declaraciones una línea más dura. Zulueta fue trasladada a primeras horas de la tarde de ayer a Madrid, donde ya se encontraban los otros detenidos. Probablemente sean puestos a disposición del magistrado Eloy Velasco mañana sábado. Parte del material incautado, sobre todo los pen drives y las tarjetas de memoria, se hallaban bien escondidos.