Solo diez de las 48 asesinadas denunciaron

La cifra de víctimas mortales por violencia machista se iguala a la de 2012, con cuatro casos aún abiertos; únicamente tres estaban protegidas

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Raquel fue la primera mujer asesinada por su expareja en 2013; Isabel, la última. Raquel tenía 33 años y dos hijos de 7 y 11; Isabel, de 45 años, ninguno. Ambas eran españolas, igual que sus asesinos. Ninguna había denunciado a estos individuos, pese a que el excompañero de Raquel llevaba meses amenazándola a través de su móvil y acosándola y el novio de Isabel (solo estuvieron juntos cuatro meses) había estado en prisión por agredir sexualmente y amenazar a su anterior pareja. «Ya se cansará. Es el padre de mi hijo», respondía Raquel a quienes le pedían que denunciara a José María M. ante sus persistentes intimidaciones. Entre estos dos crímenes otras 50 mujeres fueron asesinadas por sus parejas o exparejas en 2013, según las cifras de la Delegación del Gobierno para la Violencia de Género.

Cuatro de los casos, ocurridos en Orense, Asturias, Zamora y Zaragoza, están aún en investigación, pero se da por seguro, según las fuentes consultadas, que al cierre de las pesquisas acabarán considerándose violencia machista. Esa que sigue matando a mujeres y dejando niños huérfanos y cuyo cómplice ideal es el silencio.

Pese a que la cifra de asesinatos es la menor de la última década (igualada a la de 2012), continúa evidenciando las fallas de las medidas y el oscuro manto en torno al maltrato. «Queda mucho por hacer», se admite en los documentos oficiales del Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Las estadísticas marcan algunas de esas tareas pendientes y permiten radiografiar con bastante exactitud la evolución.

El silencio de las extranjeras

Ni las campañas ni los esfuerzos empleados han logrado aumentar la cifra de denuncias en los casos más graves, que permanece estancada. Solo el 20,8 por ciento de las 48 mujeres muertas el año pasado (como se ha dicho, cuatro casos están aún pendientes de confirmación) denunciaron a su agresor, y una de ellas retiró esa denuncia. El año anterior esa cifra fue del 19,2 por ciento. Encontramos, por tanto, que solo una de cada cinco víctimas mortales fue consciente de que su vida estaba en peligro o se atrevió a dar el paso que podría haber salvado su vida.

En el caso de las extranjeras ese silencio se dispara. De las once mujeres de distintos países (europeas, suramericanas, africanas y asiáticas) a las que mató su pareja, solo una, la marroquí Ilham, había acudido a contar que era maltratada. Denunció tres veces a su marido por violencia de género en el pueblo de Lérida donde trabajaban y vivían, pero retiró después las denuncias. Su marido, también marroquí, la mató a hachazos el 30 de abril, delante de las dos hijas, de uno y seis años, del matrimonio, y con la misma arma acabó con la vida de otro compatriota, obsesionado con que era el amante de su mujer (algo que negó todo el entorno). Ilham tenía 26 años.

Aunque hay casi 64.000 mujeres protegidas de una u otra forma para evitar que las ataque su pareja o expareja –16.000 con protección policial– según datos del Ministerio del Interior, solo tres de las asesinadas el año pasado tenían una orden de protección en vigor cuando el asesino actuó. La cifra vuelve a evidenciar que muchos de los casos más graves no se conocen y, por tanto, es imposible prevenirlos. A finales de noviembre, estaban activos 734 dispositivos electrónicos, los llamados brazaletes, para vigilar a maltratadores por orden judicial.

Uno de los cuatro casos del año pasado que sigue en investigación es el de María Fátima, de 52 años. Su marido la mató en Verín (Orense) el 13 de septiembre, el mismo día que la mujer regresó para hacerse unas pruebas médicas. Se había refugiado con sus hijos en Barcelona, dos días después de que se dictara una orden de alejamiento contra él en agosto cuando intentó estrangularla. La mujer avisó de que se marchaba, pero no de que iba a volver, de manera que no se activó la protección que se le había concedido.

Casi el 60 por ciento de las asesinadas el año pasado tenían entre 21 y 40 años y en más de la mitad de los casos quien las mató aún era su pareja. El 43 por ciento restante eran exparejas o estaban en fase de ruptura, uno de los momentos más delicados, ante el que los expertos insisten una y otra vez en que la mujer maltratada debe extremar la alerta. El maltratador intenta que su objeto, su posesión, no escape (a 30 de noviembre 5.573 internos cumplían condena en centros penitenciarios por delitos de violencia de género). Esta es a grandes rasgos la radiografía de las muertes que provoca la violencia machista. Las esperanzas están depositadas ahora en la Estrategia Nacional para erradicar esta violencia, un plan hasta 2016 con un mensaje claro: «Hay salida».