Interpol mantiene a Antonio Anglés entre los delincuentes más buscados del mundo
Miguel Ricart mira desafiante a las cámaras tras su puesta en libertad - m. cieza

Interpol mantiene a Antonio Anglés entre los delincuentes más buscados del mundo

La mayoría de los investigadores creen que murió en aguas de Irlanda tras ser detectado como polizón en el «City of Plymouth»

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La salida de prisión de Miguel Ricart hace que ya nadie esté pagando uno de los crímenes más horribles de la historia criminal de España: el secuestro, violación, torturas y asesinato de Miriam, Toñi y Desirée, las tres niñas de Alcàsser. Y ello porque su compinche, Antonio Anglés Martins, sigue en paradero desconocido, aunque los investigadores que más intensamente siguieron su pista creen que murió en aguas irlandesas, poco después de ser descubierto como polizón en el City of Plymouth. Algunos creen que murió ahogado, bien porque intentara escapar o porque directamente fuera arrogado por la borda por la tripulación. Sin embargo, nada se ha podido demostrar sobre su paradero desde el momento en que fue detectado en el buque.

No hay pruebas de que esté vivo, pero tampoco de que haya muerto. Su fotografía sigue figurando en la web de Interpol como uno de los delincuentes más peligrosos y buscados del mundo. El símbolo rojo que figura junto a su nombre y su número de ficha, la 1993/9069. Si fuera detenido en cualquier parte del mundo y se le tomaran huellas, saltaría de inmediato en el ordenador. Pero nadie confía en ello.

Mientras, su compañero Miguel Ricart pasa sus primeras horas en libertad. Tras salir de la prisión de Herrera de La Mancha, en Ciudad Real, con el rostro cubierto y varias prendas de abrigo bajo la cazadora para disimular su verdadero aspecto, se dirigió en taxi a la estación de tren, perseguido por una nube de periodistas. Estuvo un buen rato esperando el convoy en el andén, completamente solo. Le hubiese gustado pasar inadvertido pero su apenas metro y medio de estatura, su decisión de taparse la cara y su llamativa cazadora le delataban. Varios guardias civiles le «protegían» de los periodistas.

No le va a ser fácil vivir en el exterior. No tiene ni trabajo ni una familia que lo espere. Cobrará una pensión de poco más de 400 euros durante año y medio como máximo y luego tendrá que buscarse la vida. Parece muy difícil que encuentre trabajo y su pronóstico de reincidencia es alto. El recuerdo de las niñas de Alcàsser le perseguirá siempre. Lo sabe. Como sostienen los expertos consultados por ABC «estaba mejor entre rejas, donde al menos tenía una vida normalizada y garantizadas sus necesidades básicas. Empezar de cero a estas alturas para tipos como él es casi imposible».